El mundo está lleno de gente especial. Sí, seguro, solo tienes que fijarte un poco o pararte a pensar en ellos.
Tan simple como esas personas que te abren la puerta para que pases, los que dan los buenos días al cruzarse contigo por la calle o esos que ves ayudando a cruzar a una persona cuando el semáforo está en rojo.
Sí, seguro que has notado la calidez de las palabras de alguien que, sin apenas conocerte te hacen sonreír aunque no tengas ganas, que no se dan por vencidas hasta que lo consiguen. Las hay.
Esas que en cualquier momento de tu vida laboral o académica han dedicado una parte de su tiempo para invertirlo en ti, sin esperar nada a cambio, quizá por la satisfacción de ver como creces en tu vida y te haces una persona de bien.
Pueden ser también las que te frenan en un momento de ira, las que te calman para invitarte a reflexionar con un “mañana lo verás de otra forma”, y aunque la mayoría de las veces se llevan la peor parte de tu enfado, siguen ahí al día siguiente para recordarte que hiciste bien en hacerles caso y no cometer un gran error.
También son las que te secan las lágrimas cuando lo pasas mal, ese abrazo de alguien que no esperas justo cuando más falta te hace, las manos que te levantan cuando estás abatido, esas que son el aliento cuando te ahogas en llanto, sí, esas que cogen los trozos de tu corazón y se encargan de pegarlos trocito a trocito hasta dejarlo casi como estaba. Día tras día.
Puede ser esa persona con la que hablas a diario, que te aconseja, que te anima cada día y que te conoce más que muchos de tus amigos sin ni siquiera haberle visto la cara, porque conocer no siempre es ver. Y siempre tiene un sabio consejo del que pasado un tiempo te alegras de haber seguido.
Seguro que les has visto alguna vez, mediando en una pelea en la calle, en una discoteca, atendiendo a alguien en mitad de la acera, o en la carretera, haciéndose cargo de la situación como si te conociese de toda la vida, preocupándose una vez en casa o dentro de un hospital de que todo esté bien.
Son aquéllas palabras que te dicen, las voces de su experiencia que sufren en sus carnes cuando te ven pasar por lo mismo que han pasado ellos y se dejan la piel porque no te pase a ti, sin interés alguno, evitando que el dolor haga mella en tu corazón.
Son esas que con pequeños gestos hacen grandes cosas que nunca olvidas, las que te gusta recordar, las que viven en ti, esas personas especiales que al marcar la diferencia te marcan para siempre.
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