Revista Cultura y Ocio

Los libros del verano - 2: Historia de España contada para escépticos.

Por Jesús Marcial Grande Gutiérrez
Los libros del verano - 2: Historia de España contada para escépticos.
Prologo del autor
No pretendo escribir la historia que escribiría el pueblo, ya que el pueblo es ágrafo por naturaleza, sino más bien una Historia de España contada para escépticos que no creen en la historia de España. No voy a decir que es veraz, justa y desapasionada, porque ninguna historia lo es, pero por lo menos no miente ni tergiversa a sabiendas, que ya es bastante en los tiempos que corren. Además, he procurado harcerla amena y documentada (pero el escéptico sabe que los documentos también se manipulan en el instante mismo en que nacen), y si el lector aprende algo de ella me daré por bien pagado. No está hecha para halagar a reyes y gobernantes (de los que el autor hablará mucho dejándose ganar por el novelista que también es), ni pretende halagar a los banqueros, ni a la Conferencia Episcopal, ni al colectivo gay, ni a los filatélicos, ni a los sindicatos. El autor ni siquiera aspira a merecer la aprobación indulgente de los críticos, ni a servir a una determinada escuela histórica, ni a probar tesis ninguna. A lo mejor por eso se deja llevar por su curiosidad e indaga en la vida de los poderosos en lugar de dedicar el mayor espacio a divagaciones socioeconómicas, más a la moda. No por gusto, ciertamente, sino porque está convencido de que una de las miserias determinantes de nuestra historia es que el errático y a menudo patético rumbo de España ha sido determinado frecuentemente por gobernantes incompetentes y tarados.
Biografía
Los libros del verano - 2: Historia de España contada para escépticos.Juan Eslava Galán nació en Arjona (Jaén) en 1948; se licenció en Filología Inglesa por la Universidad de Granada y se doctoró en Letras con una tesis sobre historia medieval. Amplió estudios en el Reino Unido, donde residió en Bristol y Lichfield, y fue alumno y profesor asistente de la Universidad de Ashton (Birmingham). A su regreso a España ganó las oposiciones a Cátedra de Inglés de Educación Secundaria y fue profesor de bachillerato durante treinta años, una labor que simultaneó con la escritura de novelas y ensayos de tema histórico. Ha ganado los premios Planeta (1987), Ateneo de Sevilla (1991), Fernando Lara (1998) y Premio de la Crítica Andaluza (1998). Sus obras se han traducido a varios idiomas europeos.
Es Medalla de Plata de Andalucía y Consejero del Instituto de Estudios Giennenses.
Es autor de una docena de novelas entre las que destacan:
- En Busca del Unicornio, (Premio Planeta, 1987; Premio Chianti Rufino Enrico Fattore a su traducción italiana, Italia, 1988)
- El comedido Hidalgo (Premio Ateneo de Sevilla, 1994)
- Señorita, (Premio Fernando Lara en 1998 y Premio de la Crítica Andaluza, 1998)
- La Mula, ambientada en un episodio verdadero de la Guerra Civil
También es autor de algunos ensayos entre los que cabe destacar:
- Los castillos de Jaén (Universidad de Jaén, 1999)
- Los templarios y otros enigmas de la historia (Ed. Planeta, 1991)
- Historia de España contada para escépticos (Ed. Planeta, 1995)
- Santos y Pecadores (Ed. Planeta, 2002)
- Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie (Ed. Planeta, 2005)
- Un jardín entre olivos (Ed. RBA, 2004) explica la cultura del olivo y del aceite
- El paraíso disputado (Guías Aguilar, 2003) recorre la Ruta de los Castillos y las Batallas a través de las provincias de Ciudad Real, Jaén y Granada.
Juan Eslava Galán ha traducido la poesía de T.S. Eliot. También escribe novelas de ficción histórica con el pseudónimo Nicholas Wilcox. (La Lápida Templaria, Los falsos peregrinos, Las trompetas de Jericó, La sangre de Dios y Los templarios y la Mesa de Salomón).
Impresiones personales:
En algún lugar de mi buhardilla duerme, alineado entre viejas novelas, "En busca del Unicornio" (Premio Planeta 1987), la primera novela que leí de este autor. La leí de un tirón disfrutando de sus ocurrencias, de su estilo desenfadado, de su, ya entonces, escepticismo sobre la historia oficial de los reinos españoles. Me llamó la atención su lenguaje, ceñido a las formas de la época; su trama, alocada y surrealista, la ingenua humanidad de sus personajes...  Me gustó aquella manera suya de construir  un edificio narrativo a partir de algún dato histórico desconcertante como era el hallar en la tumba de Enrique IV, el Impotente, un cuerno de rinoceronte (la versión más aceptable que pudieron encontrar del mítico unicornio cuyo cuerno tendría, según creencias de la época, la propiedad de potenciar la tan necesaria fertilidad del rey). El punto de partida (la aparición de un cuerno de rinoceronte en la sepultura del rey está documentado y así consta en el acta de exhumación del cadáver del monarca)
"... En un ángulo del dicho cajón se encontró un objeto fusiforme gris que, remitido para su examen e identificación al Instituto de Biología Animal del C.S.I.C., resultó ser un fragmento de cuerno de rinoceronte africano..."
Así, pues, me dispuse a leer, gozoso, este apretado resumen de la Historia de España en el que, como su nombre indica, se duda o desconfía de la verdad oficial continuamente.  Confieso que, ante su currículo de su Doctorado en Letras y su experiencia como profesor universitario, he abandonado un poco el espíritu crítico y "el necesario escepticismo" que es mi propio deber como lector ante las continuas y sorprendentes hipótesis del autor;  pero este parece bien documentado y obrado de experiencia docente: se le supone rigor. Así que aceptamos el despojo de prendas interesadas a la Historia oficial (tanto la española, como la extranjera) y asistimos a la representación de una historia nueva donde los personajes se humanizan de tal modo que la gloria se reduce a la casualidad, y la desgracia se explica como incompetencia. Nada es lo que parece. Después de estudiar los engranajes de la historia se llega a la conclusión, enormemente pesimista, de que nuestros reyes fueron un desastre general, una desgracia para su pueblo. Tras su lectura me viene a la memoria aquel conocido y, en absoluto, enigmático verso del poema del "Mío Cid" y que podemos generalizar para todos y cada uno de los españolitos históricos de a pie:
"Dios, qué buen vassalo!  ¡Si oviesse buen señor!"

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