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Los secretos que se esconden tras lo público

Publicado el 11 abril 2010 por Franciscogarciajurado
LOS SECRETOS QUE SE ESCONDEN TRAS LO PÚBLICO
Ahora que ando traduciendo una selección de cartas del Plinio el Joven, autor que vivió durante la segunda mitad del siglo I de nuestra era y sobrino del naturalista Plinio el Viejo, me encuentro con circunstancias y reflexiones que no son ajenas a nuestra actualidad. La pederastia es un complejo fenómeno que ya encontramos en la propia paideia griega, como nos ilustran los textos de Platón. Pero hay autores posteriores de la propia Antigüedad que la rechazan y procuran evitarla, como es el caso de Plinio en la carta 3 de su libro tercero. El arma para evitarla es conocer bien al preceptor, y la confidencialidad de quien nos informa sobre las costumbres de una escuela. La reflexión que hace es de calado y ofrezco aquí una primera versión. Por Francisco García JuradoLa carta que vamos a leer en parte es la que Plinio envía a la hija de un admirado amigo, Cornelia Hispula. Esta dama de la alta sociedad romana debe enviar a su hijo a una escuela para continuar la formación iniciada en casa. Plinio le recomienda un maestro que no sólo muestra probados conocimientos en retórica, sino una moral intachable en lo que respecta al trato púdico y casto con sus discípulos:
"Debido al sentimiento, no sé si más de admiración o de amor, que he tenido hacia tu padre por su excelsa gravedad y santidad, y por la dilección que siento especialmente hacia ti debido al recuerdo de aquél y a tu propia honra, es necesario que desee y me esfuerce en todo cuanto esté en mi mano para que tu propio hijo crezca a la imagen y semejanza de su abuelo. Ciertamente me inclino por el abuelo materno, aunque a ese niño también le ha tocado en suerte un abuelo paterno preclaro y probado, así como un padre y un tío paterno notables por su ilustre gloria. Así pues, crecerá a la imagen y semejanza de todos sus antepasados si se le inculcan honestas artes, pero resulta de suma importancia de quién va a recibir tales enseñanzas. Hasta el momento, la consideración de su tierna edad lo ha mantenido junto a ti, y ha tenido preceptores en casa, donde la ocasión para los desvíos es mínima o incluso inexistente. Pero ya es necesario que realice sus estudios fuera de casa, y ya hay que buscar un rétor latino de cuya escuela sea patente la severidad, el pudor y, sobre todo, la castidad. En efecto, a nuestro adolescente lo adorna, junto con el resto de dotes de su naturaleza y fortuna, una excepcional belleza física; por ello en este momento crítico de su edad no hay que buscar para él tan sólo a un preceptor, sino alguien que lo cuide y también lo dirija. Así pues, considero que puedo recomendarte a Julio Genitor. Se trata de una persona querida por mí; sin embargo, el amor que me merece no entorpece mi juicio, pues ese amor es precisamente fruto de tal juicio. Se trata de un varón sin tacha y serio, quizá un poco más áspero y severo de lo que se acostumbra en estos tiempos licenciosos. Puedes dar crédito a muchos sobre la calidad de su elocuencia, pues la capacidad de hablar al punto se aprecia abierta y públicamente; sin embargo la vida de los hombres guarda profundos escondrijos y grandes guaridas. De esto has de tenerme a mí como garante de Genitor. (...)"
Llama la atención en esta carta la frase penúltimoa que hemos traducidos, aquella donde Plinio nos dice que la vida de los hombres esconde profundos escondrijos y recovecos. Es una frase que llamó significativamente la atención del escritor Francisco Ayala, aunque ya en clave de máxima, es decir, descontextualizada. En ella se reconoce que una persona puede esconder privadamente oscuros secretos, y que es difícil a menudo conocerlos, a no ser que un amigo nos prevenga. Lo que todos conocen sobre alguien, su reconocimiento público, se convierte en una información menos valiosa si la comparamos con este tipo de confidencias. De hecho, incluso hoy día, circulan rumores y noticias privadas sobre personajes muy conocidos que provienen de supuestas fuentes confidenciales. Plinio expresa perfectamente el valor de esta confidencialidad, y trata de hacerla valer para que el joven y bello adolescente no sufra las paradojas que se dan entre lo privado y lo público. FRANCISCO GARCÍA JURADO

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