Revista Opinión

Los temores del nómada

Publicado el 10 abril 2013 por Mario
Habían pasado tantas jornadas peregrinos en busca de un lugar donde asentarse, que los nómadas apenas recordaban cuando partieron en pos de la tierra propicia.

La noche iba cayendo al ritmo que marcaban sus pisadas, cuando uno de los caminantes señaló un valle emergente en medio de la tierra hostil. Aquella hondonada ofrecía todo lo que, durante años, habían buscado: un bosque donde extraer la madera de sus futuros hogares, un manantial de agua limpia que canalizar y una tierra con los recursos suficientes para establecerse después de años  de trashumancia. Los nómadas entonaron vítores, saltaron y se abrazaron celebrando el final de su larga travesía. No obstante, el líder de la tribu decidió que el descenso era demasiado arriesgado como para enfrentarlo de noche. “No arriesgaremos nuestras vidas por pasar nuestra última noche al raso.”

Mientras preparaban el campamento y alimentaban la fogata que les guarecería del frío, se hizo un incómodo silencio. El júbilo inicial había tornado en un silencio meditabundo en que los dudas de cual comenzaron a aflorar. “¡Después de todo lo  andado, aún nos queda descender la escarpada pendiente hasta el llano!” comentaba uno. “¿A qué clase de amenazas nos tocará enfrentarnos ahora para defender un terreno tan codiciado?” opinaban otros. “Preparar la tierra, sembrar, cultivar y recolectar para que al final llegue una ventisca, arruine las cosechas y muramos de hambre” rumiaban los demás.  “Quizás sería mejor continuar caminando hasta encontrar otro lugar más adecuado”. El jefe observaba la escena en la distancia, pesaroso al comprobar como sus temores se confirmaban. Finalmente, cuando el murmullo se hizo ensordecedor, alzo la voz por encima de su tribu:

“Hermanos, habéis sido valientes caminando hasta aquí. Vuestro cuerpo se han fortalecido sin desfallecer en la adversidad del camino y vuestro espíritu ha crecido en la paciencia y la perseverancia paso tras paso, pero también se ha acostumbrado a vivir de este modo. Si nos aferramos a ellas, las virtudes se convierten en pecados. Os halláis ante vuestro futuro poblado, donde sois bienvenidos por derecho pero, antes de entrar, os voy a exigir una condición. Todo el que decida habitarlo ha de dejar en la entrada el peor de los temores del nómada: el miedo a encontrar lo que se busca”.

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