Francisco Morazán fue un militar y político nacido en Honduras, que soñó con ver toda Centroamérica como una sola nación, que luchó por ello, que murió fusilado en Costa Rica y que pidió ser enterrado en El Salvador, el país que más le apoyó siempre. Desde 1849 reposaba en el Cementerio de los Ilustres, en San Salvador.
Por otro lado, junto al Palacio Nacional, que fue rehabilitado, había un hotelito en el que se escribió el himno salvadoreño. Lo rehabilitaron también. La nueva dedicación de este pequeño pero hermoso edificio en el lugar más histórico del país era un misterio. ¿Un museo? Ahora se ha conocido: será el nuevo lugar de descanso de Francisco Morazán. Ahora cobra sentido el hecho de que el entorno del hotelito fuera convertido en el Jardín Centroamérica, con las banderas de las siete naciones. Porque ahí va a estar quien murió por la unidad centroamericana. Y en qué lugar. Los romanos hablaban del pomerium, el recinto sagrado de Roma. El centro histórico de San Salvador es el pomerium de El Salvador. Colocando ahí al adalid del sueño unificador centroamericano Bukele expresa que en el corazón de El Salvador habita también ese sueño. Bukele honra a los mejores del pasado de su patria igual que protege el presente y prepara el futuro.
