Revista Cultura y Ocio

Marihuana para los pájaros, por Raúl Núñez

Publicado el 22 abril 2012 por David Pérez Vega @DavidPerezVeg
Marihuana para los pájaros, por Raúl Núñez Editorial Baile del Sol. 209 páginas. 1ª edición de los poemarios 1970-1983. Ésta edición de 2008.
Hace ya 4 años, cuando Baile del Sol, publicó esta poesía reunida de Raúl Núñez (Buenos Aires, 1946 ó 1947 – Valencia, 1996), bajo el título de Marihuana para los pájaros (palabras tomadas de uno de sus versos), recuerdo haber leído comentarios elogiosos sobre este autor en el blog Hankover (lo tengo enlazado a la derecha), gestionado por los escritores Vicente Muñoz Álvarez y Patxi Irurzun. Hankover, que ahora funciona como un fanzine literario, nació para promocionar un libro donde un grupo de autores rendían un homenaje a Charles Bukoswki, narrador y poeta con el que Vicente Muñoz Álvarez relaciona a Raúl Núñez. En su blog, Muñoz Álvarez escribe sobre Núñez: “Un autor al que venero con especial devoción, el heredero hispano de la Beat Generation y el pionero del realismo sucio en nuestro país”.
Me informé sobre Raúl Núñez y pronto me llamó la atención su poderosa aura de autor maldito: su poesía -publicada en España en la década del 70 y el 80 del siglo XX- sobrepasado ya el año 2000 estaba casi olvidada, salvo para un grupo de incondicionales y amigos; y sus textos descatalogados eran muy difíciles de encontrar. Gracias principalmente a la labor de Alfons Cervera y de Uberto Stabile, poetas y amigos de Raúl Núñez (autores además del prólogo y del epílogo, respectivamente, de Marihuana para los pájaros), se han podido reunir sus innecontrables libros de poesía y una editorial pequeña, pero con un fuerte afán de difusión cultural, como es Baile del Sol, pudo publicar en 2008, en un solo volumen, sus 5 títulos de poesía (más un poema inédito). Y lo curioso es que si se habló –siempre a un nivel restringido- de este rescate de Raúl Núñez hace unos pocos años, para la mayoría de los interesados en la literatura fue una sorpresa; fue, por completo, la aparición de un nombre nuevo. Yo, sin ir más lejos, no había oído nunca nada sobre él, y lo extraño, lo que convierte su olvido en algo sangrante, es que durante al menos algunos años de la década de 1980 Raúl Núñez tuvo que gozar de cierto éxito literario: dos de sus novelas, Sinatra. Novela urbana (1984) y La rubia del bar (1986) las editó Anagrama, y además, ambas, tuvieron su adaptación cinematográfica; la segunda dirigida en 1986 por Ventura Pons y la primera por Francesc Betriu en 1987.
El año pasado, a la hora de cobrar mis derechos de autor por la publicación de mi novela Acantilados de Howth en Baile del Sol, le pedí unos cuantos libros a la editorial, entre los que estaba Marihuana para los pájaros, que reúne los siguientes libros de poesía: San John López del Camino (1970-1971), Poemas de los ángeles náufragos (1969-1970), Cannabis flan (1983), Jougla rock (1971-1972) y People (1974).
Lo primero que me ha llamado la atención de Marihuana para los pájaros es que los poemarios no están ordenados de forma cronológica. Especulo que esto se debe a la búsqueda de un equilibrio para esta compilación: los dos últimos libros son bastante diferentes a los otros tres.
Yo, para facilitarme la tarea, los voy a comentar por orden cronológico:
Poemas de los ángeles náufragos (1969-1970) está escrito cuando Raúl Núñez cuenta con unos 22 ó 23 años; y ya los dos primeros versos marcan el carácter marcadamente beatnik o hippy del poemario: “No estrangules al policía / con las cuerdas de tu guitarra, hermano” (pág. 43). Abundan aquí los poemas narrativos, y varios tienen lugar en la estación de trenes de Hamburgo (estos me han gustado además de por su interés literario por un tema personal: yo conozco esa estación y, aunque no al nivel de Raúl Núñez, también me sentí un tanto desesperado en ella). Estos poemas, en los que acompañamos al poeta por su vagabundeo europeo (Alemania, Suecia, Francia…) además de algunas evocaciones porteñas, me han recordado, por su vocación de aventura desesperada, a algunas páginas de Jack Kerouac, o de Allem Ginsberg, a los que se evoca, y también a los poemas más narrativos de Charles Bukoswki. Además combinan un interesante juego posmoderno -ya que existe poemas donde se habla de la soledad de Superman o del abandono que sufre una máquina de Coca-cola- con una crítica a la actualidad política del momento, sobre todo a la guerra de Vietnam.
Dejó aquí uno de los poemas que más me han gustado de este poemario:
POEMA EN EL BAÑO
No sé si hablar ahora
de las hormigas sobre el rostro
de un guerrillero muerto
en Venezuela o en Colombia,
no sé si hablar de Vietnam
donde la selva brilla de Napalm
bajo la luna
porque quizás no pueda resistir
ahora
hablar de mí
o de mi país
o del día de ayer en la estación de Hamburgo
donde pasé el día y la noche,
de la muchacha del puesto de revistas
que me sonreía
cada vez que pasaba delante de ella
y tampoco sé
si escribirle un poema
al vaso de leche
que le pagué a un muchacho alemán
porque pensé que era
esquizofrénico o idiota
o a mi país
porque hace un rato
en el quiosco que vende frutas
del hall de la estación
vi tres manzanas decoradas
en un platito con papel de seda
y una estampilla que decía
manzanas argentinas.
Ahora estoy confundido
y quisiera
que mi amigo Fernández estuviera aquí
y me hablara de Artaud
o de Jacques Vache,
mientras toma yoghourt
y fuma Monterrey;
porque estoy sentado en el piso
del baño del bar de la estación,
después de haber pagado 0,20 pfennig
para entrar
y estoy muy bien
porque aquí no hace frío
y hasta los azulejos verdes están tibios,
pero esto es muy raro
porque un día elegí el mar
y ahora el mar se terminó,
y escribo un poema en un baño
porque no tengo un marco
para tomar café y escribir
en una de las mesas del bar.
Me pregunto si todo esto está bien,
si estoy haciendo algo por el hombre
y sé que me puedo quedar
mucho tiempo aquí,
porque el encargado de cuidar los baños
es viejo y duerme,
porque son las siete de la mañana
sin darse cuenta que hay alguien
que está escribiendo hace media hora
en uno de los baños,
y como estoy demasiado confundido
y mi amigo Fernández está lejos
y el encargado tiene demasiado sueño
y pienso
que va a pasar mucho tiempo
antes que despierte,
voy a seguir aquí,
pero temblando
por este poema
y por este momento he que elegido
escribir tibiamente en un baño
este poema
que es sólo una pregunta
mientras afuera se matan
los hombres que no escriben.

San John López del Camino (1970-1971) es primer poemario con que nos encontramos al abrir Marihuana para los pájaros, y al leer el poema inaugural –titulado igual que el poemario- anoté en el post-it con que marco por dónde voy cuando dejo el libro: “Lorca-Whitman” porque el tono me recordaba al del poema de Federico García Lorca titulado Oda a Walt Whitman, y pensé que mi intuición había sido cierta cuando unos cuantos poemas más adelante, en la página 23, en el poema Mi bella durmiente de amor que estás en el mundo, Núñez evoca a Walt Whitman con versos que parecen un homenaje al citado poema de Lorca. Por ejemplo, escribe Núñez: “Mi bella durmiente de amor / que estás en el mundo / yo le voy a decir al viejo Whitman / que no finja estar muerto / y que con su barba mojada de lluvia / te escriba su poema / para que te despiertes” (pág. 23). Escribe García Lorca en su poema, unas cuantas décadas antes: “Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman, / he dejado de ver tu barba llena de mariposas”.
Los poemas de San John López del Camino vuelven a incidir en figuras posmodernas, muchas de ellas del mundo de la música, como Jimmy Hendrix (en el poemario anterior había poemas dedicados a Mick Jagger, por ejemplo), y el juego surrealista empieza a ser más elaborado, dejando un tanto atrás el puro realismo narrativo.
Me gusta este poema:
FRANKENSTEIN
Frankenstein hijo de adolescentes    engendrado en caminos Frankenstein solo en los supermercados    buscando amigos    la boca hinchada de amor. Frankenstein hay pequeñas niñas que te buscan. Frankenstein te han mordido los pómulos,    les han dado un miedo atroz. Frankenstein no estás solo; hay miríadas de monstruos fornicando en campos bajo la lluvia    aullando ante micrófonos. Frankenstein cantarás rock    y serás bueno.    Jimmy y su guitarra desde el paraíso.    Miles soplando,    yo golpearé techos,    qué más da. Frankie,    estaré donde vayas. Frankie,    Te espero. Frankie,    tendrás mis manos.
Marihuana para los pájaros, por Raúl Núñez
Jougla rock (1971-1972), en este poemario Raúl Núñez se vuelve más intimista y la desesperación que en sus dos libros anteriores parecía formar parte de la aventura beatnik de la juventud, ahora parece más connatural a una idea irremediable de derrota vital. En Jougal rock podemos encontrarnos con versos como estos: “Yo no haré grandes cosas” (pág. 163); “Yo estoy un poco sucio / no tengo demasiado buen aspecto / y sólo me quedan dos o tres monedas en el bolsillo” (pág. 166). Además en este poemario el amor, que en los libros anteriores parecía centrarse en una deseo de fraternidad universal, incluso con rasgos mesiánicos (que a veces me hacían pensar en Ernesto Cardenal), aquí se concreta en evocaciones de mujeres individualizadas: “Está bien, muñeca / hace cinco días que le hablo de ti a mis amigos / y que me acuesto tarde por caminar de noche como un lobo” (pág. 157).
People (1974) y Cannabis flan (1983) los dos últimos poemarios de Raúl Núñez suponen un cambio radical dentro de su quehacer poético. La voz poética -desesperada, soñadora, evocadora, ilusa, fraternal, frágil…- que conocíamos hasta ahora (si uno lee los poemarios en orden cronológico) se va diluyendo hasta llegar a unos poemas (la mayoría pequeños relatos en prosa) donde Raúl Núñez juega a la libérrima asociación de ideas surrealistas, y que a mí me han interesado y transmitido bastante menos que los libros anteriores, porque me puede interesar unas composiciones con estar características unas pocas páginas, pero pierdo pronto la concentración al leerlas. En realidad, en estos dos poemarios Raúl Núñez parece meterse en la piel de William Burroughs y escribe páginas disparatadas, como las que escribía el norteamericano bajo los efectos de las drogas para crear El almuerzo desnudo. Para ilustrar esto, voy a copiar dos poemas: El primero, No hace demasiado tiempo, perteneciente al libro Jougla rock, donde la voz poética es aún intimista (y que yo prefiero), y a continuación el poema Habitación-aguja del poemario Cannabis flan.
NO HACE DEMASIADO TIEMPO (poemario Jougla rock, 1971-1972)
No hace demasiado tiempo que iba al colegio lleno de libros y bolígrafos porque esperaba ser médico o profesor de historia. Subía a un autobús naranja al mediodía para ir a sentarme a un banco de madera y escuchar desérticas palabras desde las bocas viejas.
No hace demasiado tiempo que bailaba tibiamente en un living rosado junto a una mesa llena de Coca-Cola y tortas y soñaba casarme con una muchacha de familia respetable que oliera a perfume importado. Y soñaba, también, volver al anochecer al céntrico apartamento que estaría lleno de bondadosos suegros y cuñados que hablarían con orgullo de mis títulos y del pequeño autor que me esperaba afuera.
No hace demasiados años Todo hubiera sido más fácil en mi vida, pero ya entonces comenzaba a escribir sucios poemas en las sábanas y a tirarle huevos podridos a las limpias estrellas.
No hace demasiado tiempo que dibujé una flor en las alas de Bat-Man y subí al primer barco.
No hace demasiado tiempo que robo manzanas de los mercados y amor de los borrachos.
No hace demasiado tiempo que trato de ser un hombre más y pese a todo no comprendo muy bien por qué escribo todo esto.
HABITACIÓN-AGUJA (poemario Cannabis flan,1983)
Joe Capone –detective privado- toca el clavicordio junto a la puerta de la habitación-aguja de Popeye el heroinómano tratando de atraerlo y terminar con él, pero hasta su almizcle de albóndiga turquesa ha fracasado y sólo la portera albina ha acercado sus narices, luego de hacer un strip-tease ante Joe Capone ha muerto de pulmonía en la escalera –Greta Garbo llora por ella-. El viejo traficante de venas trata de cobrar su factura grasienta que dice veintitrés metros de venas estirilizadas en tono azul aquavelva a nombre de Popeye –y espera aturdido por el clavicordio diabólico de Joe Capone mientras irrumpe el bebé loco engendrado por Popeye bajo la luna gruyere de los muelles- diciendo que necesita ver a su padre para avisarle que han vuelto a ofrecer recompensa por su captura, y todos comienzan a discutir por lo del dinero y a pegarse en los dientes cuando aparece el Hombre de las Granadas llamado por su intención mágica, y se pone a repartir folletos en colores de soldados mutilados, pero el bebé loco lo echa enfurecido amenazándole con su pene mecánico, y el Hombre de las Granadas huye. Popeye sigue a gusto en la cama, y su andrajosa neurona amante es elegida reina en el concurso de belleza –luna de miel en los vaciaderos del hospicio- pero Joe Capone, luego de haber noqueado al bebé loco y de firmar un contrato secreto con el Hombre de las Granadas –que ha vuelto disfrazado de cartero- logra tomar la habitación-aguja, somete a Popeye a base de jiu-jitsu y pide una Pepsicola por teléfono a la YMCA. El viejo traficante de venas no ha podido cobrar su factura grasienta y será ejecutado al amanecer. The End –Marcha sobre el río Kwai-. Un caldeo mira desorientado.
Así que la publicación por parte de Baile del Sol de este libro en 2008, Marihuana para los pájaros, supone el interesante rescate de Raúl Núñez, figura maldita y perdida, que introduce en nuestra poesía una conexión con la norteamericana que yo pensaba que se había establecido mucho más tarde. Y que permiten que, al menos por unos años más, se puedan cumplir los deseos de juventud de Raúl Núñez; con estos versos finaliza el poemario San John López del Camino: “Amar la mágica incertidumbre del camino. / Veinticuatro años / y sé / que el poema sobrevivirá a todo” (pág. 39) Ya sólo falta que Anagrama se anime a reeditar sus novelas, y que alguien se lance con una novela que dejó inédita.

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