Esta vez ha sido culpa mía. No ha sido mi primo. No han sido mis cuñadas, ni mi suegra. No ha sido mi santo. No. No tengo a nadie a quien echarle las culpas, porque fui yo. Fui yo la que compró el juguetito de marras. Al Terro y a Susanita se les antojó un tarro de plástico lleno de bichos. Y la mamá chocha se los compró. Y después me olvidé de ellos hasta anoche. Después de cenar, subieron a sus dormitorios mientras yo recogía los platos de la cena. ¡Qué extrañamente callados están! - pensé, al subir la escalera. Me esperaban en el baño, cepillo de dientes en mano, con cara de no haber roto un plato en su vida. ¿Qué estarán tramando estos?- pensé, al verles intercambiar una mirada cómplice. Los acosté y, después de darles un beso de buenas noches, me fui a dar una ducha para embutirme en el pijama. Abro la ducha y, en el suelo, me encuentro una rana de plástico. ¡Ah! Por eso se miraban. Sonrío. Después de ducharme, en el cajón donde guardo mi ropa interior, encuentro una tortuga de plástico. Pongo los ojos en blanco. ¿Cuántos bichos habrán escondido en mi habitación? Lo sabía y, sin embargo, no pude evitar el grito al levantar la almohada, para coger mi pijama y encontrarme una serpiente negra bajo ella. Al otro lado del pasillo, mi grito fue coreado por carcajadas infantiles.Revista Diario
Esta vez ha sido culpa mía. No ha sido mi primo. No han sido mis cuñadas, ni mi suegra. No ha sido mi santo. No. No tengo a nadie a quien echarle las culpas, porque fui yo. Fui yo la que compró el juguetito de marras. Al Terro y a Susanita se les antojó un tarro de plástico lleno de bichos. Y la mamá chocha se los compró. Y después me olvidé de ellos hasta anoche. Después de cenar, subieron a sus dormitorios mientras yo recogía los platos de la cena. ¡Qué extrañamente callados están! - pensé, al subir la escalera. Me esperaban en el baño, cepillo de dientes en mano, con cara de no haber roto un plato en su vida. ¿Qué estarán tramando estos?- pensé, al verles intercambiar una mirada cómplice. Los acosté y, después de darles un beso de buenas noches, me fui a dar una ducha para embutirme en el pijama. Abro la ducha y, en el suelo, me encuentro una rana de plástico. ¡Ah! Por eso se miraban. Sonrío. Después de ducharme, en el cajón donde guardo mi ropa interior, encuentro una tortuga de plástico. Pongo los ojos en blanco. ¿Cuántos bichos habrán escondido en mi habitación? Lo sabía y, sin embargo, no pude evitar el grito al levantar la almohada, para coger mi pijama y encontrarme una serpiente negra bajo ella. Al otro lado del pasillo, mi grito fue coreado por carcajadas infantiles.
