Revista Cine

Loco y Estúpido Amor

Publicado el 17 septiembre 2011 por Diezmartinez
Loco y Estúpido Amor
Cal (Steve Carell) sigue amando a su esposa Emily (Julianne Moore), aunque ésta lo abandonó por un compañero de trabajo, un tal David Lindhagen (Kevin Bacon en cameo extendido). El hijo adolescente de Cal y Emily, Robbie (Jonah Bobo), tiene sus propios problemas románticos: no puede vivir sin su larguirucha babysitter de 17 años Jessica (Analeigh Tipton) que, para cerrar el círculo, está enamorada del abandonado Cal.   Así pues, la frustración amorosa pasa de un lugar a otro como en versión americanizada del clásico La Ronda (Opüls, 1950), aunque la premisa central de Loco y Estúpido Amor (Crazy, Stupid, Love, EU, 2011) pertenece, más bien, a la venerable tradición de la remarriage comedy hollywoodense de los años 30. Curiosamente, los mejores momentos cómicos del filme no le pertenecen a la pareja matrimonial de Carell/Moore –ella es una gran actriz, pero está negada para la comedia-, sino a la pareja viril que forman Carell y el infalible Ryan Gosling, quien interpreta aquí a Jacob, un atractivo y exitoso conquistador de mujeres que toma como proyecto personal al deprimido Cal. Basta un cambio de ropa, un buen corte de cabello y una actitud diferente, y muy pronto el apacible amo-de-casa separado irá encamando mujer tras mujer, bajo la mirada aprobatoria de su vacio Cyrano particular quien, a su vez, cambiará su vida cuando se tope con la joven abogada en ciernes Hannah (Emma Stone, un descubrimiento para mí).    Loco y Estúpido Amor avanza, tropieza, se derrumba, se levanta y vuelve a caer en varias ocasiones en sus casi dos horas de duración. Tiene momentos fallidos  –el  episodio de slapstick que ocurre hacia el desenlace- y oportunidades perdidas -el mal uso que se hace de la siempre bienvenida Marisa Tomei-,  pero también es cierto que el guión escrito por Dan Fogelman no carece de buenas decisiones. Incluso, por más previsible que resulte el desenlace, debo confesar que no me esperaba cierta vuelta de tuerca que sucede hacia la última parte de la cinta, revelación que cambia la posición de poder entre Cal y Jacob irremediablemente.    Así pues, el segundo largometraje dirigido por Glenn Ficarra y John Requa (arriesgada pero muy menor comedia gay Una Pareja Dispareja/2009) tiene sus mejores momentos no en sus contados episodios slapstick que se terminan saliendo de control, sino en la capciosa descripción del éthos de sus dos personajes centrales, el cuarentón aplastado Cal y el soltero despreocupado Jacob. En este sentido, es imposible dejar de subrayar el impecable trabajo del consolidado Ryan Gosling: he aquí un actor profundamente honesto, incapaz de juzgar a su personaje o de interpretarlo a la distancia. El Jacob de Gosling no es una figura paródica: el tipo se cree –y es- el sueño de toda muchacha que no duda un segundo es llevárselo a la cama, con todo y su estómago de lavadero “fotoshopeado”. No es que el tipo sea vacío, sino que ha elegido ser así, para no ser lastimado. Por lo mismo, cuando el personaje cambia hacia el final del filme, le terminamos creyendo, aunque -sospecho- sea más por la actuación de Gosling que por el guión.

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