Revista Insólito

Los cazainsociables de Villa Rabia

Publicado el 09 abril 2021 por Max Krapp @Dr_Krapp
Los cazainsociables de Villa RabiaCondujimos los dos Chevrolet Suburban por aquel deteriorado paisaje del Este de Misisipi. El Cinturón Negro está constituido por una interminable sucesión de praderas desoladas, punteadas aquí y allá por alguna cabaña sórdida o algún lejano rancho de pretencioso estilo colonial. Tierras pobres en el estado más pobre. Cinco millas atrás nos habíamos desviado por un camino angosto y pedregoso donde los vehículos levantaba a su paso una nube de polvo inextinguible. Era el camino recto hacia un camino cruel.
Tras subir una pequeña cuesta, todo terminó. Cesó el camino terroso, desaparecieron las torturantes piedras y hasta la nube de polvo dejó de atenazarnos la garganta. Teníamos delante una explanada de hierba y la hoz formada por los troncos de dos árboles chamuscados. A través de ella vislumbramos a lo lejos una solitaria casa de madera de tejado verde con unos mugrientos cuernos de bisonte coronando la entrada.
Apagamos los motores y salimos sigilosamente de los vehículos. Yo avancé unos pasos con el megáfono en la izquierda, la pistola en la derecha y escoltado por los fusiles de mis tres compañeros. De repente, abrió la puerta el viejo. Se puso a liar un cigarrillo sentado sobre un viejo tronco a pocos metros de nosotros. Nos lanzó una mirada fulgurante, como una centella y percibí el fugaz magnetismo del hombre entregado a sí mismo. Después de una calada y un soberbio escupitajo, se decidió a romper el silencio:
  • Caminan como lobos hambrientos, amigos. Deben de haber oteado una buena pieza. -había chulería en su voz.
  • Una pieza legendaria, señor...¿señor? -respondí mientras tiraba al suelo el inútil megáfono. 
  • Ahorrémonos presentaciones, ustedes ya conocerán mi seudónimo. En realidad lo conocen muchos. Lleva mucho tiempo en demasiadas bocas. El misántropo desconectado ¡Qué pesadez de mote! 
  • No debe ser fácil ser un mito viviente. 
  • Hasta hace un momento era un mito solitario y feliz, pero ustedes me han atrapado. Esto les va a hacer famosos en sus redes sociales. No todos los días se atrapa a un hombre que no usa smartphone, ni tiene ni cuenta ni correo en Internet. -sonaba sarcástico.
  • Puede seguir con su vida y su misantropía si le place, pero tenemos que tenerlo localizado y debe aceptar entrar en el sistema. Aunque sea de forma pasiva. 
  • ¿Pasiva? No me haga reír, todos son pasivos en el sistema. Menos los que enriquecen con él. --era ya contundente.
  • No vamos a discutirlo, piense lo que quiera, pero es necesario que acepte estar comunicado con sus semejantes. 
  • No tengo semejantes. Estoy fuera del rebaño. Soy un tipo libre y autosuficiente -soltó orgulloso.
  • Venga, sabe de sobra que eso ya no está permitido. Acepte este smartphone, cree una cuenta y lo dejaremos tranquilo. No nos obligue a usar la fuerza o llevarlo a un lugar donde no va a estar nada cómodo. 
  • ¿A dónde me llevarían? 
  • A Villa Rabia, por supuesto. Si estuviera conectado sabría que nos llaman, los cazainsociables de Villa Rabia. Lamentablemente, usted no es el único misántropo que no quiere estar conectado. 
  • ¿Hay otros? -dijo con cierta alarma.
  • Cientos como usted y tenemos que atraparlos uno a uno, como hacen los laceros con los perros vagabundos. 
  • ¿Y en esa villa están todos juntos?- se le notaba preocupado.
  • Todos juntos, uniformados de gris y viviendo en sana comunidad como en un convento, un  cuartel o un internado. Cada uno con su número bien visible en la pechera, porque al raparles el pelo son difíciles de identificar. Si queremos reeducarlos adecuadamente para ser útiles a la sociedad hay que saber quien es cada cual. 
  • No me acaba de convencer ese sitio -repuso en tono muy nervioso 
  • Coja este smartphone, abra una cuenta de correo y lo dejaremos en paz. 
  • Está bien. ¿Al menos tendrá WhatsApp y Wikipedia para estar informado? 
  • Por supuesto, no le quepa duda. 

Al retirarnos a los coches, les rogué a mis compañeros que bajasen sus fusiles de juguete ya que no eran necesarios. Tampoco pude esconderles mis dudas. 

  • Tengo la impresión de que esta campaña de venta es un poco violenta.

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