Revista Sociedad

Los polvorones

Publicado el 18 noviembre 2011 por Hogaradas @hogaradas

Por Hogaradas
Ayer me comн el primer polvorуn de la temporada. No eran para mн, le habнa comprado unos pocos a Carlos, de esos que son los que mбs le gustan, los del envoltorio blanco, los mбs sencillos y baratos de todos, pero no puede resistirme a la tentaciуn de degustar uno de ellos, el que deberнa haber acabado en su estуmago y no como acabу, en el mнo.
Siempre me han gustado los polvorones, quizбs por los coloridos brillantes y variados de su envoltorio, por la posibilidad de descubrir detrбs de cada uno de ellos un sabor u otro, por poder adivinar tras quй color se esconde nuestro polvorуn preferido.
Los surtidos de polvorones jamбs podrбn aburrir a nadie, dentro de las cajas o en bolsas de plбstico son todo un mundo de color que te anima a sumergirte en йl para ir cogiendo uno u otro segъn el momento, el estado de бnimo, la compaснa.
Recuerdo las cajas de polvorones que por las Navidades enviaban las hermanas de mi tнo Pepe desde Estepa. Nada mбs terminar de comer, йl y yo, los aficionados a estos tнpicos dulces navideсos sacбbamos la caja y nos entretenнamos mientras decidнamos cuбl comernos, aunque sabнamos que al primero seguirнa otro y a este segundo probablemente otro mбs. Y siguiendo ese ritual del que tanto disfruto, el de aplastarlos entre mis manos para que no se deshagan, dбbamos buena cuenta de las excelencias de los productos de Estepa, y las gracias a quienes habнan tenido el detalle de hacйrnoslos llegar desde aquellas tierras.
En casa tengo una pequeсa cesta verde con lacitos rojos, alargada, completamente Navideсa, como yo, aunque con el paso del tiempo quizбs apenas sin que me vaya dando cuenta o no quieron darme, cada vez menos. Me la regalaron creo que con unas latas de patй, y por estas fechas ya sale a relucir para colocarse en la parte de debajo de la mesa del salуn y llenarse de estas dulces golosinas.
Cuando todavнa vivнa sola los polvorones la llenaban ya desde el primer momento en el que se dejaban ver en las tiendas, y por la noches, despuйs de la cena y de su lechuga, digo esto porque recuerdo que por aquella йpoca era un clбsico de mis cenas, hoy tambiйn pero algo menos, acercaba la cesta y comenzaba a pensar si este o aquel color, este sabor o mejor el otro, siempre con el remordimiento por lo que iba a hacer pero con la disculpa de que lo harнa habiйndome comido solamente unas hojas de lechuga, eso sн, bien aderezadas de vinagre, que es mi delirio. Y siempre era lo mismo, pues no pasa nada, despuйs de una lechuga con unas cebolletas esto no puede suponer nada de nada, asн que comencemos el banquete, y claro, comenzaba.
Hace tiempo que ya he dejado de comprar polvorones con tanta antelaciуn, excepto algunos, como los que hoy hay en casa, para Carlos, pero en las comidas y cenas Navideсas no faltan nunca, al igual que las casadiellas, sin las que tampoco concibo los momentos del postre.
Hubo un tiempo en el que tampoco concebнa la Navidad, bueno, y la vida entera, sin mi tнo Pepe, con el tiempo ya sн, no queda mбs remedio, y es una pena que con quienes queremos no podamos hacer como con los polvorones, tenerlos en nuestra mesa cuando queramos, en este caso, siempre, y para siempre.


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