Fotografía: MataperreaEl Perú es un país racista, hay que decirlo con todas sus letras. Esta realidad responde a la colonialidad arraigada en las estructuras sociales y en las formas de pensar. La hegemonía de lo blanco ha construido una retórica excluyente que ha costado dolor y sangre y hoy sigue cobrando vidas. No se puede seguir permitiendo que esa violencia se reproduzca, que continúe la segregación y el maltrato por el color de piel. Por ello, denunciamos el racismo que sacude el país este 2026.
Denunciamos que estas elecciones están manchadas por el racismo y el clasismo más obtuso del país, que utiliza la colonialidad como arma política, que usa el odio para ganar votos, reproduciendo mentiras y estereotipos que atentan contra los ciudadanos del ande. La ultraderecha ha insultado, maltratado y denigrado a nuestros pueblos. No contenta con ello, pretende anular los votos de Cajamarca y el sur del país, apelando a miserables discursos como «no saben marcar» o «no saben votar». Esto resulta peligroso para los procesos democráticos y constituye una falta de respeto a las elecciones.
Una mujer con pollera no es motivo de burla. Una mujer con pollera es nuestra madre o abuela: una mujer que cuida, que cultiva la tierra, que habla una lengua indígena. Una pollera no es sinónimo de ignorancia, pobreza o incapacidad. Una pollera es historia, sincretismo andino, cultura y arte. Una pollera no será manchada por el racismo. Sin embargo, lo que se está cometiendo contra Brígida Curo es, justamente, misoginia, machismo y un brutal racismo.
Los streamers y demás figuras del Internet con millones de seguidores hacen uso del amarillismo y el show para ensuciar y agredir a ciudadanos de zonas rurales. Expulsan improperios y calumnias abiertamente contra nuestros hermanos y hermanas del ande por haber votado en contra de sus intereses. No es un caso aislado. Se trata de un grupo grande: pseudocomunicadores que solo se dedican a descalificar y a cometer delitos de racismo.
Ser andino, andina, cholo, chola o marrón no es un signo de vergüenza. Nuestro color de piel lo llevamos con orgullo, así como nuestra historia, conocimientos y saberes. Hay una terrible hipocresía en las ciudades, sobre todo en Lima, donde las personas afirman sentir orgullo por Machu Picchu, las danzas y la comida o comercializan prendas y arte andino, pero desprecian a sus poblaciones.
Desde las artes y las culturas denunciamos estas situaciones alarmantes que solo agudizan las brechas en el país, destruyen la democracia y afectan a nuestros pueblos andinos, indígenas y amazónicos.
Al pensar las culturas como algo inscrito en jerarquías, podemos cuestionar esta verticalidad, observarla y analizarla. Este manifiesto propone visibilizar las grietas para abrirnos hacia nuevas posibilidades de reproducción de la realidad y salir de la repetición de lo mismo. Desde este frente, entendemos la comunicación como una herramienta capaz de demostrar la arbitrariedad del poder que cuestiona el voto rural y no quiere aceptar que todos somos iguales. En este país es necesario historizar las verdades y problematizarlas, observar críticamente quiénes vigilan estas verdades y deconstruir este sistema colonial, racista, clasista e inhumano.
