Nunca necesitaste dejar huella para marcar la diferencia; sin embargo, yo enmarqué todas ellas, o al menos las que yo consideraba que eran, porque también hay huellas de carne y hueso.
Y aquí sigo… con la vista hacia la ventana de lo que un día nos prometimos, siendo retumbada por el tic tac de la aguja del reloj en cada segundo que deja, me le quedo observando fijamente a la ensordecedora esfera, siento que me pregunta «¿Qué esperas?,» no veo la hora en que marques la diferencia, le dije.
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