Revista Cultura y Ocio

Maridajes

Publicado el 11 marzo 2015 por Charo
MARIDAJES
    Comida. Solo de pensar en ella se me hace la boca agua. Pero así estoy siempre, con mi lengua nadando en un mar salado porque la comida me persigue en cualquier momento del día y de la noche. A veces sueño que  las calorías son enanos pequeñitos y gordos que se agarran a mis caderas y de los que no consigo desprenderme. No puedo soportar a la gente que nunca  tiene ganas de comer, que siempre está desganada, que se come una aceituna y ya está llena.   Además, todo lo que me gusta es hipercalórico: patatas fritas, hamburguesas, pizzas, dulces… Pero hay una cosa por encima de todo que me hace perder el sentido: el chocolate. Si me dijeran, pide un deseo....yo pediría poder comer todo el chocolate que quisiera sin engordar. Me gustan todos los tipos y variedades de chocolate excepto el negro con más de un 70%de cacao puro ¡Puaj! ¡Eso no hay quién se lo coma! Para mí eso no es chocolate, es directamente un suplicio.    Pero hay algo que me gusta casi tanto o más que el chocolate: los hombres. Desde que vi  a Charlie supe que tenía que hacerlo con él. No fue difícil .Soy bastante mona y aunque esté mal decirlo, no tengo ninguna dificultad en llevarme a un hombre a la cama. Es verdad que tal y como vienen se van pero bueno, en la variedad está el gusto, igual que con el chocolate. La primera vez que lo hicimos, después de tomar unas cuantas copas, fue en su casa. Yo lo prefiero,  porque así, por la mañana, me despierto y me voy mientras que si lo hiciéramos en mi casa tendría que estar a expensas de que él quisiera marcharse.    Pero perdona, que me voy por los cerros de Úbeda y no te cuento lo que de verdad quería contarte.    Yo quería probar una cosa nueva y Charlie me pareció el tío perfecto. A él también le gustaba experimentar en la cama y ya habíamos probado algunas cosas que ahora no te voy a contar porque no vienen al caso. Un sábado por la noche lo invité a cenar a mi casa diciéndole que yo me encargaría del postre y que él trajera  algo para picar. Naturalmente aceptó la invitación.    Un par de horas antes de la cita comencé a hacer los preparativos. Degustar el chocolate consiste en experimentar, analizar y apreciar sus características con los cinco sentidos. Es importante recordar que la temperatura y humedad del ambiente pueden repercutir en la degustación. Esta idea básica que aprendí en un curso de coberturas de chocolate estaba presente en mi cabeza en todo momento. Era verano y hacía un calor espantoso, así que lo primero que hice fue poner el termostato del aire acondicionado a 21 grados. Coloqué tres cacerolas en el fuego, cada una con un bol al baño maría y empecé a derretir las tres variedades de chocolate que iba a utilizar. Puse el fuego al mínimo para  mantenerlos a una temperatura constante hasta el momento de ser utilizados. Después me duché, me puse ropa interior sexi y un vestidito negro que me quedaba muy bien. Charlie, que por cierto no se llamaba así, llegó puntual con una bandeja de sushi y una botella de Monte Blanco de Ramón Bilbao. Yo no sé si este vino era el adecuado para el sushi pero a mí la combinación me gustó bastante. Nunca había comido sushi y me resultó muy divertido intentar comerlo con los palillos sin que se cayera. Charlie me lo daba a mí y yo a él, aunque creo que en Japón esto está muy mal visto. A mí me parecía muy insinuante ver como abría su preciosa boca para aceptar el bocado y yo lo dejaba caer justo antes de que tocara sus labios. Nos reímos mucho. Cuando terminamos lo llevé a la habitación y le dije que el postre había que tomarlo allí. Rápidamente  me desabrochó el vestido que cayó a mis pies, pero no lo dejé continuar. En ese momento él ya estaba bastante excitado pero le hice prometer que se dejaría hacer. Lo desnudé despacio mientras notaba cómo su excitación aumentaba a medida que iba quitándole la ropa. Yo lo llamaba Charlie porque se me parecía a Johnny Depp en la película de la fábrica de chocolate, aunque sin ese pelo claro, bueno, ya sé que Johnny Depp no es Charlie pero da igual. Mi mente a veces hace extrañas asociaciones. Te lo digo para que trates de imaginarte  cómo era. Estaba depilado completamente. Yo también estaba excitada pero por otros motivos. Por fin iba a conseguir degustar los seis sabores mezclados a mi gusto. No puedo decir en mi defensa que no estuviera premeditado. Hacía mucho tiempo que deseaba hacerlo.    Lo hice tumbar en la cama encima de una toalla blanca que había colocado previamente. Le  vendé los ojos, le até las muñecas con una cuerda a los barrotes de la cama y fui a la cocina a por el chocolate. Parecía estar a la temperatura adecuada. Puse los tres recipientes en el carrito junto con los instrumentos necesarios para llevar a cabo el experimento. Mientras lo llevaba hacia la habitación el aroma de los chocolates inundaba todo el recorrido.   Yo ya había probado el sabor del sudor de Charlie, tenía una ligera acidez con sabor a limón. Por eso decidí combinarlo con el sabor del chocolate con leche. Diminutas gotitas de sudor cubrían su piel cuando muy despacio comencé a derramar el chocolate primero en su ombligo para después continuar haciendo círculos a su alrededor en una línea fina.  Acerqué mi lengua al final  e hice el recorrido inverso lamiendo el chocolate mezclado con el sudor que le daba el puntito justo de acidez al extremo dulzor del chocolate. Mientras tanto Charlie chupaba los dedos mojados en chocolate que yo le metía en la boca. Claramente estaba disfrutando  pues su miembro iba aumentando por momentos.    Cogí entonces una brocha que tenía en el carrito y la introduje en el bol del chocolate negro. Una gota cayó en la blanca toalla cuando llevé la brocha hasta su pubis y lentamente fui pintando con una capa espesa de chocolate todos sus genitales, extendiéndola hasta casi el ombligo. El simple movimiento de la brocha impregnada del espeso líquido parecía producir en Charlie un placer inmenso a juzgar por sus palabras y gemidos que ya te puedes imaginar. Sin utilizar las manos porque no quería manchármelas, le hice una felación chupando el chocolate con ansiedad hasta que Charlie se dejó ir. El semen de Charlie tiene un sabor dulce, creo que eso depende mucho de la alimentación de cada hombre, y las gotas cayeron encima del chocolate negro formando un cuadro abstracto maravilloso al que titulé: blanco sobre negro. Después mezclé en mi boca el sabor dulce y el amargo chupando de nuevo todo el chocolate del abdomen de Charlie. La combinación era sublime. Con la boca y la cara manchadas de negro me acerqué a Charlie y nos besamos con pasión  durante un rato. Ahora viene lo mejor, le susurré  muy excitada, el chocolate blanco es mi preferido. Con una brocha nueva, pinté a Charlie con el espeso líquido blanco desde el pecho hasta el cuello donde busqué el palpitar de su yugular con mis labios y le hice  un pequeño corte con el afilado cúter que llevaba en la otra mano. Charlie creyó que lo había mordido y dejó escapar un gritito de dolor. La sangre, roja, empezó a brotar y a caer en un pequeño reguero  sobre el chocolate blanco. La visión era hipnotizante. Antes de apreciar su sabor, me llegó el aroma a óxido que tanto me gustaba y cuando por fin saboreé la mezcla del dulce extremo con el sabor acre y salado de la sangre supe que ya no podría dejar de hacerlo. Entonces Charlie empezó a gritar y a moverse como un loco. Tuve que callarlo.   Por eso estoy aquí, por mezclar sabores.                  

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