La vida acude siempre al reclamo del naúfrago
y va nombrando, a su paso,
las palmeras, la arena, las helices
destrozadas junto a los cofres,
junto al retrato en sepia del niño triste
que mira sin saber y se lo comen las algas.
La vida urga la ola,
los signos del desmayo.
El augur improvisa su prosa
doliente, quemada, tozuda.
El mar es una ola que no descansa.
Agua sin tiempo, palabras sin alma.
El completo inventario de navíos saqueados
iza la épica de los muertos milenarios.
El mar es un pulmón azul que se agita,
el libro invisible que van escribiendo los días.
Los días persiguiéndose. Las olas cerrándose.
San José, Almería, Julio 1.991
