En algún sitio leí que, para evitar las pesadillas frecuentes, era conveniente tener a mano, en la mesita de noche, un cuaderno y un bolígrafo. Así se podía anotar el sueño en el momento justo de despertar, pues el recuerdo puede desaparecer en un instante. Teóricamente, si se anotan las pesadillas y luego se leen a la luz del día, pierden su efecto atemorizador y, como si nos hubiéramos puesto una vacuna, acaban por desaparecer.Yo quise hacer la prueba, y creo que sí, que por lo menos durante un tiempo mis pesadillas fueron menos frecuentes. Pero lo mejor de todo es que ahora tengo un par de cuadernos llenos de sueños que resultan historias de lo más curiosas. Incluso algunas de esas pesadillas, al pasar al papel, se han transformado y se han convertido en historias realmente cómicas.Pero claro, no solo hay pesadillas en el mundo de los sueños. También hay sueños premonitorios, según dicen, que ahí yo no tengo experiencia; y sueños que proporcionan la solución a un problema, como al parecer les ha ocurrido a algunos científicos; y sueños normales y corrientes en los que se refleja nuestra actividad cotidiana, lo que el cerebro ha ido almacenando durante el día. Pero a mí los que más me gustan y me fascinan son los llamados sueños lúcidos. Sí, esos en los que la persona que sueña es consciente de que está soñando.A lo mejor otro día podríamos hablar de ellos.
