Revista Educación

Luciérnaga

Por Siempreenmedio @Siempreblog
Foto: Dèsirée Martín. (http://desireemartinphoto.com/blog/)

Foto: Dèsirée Martín. (http://desireemartinphoto.com/blog/)

El salitre se había estado comiendo ya hasta las bisagras de las puertas. Los marmullos repicaban una y otra vez contra el malpaís de aquellas costas, y pese a ser agosto, y al calor, y a los mosquitos atraídos por los contenedores de basura apilados en la calle; y a las sábanas limpias recién descolgadas de las cuerdas de la azotea, y pese al cansancio acumulado de tantos días y días de llamadas y preocupaciones, de trabajos inacabados y otros por empezar, pese a que ya no recordaba ni cuándo había sido la última vez que oyó llover por la cristalera, pese a todo eso, decidió abrir la cortina y encender la luz: ser una luciérnaga en la noche, posada en la torre que sabía inhabitada desde la planta 0 hasta la planta 4.

Y había mucho silencio que sólo se interrumpía por su taladrar en el teclado, como el que hacía un pájaro picapinos que arremete nervioso contra la madera.

Quería escribir cosas bonitas, llenas de sentimientos agradables y esperanzadores. Y por más que ponía en el programa Documento Nuevo y empezaba a teclear, sólo le salían lamentos y críticas y análisis y rencillas y cartas en las que no era él, ni ella, sino un otro lleno de odio y de ira.

Paró. Miró hacia fuera y estaba todo negro. Pensó que alguien abajo, en la avenida, estaba fijándose en ese preciso momento en su luz encendida, en su habitación inmersa en un tono amarillento, e imaginó que ese alguien podía estar haciéndose una historia de lo que sucedía en su apartamento. Una historia buena o mala, pero una historia al fin.

Sintió mucha responsabilidad. Fue a la cocina, bebió un poco de agua y luego se acostó.

Dejó la luz encendida, no fuera a estropearle una buena historia a alguien.


Volver a la Portada de Logo Paperblog