Unos guiris de una agencia de contactos se han metido en un jardín de los buenos. Como aquellas publicidades de Bennetton tan polémicas (¿se acuerdan?), han echado a caminar una campaña en la que han puesto a Juan Carlos el Borbón en plena Gran Vía sugiriendo que si hubiera acudido a la citada agencia casamentera otro gallo la habría cantado.
Los guiris destaparon la caja de los truenos, o mentaron la soga en casa del ahorcado. ¿Cómo van a decir esto, lo de la cornamenta real, en esta nuestra comunidad española sin atentar contra nuestro amor más propio de, como se autodenominan los bobalicones monárquicos, “juancarlistas”?
Pero ¿es que alguien en este país aún puede pensar que ese señor es un santo del cielo? ¿que ama a su mujer por encima de todas las cosas (que igual sí ojo, pero que también puede que no, como le pasó a la hija con aquel alto que siempre iba todo elegante como si viniera de la procesión), que vive en la más absoluta humildad, y que no mira ni ha mirado jamás a ninguna otra mujer que se le acerque?
¿Por qué no se puede poner en duda su honorabilidad matrimonial como la de cualquier otro español sin que salga un babieca rasgándose las vestiduras?
¿Es que en España aún estamos en la edad media? Pues sí, aún estamos: el cartelito de marras, que no decía nada (hacía una pregunta retórica) sólo duró unas horas. Y mira que les habrá salido una pasta ponerlo, pero cuando lo vieron en la capital a más de uno le dio la cagalera y mandó a descolgarlo.
Señoras y señores, Juan Carlos, y su estirpe también eructan, sus defecaciones huelen igual o peor que la de cualquier otro hijo de vecino y si no les cuadra su parienta levantan el teléfono para que le traigan a otra u a otro, que para eso son reales…
y los simples pensando que además de rey es fiel a su mujer. Como dice un amigo mío.. sí hombre sí.
