Cada segundo domingo de mayo se celebra en el Perú y en varios países de Latinoamérica el Día de la Madre. Al igual que en otras fechas conmemorativas, las publicidades cubren las pantallas televisivas y los diarios, incitando a obsequiar a las madrecitas, que parecen ser más santas ese día, refrigeradoras, vasos, tostadoras o cocinas de seis hornillas o por lo menos de cuatro para que sigan cumpliendo su sagrado deber maternal, o quizá para las más modernas un perfume, una cartera o un par de zapatos rojos tacón 10. Al parecer, celebrar ese día el segundo domingo de mayo, como tantas otras cosas, nos viene de Estados Unidos, donde fue instaurado en 1914 por el Presidente Woodrow Wilson a pedido de Ana Jarvis, quien quería de esa forma homenajear a su madre tempranamente fallecida.
Desde nuestra primera muñeca, empezamos nuestro aprendizaje para ser madres y luego “maternar”, incluso si no somos madres biológicas, a los hermanos menores, al marido, a la madre o al padre anciano, al amigo, a la comunidad o al partido, con esa abnegación que debe tener toda maternidad que se precie de serlo, con ese halo de sufrimiento, sacrificio y entrega a los hijos y a la familia, con que nos viene embotellada, adornada y, claro, edulcorada la maternidad.
Muchas mujeres en el mundo han tenido hijos o hijas que no han deseado, porque no han tenido la posibilidad de decidir sobre su cuerpo, muchas otras no han podido tener hijos aunque los deseen y hay un buen número a quienes les quitaron la posibilidad de tener hijos sin consultarles, como en el tiempo de la esterilizaciones en el gobierno de Fujimori. Por fortuna, habemos un buen número que hemos tenido la posibilidad de tener los hijos o hijas que hemos deseado y hemos asumido la maternidad con alegría y esperanza aunque, hay que decirlo, sin poder apartarnos del lado abnegado que se nos exige como madres.
¿Cuántas veces no nos hemos sentido culpables porque tenemos trabajo hasta tarde, porque viajamos, o porque nos cae mal el chico en ese momento y estamos cansadas de sus demandas? O porque no pudimos amamantarlos con nuestra leche como se exige ahora, en estos tiempos ecológicos en que cada vez con más fuerza se impone la lactancia casi como una dictadura. “Vivimos una exaltación de los valores naturales, de hacer las cosas de manera más natural, y por eso hay una presión insoportable para que la mujer dé el pecho y se ocupe de su bebé el mayor tiempo posible, incluso hasta para que use pañales lavables. ¿Y eso qué supone? Que la mujer ha de dedicar cada vez más tiempo a sus hijos, en detrimento de todas sus aspiraciones profesionales,” dice la filósofa francesa Elizabeth Badinter (1), y veo en este trajín a muchas jóvenes madres que sienten la presión y la angustia de no poder cumplir con estas nuevas y antiguas exigencias de la maternidad. El terror de ser acusadas de malas madres y descalificadas nos acompaña a lo largo de nuestras vidas. Incluso a quienes hemos hecho el esfuerzo conciente por deconstruir los patrones de género nos asusta esta descalificación, lo cual no es sino la evidencia de que nuestros empoderamientos son en algunas áreas aún muy frágiles.
Es tal la presión que vivimos siendo madres que creemos muchas veces que hemos nacido madres y no se nos ocurre que eso es parte del aprendizaje en el proceso de socialización genérica, es decir de nuestra construcción como mujeres. Pero en muchas ocasiones hay algo que rompe la idea de la maternidad como fuente de amor, vida y el non plus ultra de la abnegación y bondad humana y resulta que hay madres que odian a sus hijos, que rechazan su presencia en sus vidas, madres cuyo vínculo con ellos y especialmente con ellas, ha sido fracturado por alguna razón y vuelven la vida de sus hijos e hijas insoportable, cargada de violencia física, sicológica, simbólica. Odian y muchas veces se odian a si mismas, cada vez que le gritan puta a su hija adolescente que empieza a abrirse como el capullo de una mariposa, o cuando por imponer la autoridad les caen a bofetadas o les arrancan el pelo. Es que aunque la violencia de una madre puede darse indistintamente a los hijos y a las hijas, muchas veces tiene un peso mucho mayor la que se ejerce sobre éstas, quizá por ser de alguna forma las hijas un espejo de lo que se quiso ser, de lo que no se pudo, o porque lo que puede llegar a ser no es lo que la madre espera y sueña.
Hay también hijas que odian a sus madres, porque no quieren ser como ellas, porque las ven inferiores, diminutas frente a los nuevos retos, ignorantes, débiles, feas, insoportables. Rompen también ellas con el mandato social que establece que los hijos y sobre todo las hijas deben amar, respetar y cuidar a sus padres y madres. De hijas asesinas hay varios ejemplos en el país, como el caso de Elizabeth Espino Vásquez, quien mató a su madre porque estaba harta de sus reglas según confesó: “que haz esto, que haz lo otro, que no te juntes con ese chico’. Nada le gustaba, nadie era perfecto, mientras que ella podía hacer todo después de que se separó de papá.” (2) Otro caso de enfrentamiento extremo fue el de Giuliana Llamoja, quien mató a su madre en una pelea a cuchillazo limpio. Ambas salieron heridas, pero la madre llevó la peor parte. Dicen que la madre la agredía constantemente y los enfrentamientos eran cotidianos, trascendió también que en la discusión que precedió al hecho la chica le habría dicho ignorante a su madre, por no tener la preparación universitaria de su padre, a la que ella estaba accediendo.
Hay hijas que no matan pero desplazan a sus madres ya sea en la relación con el padre, o en casos poco frecuentes en la representación política o social. El caso de la actual candidata a la presidencia del Perú es emblemático. Después de que su madre dejó palacio, donde había sido retenida y torturada, ella asumió el cargo de primera dama, sustituyendo a la madre en esa labor. Dice Asunción González de Chávez, en relación a casos de sustitución de la madre, que:
“Ciertamente, también la hija recaba gratificaciones por sustituir a la madre, sea en relación al padre, sea en el poder que adquiere sobre todos los miembros de la familia. La madre es, en estos casos, una rival derrotada, pero la hija debe pagar su victoria con una gran sobrecarga y con la imposibilidad de hacer demandas ella misma. Su omnipotencia (su obligación de dar desmesuradamente) se tradujo en una incapacidad para recibir, para el placer, para las gratificaciones, pues estas mujeres viven dominadas por un enorme sentido del deber y no se permiten nunca concesiones ni abandonarse.” (3)
En una entrevista hace unos años, Susana Higuchi dijo en relación a su hija: “Keiko es la candidata natural del fujimorismo. Tiene ángel para la gente de afuera. Para mí, tiene cara de diablo.” (4) No sabemos como se ha logrado restablecer la relación entre madre e hija, que posibilita que la madre acompañe ahora a su hija en su campaña. Sólo suponemos que algo han logrado sanar, a menos que sea parte del marketing político o una más de las falsas imágenes que pululan alrededor de esta candidatura.
Ser madre no es sencillo, aunque tengamos hijos e hijas que deseamos. No debería ser un destino inexorable como aún se lo concibe para las mujeres. Quizá así podamos construir más historias de una buena relación de madres, hijos e hijas, esas buenas historias que por suerte también existen, historias de amistad y amor a veces recuperado, pese a los tiempos en que la relación parecía destruida, historias que son ejemplo de vida, que nos permiten llenar los vacíos que se van formando en nuestras vidas a lo largo de los años, porque sea cual sea el camino que tome la relación, el vínculo con la madre se mantendrá toda la vida, aunque ella ya no esté con nosotras. ¡Feliz día de la Madre!
Por Rosa Montalvo Reinoso
Noticias Ser Perú
La Ciudad de las Diosas
Notas:
(1) “La filósofa francesa Elizabeth Badinter alerta del riesgo de ser una ‘madre ideal’”, Entrevista a Elizabeth Badinter por Isabel García-Zarza, Edmundo.es, 10 de marzo del 2010.http://www.elmundo.es/yodona/2010/03/17/actualidad/1268827140.html
(2) “Se acabo el misterio: hija mató a abogada porque se oponía a relación con su enamorado”, El Comercio, 14 de febrero del 2010. http://elcomercio.pe/lima/414703/noticia-se-acabo-misterio-hija-confeso-...
(3) Asunción González de Chávez, Los avatares en la relación / identificación madre-hija,http://www.lesdiferentscaresdelaimmigracio.com/pdfs/3.2.%20relacion_madr...(4) “La dama que no quiso ser súbdita”, Entrevista a Susana Higuchi por Carlos Cabanillas, Caretas, 21 de junio del 2007. http://www.caretas.com.pe/V3/Main.asp?T=3082&S=&id=12&idE=729&idSTo=0&id...
