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Los escritores fantasmas

Publicado el 01 febrero 2018 por Eldevoradordelibros
El anuncio que encontré decía:
Se busca secretaria para escritor. Sus funciones serán: colaborar con el escritor en la elaboración de su libro. Alto nivel de pulsaciones en mecanografía. Disponibilidad para viajar y desplazarse allí donde se vaya a escribir. Se valorará conocimientos en sociología y/o psicología.
Yo creo que en la oferta de empleo hubo un error semántico: no era una secretaria lo que solicitaban, era una escritora fantasma. Pero no una escritora cualquiera, una con tres años de experiencia, buen nivel cultural (estudios mínimos ESO) y disponibilidad para viajar. 
Claro, si hubiesen llamado a las cosas por su nombre, quizá hubiesen logrado una mayor respuesta; solo 41 personas se aventuraron a enviar su CV a la misteriosa editorial. Muy pocos para el sueldo que prometían, un salario entre los 1.800 y los 2.400 euros brutos al mes a jornada completa. Y es que ser escritor fantasma no es una tarea nada fácil; no todo el mundo está preparado para permanecer en la sombra por contrato indefinido.

Los escritores fantasmas

Ilustración de Robbie Porter


Quizá si hubiesen dicho que Mario Vargas Llosa fue a sus 23 años un escritor negro, así también se les llama, despectivamente, a los autores que escriben para otros, el resultado hubiese sido distinto. El Nobel de Literatura escribió por encargo para Cata Podestá, una señora de la alta burguesía peruana el libro Pieles negras y blancas.

Alejandro Dumas también contó con negros, cerca de ochenta personas, según se rumorea, que le ayudaban a mantener el ritmo de publicaciones. Y es que a veces es falta de habilidad, de experiencia, pero otras también de tiempo. La sombra de la duda siempre ha acompañado al prolífico Stephen King. Hasta al mismísimo Shakespeare se le acusa de haber utilizado el talento de otra persona, el malogrado Christopher Marlowe.
La sospecha es más fuerte cuando quien firma el libro es alguien popular y/o millonario. Todos lo hemos pensado alguna vez, ¿verdad? Alguien tiene algo que contar, pero no sabe cómo hacerlo. Ahí es cuando aparece esta figura. De igual modo, puede darse el caso de una novela con potencial, pero no del todo redonda: los escritores fantasma, algunas veces editores, se encargan de darle esa forma perfecta. Son camaleónicos, se adaptan a lo que el autor quiere, adaptan su pluma a los deseos de quien los ha contratado, pero también al mercado.
Comenta aquí Ana Punset, que tiene novelas publicadas con su nombre y también con el de otra persona, que son dos sensaciones bien distintas. Ella trabaja para Escritores Fantasmas, un colectivo que escribe para terceros, garantizando siempre la invisibilidad del verdadero autor.
Pocos están dispuestos a escribir algo para terceros con la única y difícil condición de permanecer para siempre en la sombra, contemplando cómo los reconocimientos, si es que llegan, se los lleva otro en su nombre. Los ghostwriter son escritores, pero no autores; parte indispensable de su trabajo es ser invisibles. No cabe duda: la profesión del escritor fantasma es una labor para plumas valientes y discretas, ¿no os parece?

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