Una bailarina sin sus zapatos de punta es
como un poeta sin penas ni glorias,
sin maremotos donde hundir su mente,
sin calma para andar sobre sus aguas.
. . . Había veces que nos refugiábamos bajo sus sábanas… — ¿Te sientes feliz a mi lado? — Me decía con esa sonrisa gracias a la cual descubrí que el mundo me había dado la cara.
— ¿Qué te pasa? — Frunciendo el ceño de esa forma que hacía que mi latido no cupiese en el pecho. —Mírame bien, por favor. —Siempre he querido escribir el verso perfecto sobre tu piel y cubrir de delicadas sinfonías tu cuerpo. Yo sé que puede parecer extraño, pero hay ocasiones que si aprieto fuerte mi cerebro siento tu aroma cuando ando por la calle como si fueras de mi mano, como solemos hacer. — ¿A dónde quieres llegar? Tú ya me haces la mujer más feliz del mundo. Ambos sabíamos que bajo esas sábanas de lino algo iba a cambiar. —Yo voy más allá del amor, voy a tatuar en tu mirada los gritos que llevo conmigo cada día, las explosiones de rabia en forma de tu recuerdo que me hacen abrir los ojos y respirar, dios… te juro que saltaría de la luna y ni de lejos llegaría a sentirme tan ahogado antes tus aguas, como siento cuando me hundo en tus labios.
—Por favor, acaríciame los pies en el fondo de esta cama. —Dios, siento citarte tanto pero no puedes ni soñar con el gesto de su cara cuando me dice esa frase. —Veo que sabes a donde quiero llegar, mi amor. Me muero por no poder dividir los segundos en infinitas fracciones, de no poder quererte más aún en esos instantes de tiempo tan bellos, como tú. —Por favor, no sufras y hazme el amor una vez más. . .
✽ ✽ ✽ ✽
. . . Recuerdo esta conversación del pasado verano cuando estoy tumbado en mi camarote viendo como sube el nivel del agua salada y como moja todos mis pertenencias, mientras naufragamos. La situación se complica, y en lugar de achicar agua con todo mi alma, únicamente puedo resignarme a cavar plácidamente mi tumba en el recuerdo más bonito de toda mi vida.
¿Dónde se separa la luz y la oscuridad en la vida? Un día estas rendido a los pies de una persona pensando que nunca nada va a cambiar para vosotros, recorréis juntos la vida de la mano y llegáis a viejos habiendo soportado el peso de mil inviernos, vientos gélidos y la brisa del mar; abres los ojos y la muerte te ha alcanzado, como una gaviota alcanza la costa después e un largo viaje por el vasto océano.
No puedo decir que la vida sea justa o injusta, dado que justo cuando piensas en eso estás escapando de la misma. La vida es como es, es azarosa, magnífica, salvaje; y ahí recae su belleza.
Estoy dispuesto a seguir viviendo con toda la fuerza del mundo o irme al más allá si este maremoto quiere poder conmigo, con todo lo que soy. Estoy dispuesto, siempre, pero me invade una sensación muy extraña en el cuerpo. ¿Es miedo? ¿Acaso tengo yo miedo? No puedo tener miedo si he aceptado lo que me depare la noche y el día, el sol y la luna, el giro de los astros y el latir de mi corazón. Si, tengo miedo, porque hay personas que no están listas para dejarme marchar, hay mentes y corazones que me aman y lo darían todo por mi; no son muchos, pero son los suficientes para luchar contra todo pronóstico y contra todo futuro escrito hace mil años por los ancianos del tiempo.
Estoy decidido a quedarme aquí, porque te tengo a ti mi amor, la vida más pura de la tierra, más suave que la cadencia de las olas un día de mar calma, más bestia y salvaje que aquel volcán que arrasó tantos poblados y se llevo tantas vidas.
Estoy aquí tumbado en la fría madera de la cama de mi camarote, debatiéndome entre la vida y la muerte, mientras tu estás en nuestra casa, descansando feliz en nuestro lecho pensando que nos quedan dos días para volver a rozar nuestros labios frente a la chimenea mientras el fuego crepita al quemar nuestros pecados.
Voy a saltar por la borda de la vida, voy a escapar del cuerpo como las lágrimas cuando mi abuela se despidió para no volver jamás, firmes y seguras haciéndome hombre, dejándome listo para vivir mi vida, amar y querer.
Duerme tranquila, amor mío, en dos días estaré en casa, voy a salir de esta pesadilla que me ahoga y voy a amarte hasta el último de nuestros días. . .
[ Para los amantes de la música, he aquí un sentimiento – The Rising Sun – Soothsayer ]Visita el perfil de @ZayasTruelove
