Revista Opinión

Mas cataluña, mas país vasco, igual a mas españa

Publicado el 30 junio 2015 por Polikracia @polikracia

30 de Mayo del presente año, Estadio Camp Nou de Barcelona, se enfrentan los dos equipos de fútbol mas importantes de las Comunidades Autónomas mas punzantes de España. Los tronantes pitidos sustituyeron a los acordes melódicos del Himno español. Y no fue una pitada cualquiera, fue la pitada mas intensa habida (que no por haber) en un encuentro copero. Se alcanzaron los 119 decibelios de sonido, lo equivalente a un trueno, un mega concierto de rock, o el sonido de un gran avión (no olvidar que a los 140 está el umbral del dolor humano). Ya no valen los sesgo ideológicos de grupo (Self Serving Bias), y las excusas de “son cuatro los que pitan” o “se oye mas a uno pitando que a diez en silencio” se han quedado obsoletas. No hay mayor problema que el ciego que no quiere ver, y así como no hace bien a una persona que tiene una rotura de tibia y peroné pensar que solo es un rasguño, tampoco hace bien a una nación no querer ver el desapego (o incluso odio) desde determinados territorios a los símbolos nacionales.

Metáforas a parte, las pitadas, les negaciones de saludos a altos cargos del Estado o de la Familia Real, los mensajes de odio en redes sociales, o los abucheos a símbolos constitucionales, no son mas que la punta del iceberg. Un iceberg bajo el que subyace un fuerte desapego a España y sus símbolos, y unas cifras de independentistas que, en Cataluña por ejemplo, han pasado del 18% en 2008, a un escalofriante 45% en 2015, según el CEO catalán. ¿Son ya una minoría quienes reclaman la secesión?, la respuesta es unívoca y rotunda: No.

Con este artículo no pretendo hacer ni un revisionismo histórico de los nacionalismos, pues para eso están los historiadores, ni una emotiva oda sobre el amor a España, pues para eso están los poetas, ni por supuesto un parafraseo desmedido y alocado sobre lo que dicen y hacen “los españolitos” o lo que dicen y hacen “catalufos y vascuences”, pues para eso están los charlatanes. Como politólogo -o intento de ello- pero sobre todo, como joven observador imparcial del país de donde vivo -que no neutral, pues ello supondría no tener juicios de valor, contranatura a todo animal logoi o racional-, trataré de decir cual es para mi el problema de España con las reivindicaciones nacionalistas o independentistas, y por donde pasa la solución del mismo.

No es plato de buen gusto que se mancillen los símbolos o la bandera, no al menos para mí. Pero una vez sucede, no hay ni que desvanecerse y dar por perdida la patria siendo cooperadores necesarios de esta separación, ni por embravecerse y reprimir tomando medidas coercitivas, pues ello acaba creando mas independentistas. Lo que hay que hacer es adoptar una postura reflexiva y preguntarse el Porqué de las pitadas y sobre todo el Porqué de esta falta de cohesión nacional. Para unos el origen reside en una invención por parte de televisiones autonómicas, aulas escolares, organizaciones o partidos políticos nacionalistas, y por tanto el independentismo es una falacia construida;  mientras para otros la causa es una verdadera creencia de que su región ha nacido separada del resto de España,  la desatención desde Madrid hacia territorios periféricos, o el intento por parte de los poderes centrales de acabar con rasgos culturales propios como la lengua o la cultura de esas CCAA. Pero no voy a caer en la categorización, puesto que habrá gente de todo tipo, como quien piensa que todos los que piden en la calle usan la limosna para drogas o que todos los políticos son corruptos, ni todo es blanco ni todo es negro. Pero sea por lo que sea la causa es una falta de identificación cultural, aunque algunos nostálgicos de la historia lo vean como una historia subyugada al Estado español, mientras otros homus económicus lo vean como un abuso de la Hacienda española que siempre les quita mas de lo que les da.

Hemos visto que el independentismo no ha desaparecido ni con gobiernos que dan competencias a mansalva (mas federalistas), ni con los que las preservan y se mantienen intransigentes ante las demandas de Cataluña o País Vasco. Ni el modelo incesantemente descentralizador es útil, pues acabaría dejando al Estado esquelético y sin capacidad de decisión, ni por supuesto el centralizador, pues se percibe como autoritario y lo verían desde estas autonomías como un retroceso involutivo. Por ejemplificarlo en un ámbito de sencilla comprensión trasladaré el caso a una familia. En un núcleo familiar hay que tomar constantemente decisiones como el lugar de vacaciones donde ir. Puede ser que cada miembro de la unidad familiar quiera ir a veranear a un sitio,  y ante ello el padre puede, o bien imponer su decisión ante las distintas voces (posición centralista), o bien desentenderse y decir que cada uno haga lo que quiera (posición independentista). Estas son, de forma tal vez muy simplificada, las posturas que hasta ahora hemos entendido. Pero nunca se ha probado una distinta: Que sea toda la familia quien decida.

Hay que abandonar la dinámica del tira y afloja entre Estado y CCAA por ver quien tiene o preserva mas competencias. Hay que acabar con la mentalidad que solo entiende el modelo territorial en términos de “españolizar” Cataluña y País Vasco, o continuar cediendo competencias y desembocar en la independencia. De lo que no nos hemos dado cuenta es que para que catalanes y vascos interioricen su patriotismo tal vez hay que catalanizar y euskadilizar (si es que existe el término) el resto de España. Es innegable que en estas comunidades autónomas hay un particularismo identitario muy peculiar, y de poco sirve entrar a valorar si sus razones están fundadas o no, lo que hay que hacer es dar una respuesta y crear un proyecto nacional que no remueva de forma oportunista el pasado, sino que solucione de modo ambicioso el futuro. Esta idea tan compleja y abstracta se debe traducir en propuestas prácticas y concretas que a mi humilde opinión podrían ser las siguientes:

  • Co-capitalidad de España: No puede ser que Madrid monopolice la toma de decisiones nacionales cuando hay otras ciudades como Barcelona que se sitúan a la cabeza y vanguardia mundial, y que sin embargo tienen un papel meramente testimonial en el ejercicio articulado de la soberanía nacional española. Ya no es solo que pueda perjudicar a Barcelona en su crecimiento, sino que perjudica a toda España que una ciudad olímpica, quinta ciudad mas segura del mundo (según The Economist), referencia mundial deportiva, cultural, empresarial, comercial, con las mejores universidades de España (como la Pompeu Fabra o la UAB), y en una localización estratégica clave en el Arco del Mediterraneo (zona de mayor importancia en Europa tras la dorsal europea), no sea partícipe directa de las decisiones de toda España, con el enorme valor que aportaría. En términos mas exactos, haría que determinados órganos constitucionales se desplacen a Barcelona, pero órganos e instituciones de importancia. Por el poder legislativo, el Senado, convertido en cámara de representación autonómica, estaría situado en Barcelona; en el poder ejecutivo algunos Ministerios, preferiblemente aquellos cuya actividad ordinaria no requiera de una constante dependencia del Gobierno, y por supuesto, otros órganos constitucionales del tipo del Defensor del Pueblo o el Tribunal de Cuentas. E incluso en otra ciudad de enorme potencial también como Bilbao, se podrían instalar las sedes de otras instituciones del Estado, como Administraciones instrumentales independientes, Direcciones Generales, o algún otro órgano constitucional. Esto tiene un doble objetivo: Por un lado, que Vascos y catalanes vean desde la cercanía la acción del Estado y se sientan tan responsables de los errores (y aciertos) de lo que hacen las instituciones como el resto, de modo que ya no valdrá la excusa de “nosotros lo hubiéramos hecho mejor” (razonamiento habitual de quienes quieren independizarse). Y por otro lado para aprovechar el potencial de unos territorios que están a la vanguardia, cuyos modelos de gestión son ejemplares y modélicos a nivel mundial. Es como tener a dos niños prodigios haciendo manualidades, cuando pueden estar diseñando aviones.
  • Reforma del Senado como cámara de Representación Autonómica: Es incomprensible que en una democracia cuasi-federal no haya un foro de debate y dialogo oficial donde se alivien tensiones territoriales. Es un sin sentido que el principal canal de comunicación entre el Gobierno central o la Generalitat sean las acusaciones recíprocas en los medios de comunicación o reuniones secretas en sedes gubernamentales. Tampoco puede ser que el Congreso, como cámara de representación provincial “de iure”, se convierta en una mezcla extraña entre representación partidista (para los partidos nacionales como PP, PSOE, IU y UPyD) y una representación autonómica (para los partidos nacionalistas). De este modo el nuevo senado estaría compuesto por parlamentarios representantes de cada Gobierno autonómico, y que en su función de segunda lectura de leyes, den una efectiva perspectiva dirigida a las autonomías, dejando de ser nuestra Cámara Alta un cementerio de elefantes políticos.
  • Fomento estatal del Catalán, Euskera y Gallego: En el artículo 3 de nuestra Constitución estas lenguas son consideradas como “lenguas españolas”, y se exige que han de ser “objeto de especial respeto y protección”. Por tanto, no puede ser que siempre sean las CCAA quienes tiren y sea el Estado quien vaya a rebufo, sino que por el contrario es hora de que sea el Estado quien lleve la iniciativa y no solo las de prioridad en los respectivos territorios de origen, sino en toda España. Una medida clave en mi opinión, sería implantar una asignatura que se llame “Otras Lenguas Españolas”, que fuese optativa en todo el país , y en la cual se instruyera en los conocimientos básicos del Catalán, el Euskera y el Gallego. Así se eliminaría tanto la fobia de determinadas personas hacia estas lenguas desconocidas, a la par que se acabaría con el afán excluyente de algunos que las emplean de modo reivindicativo para la secesión. Pero sobre todo, se hace un verdadero fomento de la diversidad lingüística, algo que lejos de ser un perjuicio es una ventaja, pues pocos países pueden presumir de tener una diversidad de lenguas que además son reconocidas en algunos ámbitos internacionales como oficiales

Estas son tres medidas que yo propondría y que suponen un profundo cambio que para algunos puede ser chocante e incluso tan elocuente que se convierta en inviable, pero que innegablemente calmará tensiones territoriales sin parches temporales, sino con propuestas largo-plazistas. Por supuesto que muchos serían reticentes a estos cambios, tanto madrileños que ven perder su histórico e inamovible estatus de “capital del reino”, como reaccionarios a abrir los ojos a que la riqueza de España radica en su diversidad lingüística y cultural, y por supuesto, anacrónicos independentistas  que crean que dar mayor protagonismo institucional a ciudades como Bilbao o Barcelona es una conquista e invasión del Estado español.

Admito también que tienen sus grandes inconvenientes, como por ejemplo aumentar el gasto por tener tan separadas las sedes de los órganos del estado. Pero en política no hay que valorar las cosas por si son buenas o malas (pues no es tan fácil hacer tal distinción), sino por si son mejores o peores. Y en este caso es mejor acarrear con las desventajas de tales cambios, si gracias a ello nos sentimos todos mas españoles a la par que catalanes, vascos o gallegos, que seguir en la misma dinámica y perder unos territorios que son tan parte de España como lo es Madrid, las Castillas o Andalucía. Solo así, funcionando como una verdadera familia donde no arrasemos al hijo talentoso, sino que le facilitemos decidir para que ayude al padre a dirigir el destino de toda la unidad familiar, podremos ser verdaderamente patriotas. Solo así podrá solucionarse y  realizarse lo que en su día vaticinó Otto von Bismarck cuando dijo: “La nación más fuerte del mundo es, sin duda, España, pues siempre ha intentado autodestruirse y nunca lo ha conseguido. El día que dejen de intentarlo, volverán a ser la vanguardia del mundo”.


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