Revista En Femenino

Mamá, quieres dar el pecho? Prepárate a luchar...

Por Amo Ser Mamá @amo_ser_mama


(Cualquier parecido con la realidad...NO ES PURA COINCIDENCIA!)
Hoy os contaré una historia, es la historia de María, una mamá que decidió dar el pecho a su hijo. María eres tú y soy yo… María somos todas las mujeres que creemos en la Lactancia Materna.Cada una de las mamás que conozco, leyendo esta historia inventada, quizás pensará que yo he contado su historia. No me he inspirado en ninguna madre en particular, sino en muchas madres, yo incluida.Espero que este artículo pueda servir de ayuda a las futuras mamás, no para asustarlas sino para prevenirlas, y para desdramatizar un poco la situación cuando deberán vivir en primera persona todo esto. ¡Veréis que luego os reiréis también vosotras!
María está embarazada y, como muchísimas madres, frecuenta un curso de preparación al parto, otro de danza del vientre para embarazadas y, además, va a la piscina. Compra los mejores libros y revistas existentes en el mercado sobre maternidad y, obviamente, conoce profundamente el tema de la lactancia materna.Ha leído que todas las madres tienen leche y sabe que dar el pecho no es cuestión de suerte.Ve la lactancia materna como algo místico: la relación madre-hijo, el mejor alimento… En las revistas observa a estas madres estupendas con sus bebés con los ojos azules que succionan alegremente.Sí, María dará el pecho a su bebé y será una cosa fantástica, y todos los que están a su alrededor sabrán lo importante que es la lactancia materna.Ha ido incluso a visitar el hospital donde dará a luz. Allí todos son pro-lactancia materna. Incluso en cada habitación hay una especie de decálogo colgado donde explica cuáles son las reglas de oro de la perfecta lactancia. ¡Dar el pecho será algo facilísimo!, piensa María. Somos mamíferos y, por lo tanto, para nosotros dar el pecho es algo natural.Y llegó el gran día: después de ocho horas de parto nació Gabriel, un bebé espléndido. Ella sabe que a los recién nacidos se les debe dar el pecho en seguida. Se lo avecina, pero alguien con la chaqueta blanca (una enfermera o el médico) coge a su pequeño cachorro y se lo lleva a otra habitación:“Señora, tenemos que hacer los controles rutinarios”.  ¿Pero qué dicen? La OMS dice que los controles se pueden hacer después, que es más importante que el bebé esté conmigo… Bueno, ellos sabrán más que yo, han estudiado medicina ¿no?Resultado: María ve al pequeño Gabriel después de una o dos horas. Gabriel duerme profundamente.¿Le habrán dado la solución glucosada? Les había dicho que no lo hicieran, ¿cómo sé si me han hecho caso? Bueno, quizás si se la han dado es porque le hacía falta…Cuando inicia a caer la noche Gabriel todavía duerme. El hospital tiene previsto que las madres puedan tener siempre con ellas a sus bebés.Si he dado a luz en este hospital que está a 40 kilómetros de mi casa es sólo por disfrutar del rooming-in.Pasa una enfermera que dice a María: “Señora, ¿el niño no ha mamado todavía? Mire que si esta noche el niño tiene hambre me va a despertar a todo el reparto con sus gritos y llantos y sólo estamos dos enfermeras de guardia. No tenemos tiempo para estar detrás de usted, sabe. Si quiere me lo llevo a la nursery con las puericultoras, que ellas saben bien qué tienen que hacer”.¡Oh Dios Mío! ¿Y yo ahora qué hago? La enfermera ha sido convincente. Gabriel no quiere saber nada de mamar. Quizás después se despierta hambriento y yo no soy capaz de darle de comer y lo dejo morir de hambre… Pero he leído que el contacto con la mamá es muy importante y quién sabe qué le dan en la nursery…Al final María se deja convencer. Piensa que al menos esta noche podrá dormir y descansar y así mañana estará llena de energía.Dormir… sí, bonita palabra… ¿Cómo logras dormir tranquila sabiendo que tu hijo que no tiene ni siquiera un día está en el piso de abajo, en una cuna de plástico, solo, con un par de desconocidas?María pasa la noche con la oreja pegada a la puerta de la nursery (sí, porque los padres no pueden entrar en el nido durante la noche…). Teme que cada suspiro que oye sea el de Gabriel. Llama por tres veces al timbre del nido para que le digan qué pasa, ya que si se despierta querría darle el pecho. Las dos primeras veces, la enfermera le dice que no pasa nada, que no se preocupe. La tercera le cierra prácticamente la puerta en las narices. Y María, entre el cansancio, el sentimiento de culpabilidad y las hormonas que ya han comenzado a bailar el vals, llora amargamente.Afortunadamente la noche pasa y por la mañana le devuelven a Gabriel y llega también el padre, Miguel. Gabriel duerme durante toda la mañana.¿Pero qué le han dado esta noche?Y por la tarde, por fin, Gabriel tiene hambre. ¡Hambre de verdad! Gabriel mama con voracidad, pero su posición no es la adecuada. Porque aunque María no lo sabe con certeza, la primera cosa que le han dado a Gabriel cuando tenía hambre ha sido un biberón con agua y azúcar. Y ahora tiene tanta hambre que agarra el pecho como puede. Nadie pasa a controlar a María y Gabriel, por lo que María tiene a su bebé durante toda la tarde al pecho, en una posición dolorosa e incomodísima… Y sin una gota de leche en sus pechos, mientras que a sus compañeras de habitación les sale leche hasta de las orejas… Por lo que María, abnegada, continúa... El “éxito” está garantizado: ¡por la noche le aparecen las temibles grietas!¡Pero bueno! ¿Lo sé todo sobre la lactancia materna y me salen las grietas? Tal vez mis pezones no son adecuados…Pasa una comadrona y le dice: “Mmmm… con estos pezones es muy difícil dar el pecho, sabe”.Pues yo pensaba que mis pezones no tenían nada de extraño, ¿qué querrá decir?Afortunadamente por la tarde, Miguel, que paseaba por la planta de maternidad, ha visto a una comadrona “distinta”. Ha visto que es paciente, que explica todo a las madres y que no las deja hasta que todo vaya bien. Miguel la espera y la lleva hasta la habitación de María. ¡Y por fin ésta consigue que Gabriel coloque bien su boca en el seno! María no tiene más dolores y ha encontrado una posición cómoda para amamantar a su hijo. Vale. Lo peor ha pasado.Y, sin embargo... La enfermera del turno de noche es la misma que la del día antes, que convence de nuevo a María a darle a Gabriel para que pase la noche en la nursery. Mientras tanto a María le baja la leche, pero Gabriel está “secuestrado” en el piso de abajo y los senos se llenan cada vez más…¡Por fin en casa!La experiencia del hospital la ha decepcionado. Pensaba que era un “Templo de la Lactancia Materna”, pero el personal sabía menos que ella. Si no hubiese sido por la comadrona que Miguel ha llamado, quien sabe qué habría podido pasar. Gabriel está continuamente pegado al pecho y ambos, mamá e hijo, están más tranquilos.Bueno, no hemos acertado a la primera, suele pasar… Sin embargo ahora todo será cuesta abajo.Llegan las primeras visitas de parientes y amigos. María está convencida que los demás ven a lactancia materna como la quintaesencia de la maternidad. Ella es ahora “la madre” y sabe qué es lo mejor para su hijo. Sin embargo, se encuentra justo en medio de un fuego cruzado de los temibles “consejeros expertos”…Durante las primeras visitas se avergüenza de dar el pecho delante de los demás, por lo que cada hora se retira a su habitación para dar a Gabriel de mamar. No obstante, desde la habitación escucha perfectamente los comentarios de su madre, de su suegra, de las tías y de las vecinas. “Pero ahora no le tiene que dar el pecho tan a menudo. Yo le daba 10 minutos cada pecho y con un intervalo de tres horas” “De esta manera lo está malcriando, le debe dar desde pequeñito reglas” “¿Pero por qué no le da un buen biberón de manzanilla y así le duerme por tres horas?” “Es que, sabes, ahora la moda de la lactancia materna es así”, “¿Pero dónde está el chupete? Yo a los míos les he dado el chupete nada más nacer y siempre estaban tranquilos”.A María le gustaría ir ahí y tirarlas con la primera cosa que tuviese a mano. María sabe casi todo sobre lactancia materna, lo ha leído todo. Sabe que está haciendo la cosa justa.¿Pero por qué los demás no me felicitan por lo que estoy haciendo? ¿Por qué no hacen otra cosa que criticarme?Pasados los días María se hace es más determinada y atrevida. Incluso recibe a las visitas en el salón mientras le da el pecho a su hijo. La madre, después la regaña “¿Pero no te da vergüenza dar el pecho delante a tu tío José?! Es una persona anciana, ¡un poco de respeto! Pareces una cualquiera...”. Sin embargo, la madre de María no sabe que tío José, siendo anciano, ha disfrutado de la lactancia materna hasta los dos años de edad, y como él, sus numerosos hermanos y hermanas. Era normal que su madre estuviera por casa con una teta fuera y un bebé pegado. Y ver a María que da el pecho le ha traído gratos recuerdos de su madre y sus hermanos.No obstante, las certezas de María son cada vez más frágiles y comienza a vacilar. Todos a su alrededor no hacen otra cosa que llevarle la contraria. Incluso Miguel empieza a dudar de ella. ¿Y si los demás tuviesen razón?... Las madres, suegras, tías y vecinas han criado a varios hijos, saben bien cómo funciona, ¿o no?María y Miguel confían en que la primera visita al pediatra podrá resolverles sus dudas.Todos los médicos saben que la lactancia materna es importantísima para la salud del niño, ¡el pediatra será un valioso aliado!El pediatra es amable, cordial, cariñoso con Gabriel. Pregunta cómo está siendo alimentado el pequeño y María le dice con una sonrisa de oreja a oreja “Únicamente con leche materna, por supuesto”. El pediatra distraído dice “Ah, bien, bien. Pero practique la lactancia materna a demanda, eh? Sabe lo qué es, ¿no? Pero al menos espere tres horas entre una toma y la otra, de lo contrario el pequeño Gabriel podría sufrir algunos cólicos. Sabe, la leche nueva se sumaría a la leche en fase de digestión y esto produce meteorismo. Ah, si usted no tuviera bastante leche, use esta marca de leche artificial, es muy buena, las dosis y las demás instrucciones las encuentra dentro de este paquete de prueba que contiene además varias papillas para después de los tres meses”. María y Miguel son un mar de dudas.¿Qué quiere decir con lactancia materna a demanda, pero cada tres horas? ¿Y si me la pide antes de las tres horas? Gabriel come cada hora, como máximo dos… En el curso pre-parto la comadrona decía que cada vez que me lo pidiera se lo diera... pero… sabrá más el médico de la comadrona, ¿no? ¿Y por qué me ha dado las indicaciones de la leche artificial? ¿Sólo mirándome sabe que mi leche va a desaparecer…?María cae en una confusión total. Afortunadamente recuerda que su prima tiene tres hijos y les ha dado el pecho durante mucho tiempo.Quizás ella sabrá cómo darme una mano, cómo ordenar mis ideas.Por fortuna es así: su prima le da seguridad, le dice que está siguiendo el camino justo, que no tiene que escuchar los consejos de los demás.María continúa con la lactancia materna con entusiasmo. Gabriel come a menudo y crece maravillosamente.Pero las ya habituales “consejeras expertas”: madres, suegras, tías y vecinas… no toleran que María dé el pecho incluso cada hora. “No, no, así no va nada bien. En mis tiempos se esperaba tres horas”. Y pronuncian la frase mágica: “María si sigues así te vas a secar”.¿Pero qué quiere decir “que me voy a secar”? Que yo sepa en el diccionario de medicina esta patología no existe.Y continúan con una serie de consejos no solicitados (manzanilla, chupete con azúcar o con miel, déjalo llorar que así se le agrandan los pulmones…). Pero María se encuentra estupendamente, un poco cansada, claro está, porque por la noche no duerme mucho y necesita todavía adaptarse a los nuevos ritmos. Pero ella está bien así, ¿a los demás qué les importa?¿Gabriel llora…? “Obvio, tu leche le hace daño. Seguramente es demasiado grasa y le hace daño”.¿Gabriel tiene “todavía” hambre? “Es evidente que si tiene hambre tan a menudo es porque tu leche es demasiado ligera, será agua. ¿Por qué no le das un poco de biberón? Que yo sepa no ha matado nunca a nadie, ¿sabes? Mis hijos han crecido estupendamente gracias al biberón”. “¿Hasta cuando tienes intención de seguir adelante con esta historia de la lactancia materna? De todas formas después del tercer mes la leche es agua, no entiendo esta obsesión tuya”. “Gabriel ya casi tiene tres meses, ¿por qué no le das un poco de manzana? Cuando tú eras pequeña el pediatra me dijo que te tenía que dar la manzana apenas cumplidos los tres meses. ¿No querrás que crezca sólo con tu leche?”. “¿No le das un poco de agua? Pobrecito mío, ¡se va a morir de sed!”.¿Pero no me has apenas dicho que mi leche es agua?Por fortuna María ya no se deja convencer tan fácilmente y, después de su confusión inicial, estas afirmaciones sólo le provocan risa. Ahora se reúne con otras mamás de un grupo de apoyo a la lactancia materna. Es increíble que para encontrar a alguien que te secunde en la lactancia uno tenga que asistir a las reuniones de grupo, ni que se tratase de una sociedad secreta. Es allí donde descubre que su historia es idéntica a la de muchas otras mamás.Pero si durante todo el embarazo todos me decían que dar el pecho es un derecho, que es bueno para mí y para el niño, que es un objetivo de gran importancia para la salud pública… ¿por qué todos, desde el pediatra a la vecina de casa, me llevan la contraria?María sabe que la vieja escuela, esa para la que dar el pecho es sinónimo de malcriar, es un hueso duro de roer. Será un problema cultural, será por los intereses económicos ligados a la leche artificial… pero es así.Gabriel ha cumplido cuatro meses, llega una de las famosas “crisis de crecimiento” para la cual María está preparada. Gabriel mama más durante estos días y los lobos están al acecho… “Señora, su leche no es suficiente. Mejor que comencemos con el destete: la primera papilla se la da a la hora de comer, dentro de dos semanas también a la hora de cenar”. María se ha hecho astuta y dice al pediatra “Pero la OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta el sexto mes cumplido, y además Gabriel no está listo, ¿no ve que aún no sabe sentarse?” “Señora, la OMS escribe estas cosas para los niños de África que no tienen nada para comer. Pero afortunadamente nosotros podemos darle los potitos, alimentos seguros, perfectamente equilibrados y muy fáciles de digerir y…”. Llegados a este punto María no escucha más y recuerda aquella vez que le ha dado un potito de carne al gato porque se había hecho daño en la boca y no podía masticar… el gato lo ha olfateado y ha mirado de reojo a María, dejando tal cual el potito.María, al contrario desgraciadamente de muchas de sus amigas, no se deja engañar. Espera que su bebé esté listo para comer otro tipo de alimentos y, de hecho, casi a los seis meses, Gabriel mete las manos en el plato de su padre y se come un par de trozos de zanahoria. La lactancia materna continúa tranquila y poco a poco Gabriel come más alimentos sólidos.Los lobos que la rodean están estupefactos: “¿Pero come ya papillas y tu sigues dándole el pecho? ¡Cuando se empieza con las papillas la leche de la madre ya no es necesaria! ¡Es aún más inútil que antes!”.La frase que escucha más a menudo es “¿Todavía le das el pecho?”.Pero si Gabriel es aún un bebé de ocho meses, un cachorro, ni siquiera gatea, ¿qué hay de extraño? ¿Qué debo darle entonces?¡Pero si resulta obvio! “A vosotros de pequeños os daba la leche de vaca, pero de la buena ¿eh? La mezclaba con un poco de agua porque sino no la digeríais”.Si no la digeríamos sería por alguna razón…Gabriel mama también por la noche, una o dos veces. A María no le supone ningún esfuerzo ya que Gabriel duerme junto a ella. Cuando se despierta, ella descubre un pecho, él mama y en seguida los dos vuelven a quedarse dormidos. Sin embargo, algunos presionan para que le dé el biberón, de noche. Un detalle importante es que para darle el biberón, es necesario levantarse, prepararlo, calentarlo. Y, mientras tanto, con toda probabilidad Gabriel llorará porque tendrá hambre.“Pero de esta manera podrías compartir con el padre esta experiencia…”.¿Y por qué? ¿Tal vez alguien ha pensado alguna vez en dar patadas a un hombre en el estómago para “compartir la experiencia de los dolores menstruales”? ¿O de hacer Dios sabe que cosa para “compartir la experiencia de dar a luz”? ¡El papá es un papá, no un mamo!Nos acercamos al primer cumpleaños de Gabriel. María ya está acostumbrada a que cualquier cosa que le sucede a ella o a Gabriel los demás la atribuyen a la lactancia materna… Desde los granitos en la nariz a la piel seca, si le pasa algo a Gabriel es por culpa de la leche de María, si, en cambio, es a María es porque le da el pecho a Gabriel. María se ríe, ella es una persona informada y, si tiene dudas, pregunta a una especialista en lactancia. Pero también sabe que la mayor parte de las madres caen en estas trampas y, por desgracia, dejan de dar el pecho.Gabriel cumple un año. A la fiesta de cumpleaños invitan a parientes y a amigos. Ella, que tiene buen oído, escucha los comentarios que los demás hacen a sus espaldas “Pero bueno, ¿le da todavía el pecho? Está obsesionada, ¿no se da cuenta que su leche ahora es agua? Lo hace por puro egoísmo…” “Así el niño no se despegará nunca de ella, tendrá problemas psicológicos, ya verás cuando empiece a ir a la guardería” “Yo he oído que dar el pecho a los niños varones durante más de un año les lleva a convertirse en homosexuales”. María intercambia una mirada con su marido y su prima, la que tiene tres hijos. No pueden contenerse y los tres ríen a carcajada limpia. La mayoría no saben que Gabriel ya va a la guardería, ya que María ha tenido que volver al trabajo, las maestras dicen que es un niño muy sociable, tranquilo y que siempre está contento. Después llegan los consejos de las amigas, de aquellas que no tienen hijos “Tienes que reapropiarte de tu cuerpo, de tu femineidad” “Así eres mucha mamá pero poco mujer”.¿Pero qué dicen? ¡Una madre es una mujer por definición, mientras que lo contrario no es cierto! Y mi pareja nunca me ha reprochado nada. ¿Pero por qué son todos tan generosos a la hora de dar consejos no requeridos, mientras que si una tarde necesito que alguien esté con dos horas Gabriel porque quiero ir a la peluquería, desaparecen todos mágicamente?Llegados a este punto, a menos de estar con amigos, pero de los de verdad, María prefiere “ignorar” el hecho de que aún da el pecho. Está harta de ver ojos desorbitados, escuchar consejos de perfectos desconocidos y comentarios absurdos y sarcásticos a sus espaldas.María le ha dado el pecho a su hijo hasta que ambos han querido, independientemente de los comentarios de los demás.Si María tendrá otro hijo estará más preparada, acallará a los malos consejeros y quizás su experiencia podrá ayudar a otras mamás. Ha comprendido que respecto a la lactancia materna sin duda las cosas están mejor que hace treinta años, pero todavía queda mucho, ¡muchísimo!, camino que recorrer.No es posible que una madre, para dar el pecho a su hijo, deba luchar como una leona y esquivar mil trampas y engaños. ¡Debería ser lo normal!


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