Revista Cultura y Ocio

Los amores fáciles

Por Calvodemora
Hay libros que poseen títulos perfectos. No hay amores fáciles es uno de ellos. Lo vi hace pocos días, no sé dónde, la verdad. No recuerdo el autor, alguien me lo dirá ahora, ni la portada. Tampoco tengo un especial interés en leerlo. No porque tenga alguna razón para rechazarlo o para acogerlo. Tengo una montaña de libros que leer. Los tengo apilados en una balda. Les he puesto un orden. Cuando la miro, advierto que hay algo malo en esa costumbre de aplazar las cosas o en la de no tener ninguna certidumbre sobre si se podrá acometer lo acordado con uno mismo. De los planes que hago, con más o menos convicción, con mayor o menor vehemencia, cumplo una parte pequeña. Los otros, los que no obtuvieron el escrutinio favorable, los cubro con ahínco. No dejo que me torturen, no permito que se aparezcan de improviso y perturben mi sosiego. En realidad es eso a lo que aspiro, una especie de sosiego interior. No creo que haya felicidad más perdurable que ésa: la de saber que estás bien contigo y con el cosmos. He estado a punto de retirar la alusión al cosmos: siempre está el temor a que alguien piense en que copio a Coelho y deje de leerme de inmediato. Los prontuarios de éxito personal, los que se venden en los grandes almacenes, arrasan en ventas. Queremos recetas, buscamos bálsamos fáciles para alcanzar la felicidad o para encontrar el amor perfecto. Los amores fáciles duran días, menos a veces. Sirven como título estupendo o como slogan para un anuncio de colonia por el Día del Padre. Un amor fácil no acaba roto nunca. En todo caso, se fractura, le sobreviene un indisposición súbita, pero no entra en ese trance complicado de no saber si volverá a latir o si el latido, de producirse, tendrá un compás extraño, como una tos persistente en mitad de la noche. Vamos así, entre el amor fácil y el complejo, entre lo frívolo y lo solemne, sin saber en qué concentrarse, con qué entusiasmo acometer la irrupción de los dos, sin entender bien cómo trasegar con ellos y hacer que nos hieran poco o no lo hagan nunca.

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