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Lo que no se ve

Publicado el 06 julio 2013 por Despiram @FrikArteWeb

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Lo que no se ve


Sandra Jiménez Duarte 6 julio, 2013 0

No hace mucho tiempo, uno de los grandes de la nueva oleada del sector del videojuego en Andalucía me dijo personalmente que para él había muchísimas otras cosas con mayor importancia que el videojuego en su vida, y que si su proyecto fracasaba, no tenía mayor problema en hacer borrón y cuenta nueva. Curiosa reacción. La pregunta es, ¿Qué ocurre con toda esa gente que trabaja en tu idea a cambio de nada? En el reportaje de hoy quiero hacer una excursión subacuática con los voluntarios que quieran ver qué hay bajo esa punta reluciente del iceberg novato que es el videojuego en este país.

El videojuego en España, y de manera más específica en Andalucía, está incrementando su importancia. La explosión del videojuego ha sido más parecida a una saga comercial de libros que a un mercado y tejido empresarial consolidado, como sería recomendable. Hemos pasado de cero a cien en poco tiempo, motivo de mofa para otros puntos del país. De la nada se ha llegado a un universo en el que trabajar en el sector del videojuego es de lo más normal.

Creo poder afirmar que para todas esas personas que hemos sentido una conexión más o menos cercana con el videojuego a lo largo de nuestra vida es de agradecer que se vea ahora como una profesión seria. Pero se escapan detalles, como en todos los campos. Detalles que cara al público pasan desapercibidos, pero que conforman el día a día de una realidad que hacen que este sector del videojuego en ciernes no sea mejor que cualquier otro de los muchos sectores  viciados y politizados que conforman el tejido empresarial español.

El videojuego cuenta con el apoyo y el cariño de muchas personas, aficionados y profesionales (en los cuales me incluyo), que buscan cambiar la visión y la mala fama que lo rodea. Tal es la fuerza de este deseo que se convierten en una mano de obra necesaria para esos “visionarios españoles” que encuentran una oportunidad de negocio allá donde van y cuyo único motor es el dinero o el prestigio público.  Ávidos e inteligentes (no se les puede negar estos calificativos a aquellos “visionarios” que han fomentado el sector en zonas poco propensas a ello), se rodearon de incondicionales que han materializado, poco a poco, su idea; que se han llevado la satisfacción de creer que son parte de un gran proyecto, y la realidad de no ser más que mano de obra gratis y anónima.

La triste realidad es que no es diferente de cualquier otro tejido empresarial en este país, liderado por nombres propios y cargos de élite que disfrutan de su posición gracias a un curioso cóctel de “mucho amor propio”, “poca vergüenza”, un poco de “oportunismo” de garrafón y una rodaja de esa curiosa habilidad de “estar en el sitio idóneo en el momento más indicado” (también sirve aparentar que la tienes).

No nos engañemos, no es esta la forma de llevar las riendas. No está bien tener funcionando a cien por hora un equipo transparente detrás de unos hombros anchos y demasiado pagados de sí mismos que se llevan un mérito no trabajado; y lo que es más importante, no es justo que se tome como moneda de cambio un prestigio perecedero. Las bases de un mercado sano, como debería de ser este sector, se están sosteniendo en cimientos podridos y antiguos, como los que sostienen el resto de las grandes empresas que tan fácil encontramos de criticar hoy día. La oportunidad de hacerlo bien desde cero pasó, y hemos vuelto a caer en el “ayúdame a ayudarte”, en el querer sacar dinero sin ofrecer calidad a cambio, en las mentiras y en los engaños. Pero hay una diferencia: representan a una, hasta ahora, minoría mal vista. Y eso es capital humano más que suficiente para hacer funcionar el sector a marcha forzada, como de hecho se está haciendo.

Al principio del reportaje, os presentaba a un hombre y su visión empresarial. Sin duda, su posición es valiente, resolutiva. En definitiva aplaudo su capacidad de reposición, pero no justifico entonces la manipulación de un equipo entregado al 200% que trabajaba día y noche pensando que su recompensa llegaría más tarde o más temprano.

Como es de esperar, no llegó nunca.

[pinit]
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ETIQUETAS » denuncia, mercado, PortadaOK, Realidad, Reportaje, social, Videojuegos Escrito en » Reportajes, VIDEOJUEGOS

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