Revista España

Los pies del peregrino

Por Juanho
Son la herramienta fundamental del caminante, la elección del calzado y el cuidado de los pies pueden evitar que tengas que dedicar un buen rato diario a curar heridas, ampollas o afecciones musculares o, en el peor de los casos, coger el bus más próximo que te devuelva a casa decepcionado.
 Por cierto es casi seguro que, si no estás habituado a andar mucho, te saldrá alguna ampolla, por muy bien que sigas todas la recomendaciones; de su tamaño, localización y curado dependerá tu continuidad en el camino, si sigues estos consejos, probablemente serán más pequeñas y efímeras, por lo que supondrán solo un ligero inconveniente.
El calzado no solo va a proteger tus pies, sino también los tobillos, las rodillas los músculos de la pierna, la cadera y la espalda. O sea, casi todo, de ahí la tremenda importancia de elegir bien que lo que te vas a poner en los pies.
Hay muchos factores para elegir bien, en función de lo que queramos proteger más. Me explico, no existe la bota perfecta, unas protegen bien la planta del pié, pero descuidan el empeine, otras son perfectamente impermeables pero no evacúan el sudor de los pies. El equilibrio, lejos de ser perfecto, será el objetivo de la elección. Desde luego no debes comprar una u otra por la marca o por que tengan un diseño especialmente creado por la Nasa o el CSI para hacer el camino.
PRIMERO: Perogrullada número uno, deben de ser cómodas, que no te produzcan apreturas en la zona de los dedos. Lógicamente no todos los pies son iguales, incluso tu pie izquierdo no es exactamente igual a tu pie derecho, así que pruébate las dos. Unas serán más justas en el talón y otras en la puntera, otras te apretarán el empeine y tendrán mucha holgura en los dedos. Puestos a seleccionar, pide un número más del habitual, tus pies se van a dilatar mucho con la marcha así que hay que hacerles sitio, ya regularás la presión sobre el empeine con los cordones, si son justas por mucho que aflojes no vas a ganar sitio.
SEGUNDO: Mejor bota de treking que zapatilla de montaña. Bota mejor porque te sujetará el tobillo y evitará que una leve torcedura por camino irregular, que los hay y muchos, se convierta en un esguince que te mande para casa. Si no soportas la bota, usa zapatilla de montaña, la función es prácticamente la misma, aunque no te sujetará el tobillo, por contra es más ligera. Por qué de treking o montaña?, es una cuestión simplemente de durabilidad, son mucho más resistentes que las de tenis o footing, tienen una suela que te permitirá agarrar mejor en arena suelta y hará que las piedrecillas pasen inadvertidas. No sabes lo que duele una ampolla en la planta del pié al pisar una piedrecita.
TERCERO: Es muy importante el material del que están fabricadas. Huye de los materiales sintéticos, lo mejor la piel curtida, pero no completamente cerradas de piel. La piel curtida no transpira porque es impermeable, deben pues de tener zonas, normalmente en la parte de los cordones y los laterales, que permitan sacar el sudor. Vas a producir con tus pies diariamente una taza de café cortado llena de sudor. Esto hay que eliminarlo porque si no, sería como caminar con una olla exprés en los pies, literalmente se cuecen, sobre todo en verano. Esto es caldo de cultivo para las ampollas porque la piel se debilita al estar saturada de agua y, por supuesto un auténtico balneario para los hongos, otro de tus acérrimos enemigos. Así pues de cuero y ventiladas. Si además separan el sudor de tu pie antes de que se moje mejor que mejor; esto se consigue con un tejido (goretex) que forra la bota por dentro. Está fabricado de tal manera que la separación entre fibras del tejido es tan pequeña que no deja entrar la molécula de agua, pero sí deja salir la molécula de vapor, que es mucho más pequeña, como el sudor se produce en forma de vapor antes de condensarse en líquido ya ha salido del contacto con el pie. Agua que no entra más vapor que sale igual a pie seco. Además podemos ayudar con calcetines sintéticos, no de fibra natural para permitir que salga la humedad, pero eso lo veremos más adelante. Tendremos que mantener el cuero flexible e impermeable, para eso hay muchos productos de tipo graso que se aplican facilmente y no son caros, pero no carges con ellos, que al final pesan, aplicalos cuando compres la botas, cuando las uses, cuando se sequen después de haberse mojado o cuando las limpies de barro y antes de salir al camino. Con eso será suficiente, aguantarán todo el camino. Claro está no apliques el producto en las zonas de ventilación.
CUARTO: La suela es el auténtico salvavidas de tus rodillas y caderas. Todos sabemos andar desde pequeños, y es un movimiento automático al que no prestamos atención. Nuestro cerebro es capaz de calcular a qué distancia está el suelo o un obstáculo con precisión milimétrica. Como anécdota contaré que en cierta ocasión hice un hotel en el que por un error de cálculo al replantear una escalera, el tercer escalón salió 4 milímetros más alto que el resto que eran exactamente iguales. Bien, pues en ese escalón tropezaba el 80 o 90% de las personas que subían, y ninguna de las que bajaban. ¿cuántas veces has tropezado en una baldosa que sobresalía del resto sólo un par de milímetros?. Esto pasa cuando tu cerebro cree que el firme es completamente regular y se encuentra con el escalón que te manda al suelo de morros. Y pasa más cuando caminas calzado que descalzo, y mucho más cuando caminas con zapato de vestir que con zapatillas de deporte. Bueno, ¿ y eso por qué?. probablemente es que al caminar descalzo o con suelas flexibles y mullidas, no dejamos que nuestro cerebro se relaje suponiendo todo regular, y le obliguemos a medir cada vez que avancemos el pie, sin ningún esfuerzo para él claro está.
Cuando damos un paso, apoyamos primero el talón para luego valancear el pie arqueándolo y terminar el movimiento con la puntera. El mayor esfuerzo dinámico se produce al golpear el talón con el suelo. Este esfuerzo se transmite a través del hueso (tibia y peroné) a la rodilla, y de ésta (pasando por los meniscos) por el fémur a la cadera y la espalda. El impacto se ve muy incrementado al llevar una mochila de peso considerable a la espalda. Todo esto se agrava proporcionalmente con la dureza del suelo, mejor dicho con su rigidez. Independientemente de la "terminología ingenieril", lo cierto es que el efecto es mucho más notable al caminar por una acera de baldosa que al hecerlo por el cesped de un campo de futbol. De mayor a menor rigidez podríamos clasificar: hormigon o cemento, baldosas, roca firme, asfalto, firme artificial de piedra machacada, tierra pisonada, tierra selta, hierba y arena. Hemos de procurar caminar sobre un firme cuanto menos rígido mejor. Ten en cuenta ésto sobre todo si no tienes algún menisco o padeces afecciones de rodilla o cadera, te falicitará la marcha con toda seguridad. En un paseo corto no lo vas a apreciar, pero muchas horas andando, durante varios días, acaban con cualquier rodilla sensible. Y si las tienes sanas, tócatelas (las rodillas, claro) y comprueba su temperatura cuando camines por asfalto cargado con tu mochila y compáralo con la marcha sobre arena o hierba, te sorprenderá la diferencia, y si se calientan es porque se produce un sobreesfuerzo que podemos disminuir con una suela adecuada:
Así pues debemos elegir una suela que sea flexible y amortiguadora. Lo primero es fácil de comprobar, debe de doblarse sin mucha dificultad más o menos por donde doblan los dedos; lo segundo lo comprobaremos agarrando la bota por la puntera dejandola girar hasta que golpee con el tacón en un suelo rígido, o sea, es como si quisiéramos clavar un clavo con el tacón de la bota pero sin aplicar fuerza, solo dejándola caer. Bien, pues debe de rebotar un par de centímetros. Cuanto más rebote mejor, si suena y no rebota, tírala. Del dibujo de la suela no debemos preocuparnos porque todos son lo suficientemente estrambóticos como para agarrar de maravilla, eso si, cuanto más estriados, más barro vamos a acumular en lluvia. Casi todas están hechas con material antideslizante, así que esto no influirá demasiado.
Los pies del peregrinoLas rodillas son un punto más sensible de lo que se puede pensar. Se te pondrán al rojo vivo al bajar desde O Cebreiro a Triacastela, o la bajada a Sarria, que es lo más habitual. Recuerdo especialmente dura la bajada a Hontanas, después de Castrogeriz, En este punto había peregrinos, más de uno y de dos, que bajaban la cuesta de espaldas. Decían que así no les producía dolor. Tiene su lógica, yo personalmente, prefiero descargarlas con una parada sin mochila, aunque sea cada cuarto de hora. Lo de caminar de espaldas por esas cuestas suicidas me parece casi una temeridad. Ah! y la bajada a El Acebo, después de la Cruz de Ferro, esa cuesta la bajé arrastrando el culo por la arena, iba con mi hijo Adrián y supuso unas buenas risas, pero es que era incapaz de bajar sin arrastrar los pies por la arenilla suelta, con el peligro que eso suponía.
SEXTO: Si has encontrado algo que cumpla con lo anterior, date con un canto en los dientes si además te gustan y no son caras. No siempre lo más caro es lo mejor, en este caso concreto, te aseguro que las mejores que he encontrado para mis pies no son ni mucho menos las más caras. Por la durabilidad no debes de preocuparte, te van a durar todo el camino, seguro. Pero no esperes que te duren muchos años porque si las usas lógicamente se desgastará la suela, y si no las usas, a los dos años la suela perderá sus propiedades y a los tres o cuatro se desharán como si fueran de serrín. Por cierto, cuando se deshicieron las mías me pilló en León, y estrené unas nuevas, que compré exactamente de la misma marca y del mismo modelo, del mismo número y porque no había del mismo color, si no también. Esto no supuso ningún problema en absoluto, no me produjeron rozaduras ni ampollas. Habrás oído decir que no estrenes botas en el camino bajo pena de excomunión, buen, pues no es para tanto, Las botas se moldean a los 15 ó 20 Km, si son de piel, las sintéticas no, así que solo tienes que tener cuidado de relejar el pie más veces y durante más tiempo, quitándotelas cada hora como máximo. Ten en cuenta que la mayoría de las ampollas se producen por calentamiento por rozamiento, es decir son auténticas quemaduras, si eliminamos periódicamente el rozamiento, desaparece el calentamiento y con él la ampolla. Así que, si puedes, entrena las botas y las piernas tres o cuatro semanas antes del camino y si no, toma precauciones para evitar las rozaduras. En cualquier caso, usar las botas un tiempo antes te va a decir si te hacen algún daño que no vayas a poder soportar en la marcha y, a las malas, puedes cambiar de modelo, lo peor es descubrirlo en el camino con una hermosa ampolla infectada con pasaporte de vuelta ipso facto. El porcentaje de posibilidades de que aparezcan ampollas se reduce casi a cero si antes de empezar a andar te pones vips vaporub entre los dedos de los pies, la planta y las zonas de roce del talón, sí el que se ponen los niños en el pecho (o algún gel lubricante de farmacia, no valen de otras procedencias), además de dos pares de calcetines uno fino en contacto con el pié y otro mas grueso encima, sintéticos, que no retienen la humedad ya que los de algodón terminan empapándose y saturándose, y no hay goretex que lo resista manteniendo el sudor dentro.
Los pies del peregrino

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