Revista Deportes

Mas que un deporte, es un sueño...

Publicado el 27 marzo 2012 por Llallo
El siguiente texto fue un trabajo de Castellano, la única instrucción era que tenia que empezar con una onomatopeya. y con pasión lo hice."-“Prummmmm, prummmmm, prummmmm
El estadio vibraba, temblaba, y yo estaba ahí,  parado en el túnel, junto a los otros 21 que iban a jugar con y en contra mío. Estaba que me hacía en los pantalones, era lo que había soñado desde chico, iba a debutar con la primera del Caracas F.C., además en un partido de Copa Libertadores. Un compañero me hablaba, no sabía que decía, ni me importaba, probablemente me estaba calmando, quien sabe. Lo único que mis oídos escuchaban eran los canticos de la barra del Caracas, o los demonios rojos, como ellos se hacen llamar. Dale rooo, dale rooo, dale dale rooRoo, dale dale rooDale roo, dale roo, dale dale roo”
 El árbitro dio la orden de que entráramos al campo, las gradas estallaron, volaban papeles, fuegos artificiales, flameaban las tribunas. De repente el tempo y el ritmo de las canciones aumentaron, todo era más rápido, más movido, las gradas saltaban, yo sentía que el campo se me caía encima,  no hay palabras para describir las emociones que volaban desde el concreto, y aterrizaban en mí, como si yo fuera “La Carlota”.
 De pronto, luego de que nos formáramos para el himno, el silencio se hizo escuchar, ninguna palabra  salía de las gradas, y mucho menos de las tribunas. Transcurría el himno, cada vez me ponía más nervioso, cuando se empezó a escuchar un murmullo, y como si lo hubieran ensayado todo el día, ni una sola persona dejo de cantar un pequeña parte del himno, que la tomaron como propia: “Seguid el ejemplo que Caracas dio,Seguid el ejemplo que Caracas dio”.
 Finalizado el himno me acomode los guantes y fui a mi arquería, parado bajo los tres palos me llegaron pensamientos que quería quitarme de la cabeza, una vez había leído un libro, de un tal Eduardo Galeano, donde describía al arquero como el único jugador que siempre tiene la culpa, y si no la tenía igual pagaba lo mismo-, cada vez me iba poniendo mas nervioso, cuando de repente me chutaron, desde la distancia, un remate con dirección al ángulo-o al menos eso creía hasta que vi la repetición- y a puros reflejos logre lanzarme, estire cada fibra de mi cuerpo para llegarle a la pelota, y en el último segundo logre desviar el balón con la punta de los dedos. La había parado, no me lo podía creer, me llene de autoconfianza, supongo que desde las tribunas se podía notar que me había agrandado, después de esa parada era otro, me sentía el mejor del mundo.
 Cuando fui a sacar por primera vez, como por el minuto 15, sentí la grada visitante detrás de mí-“Hijo de puta” “Boludo”- pero no me afecto, la confianza que me erradicaba mi barra, la de los demonios rojos, era mucho mayor que el nerviosismo que me intentaba  inculcar la barra de Boca Junior.
 Transcurrieron los minutos, no me volvió a llegar la pelota, hasta que el 10 del otro equipo, no sé cómo se llamaba, sirvió un pase perfecto para el delantero, que había quedado mano a mano conmigo, y en el esfuerzo de un compañero mío por llegarle al balón barriéndose sin mala intención, le quito el equilibrio al rival y lo derribo.
 El árbitro no lo dudó, penal, y expulsó al de mi equipo.
 Ahí estaba yo, a doce pasos del que me quería fusilar y acabar con mis esperanzas, bien sabía que si no atajaba el penal estábamos fuera de la Libertadores. Seguro de que lo iba a parar, lo mire fijo a los ojos, hice todo lo posible por ponerlo nervioso. Arranco a correr, lo presentía, mis instintos me decían que la pelota iba a mi mano derecha, y cuando el rival remato me lance hacia ese lado. No sé cómo, pero lo hice, saque el penal del palo y evite que fuera gol.
 El árbitro dio dos pitidos seguidos, y un tercero prolongado, en señal de que ya se había acabado la primera parte. Nos fuimos a los vestuarios, todo el público-al menos los que se lo sabían- coreaba mi nombre. Sanvicente, el entrenador, me felicito apenas entre al camerino, había sido el primero en llegar. De ahí en adelante Sanvicente nos dio palabras de apoyo, hizo todo lo que estaba en sus manos para motivarnos.
 Volvimos a entrar al terreno de juego,  las gradas volvieron a explotar, inclusive con más fuerza que al inicio del partido. Esta vez sentía a la muchachada de la barra más que antes, ahora estaban detrás de mí, ya no tenía a los de Boca cerca, sino que ahora eran los míos.
Aunque éramos uno menos fuimos a por la victoria, necesitábamos un gol para clasificarnos a la siguiente fase, y bien sabíamos nosotros eso. No me volvieron a llegar con peligro en todo el juego, si no fuera por las llamas que salían de las gradas que y calentaban mi cuerpo probablemente me hubiera dado frio, y mucho.
Después de tanto echarle bolas todavía no habíamos podido hacer el gol que necesitábamos, hasta que en el 91 Yanowski Reyes remato desde lejos, y el arquero apenas la pudo botar al córner. Desde la banca me llamaron para que subiera a cabecear, era la última del partido, y fui. Para cuando llegue ya Yanowski estaba tirando el centro, estaba solo, la pelota volaba hacia mí, le di con fuerza al primer palo, la pelota viajaba hacia las redes, fue el segundo más largo de mi vida. Cuando por fin entro la pelota todos estallamos de emoción, salí eufórico a celebrarlo con el entrenador, que había confiado en mí. Antes de que el otro equipo pudiera sacar el árbitro dio el pitido final, se había acabado, habíamos ganado, estábamos en la siguiente ronda.”
-          -Papi, ¿entonces porque no seguiste jugando futbol profesional?   -          -Un par de semanas más tarde fui a sacar la pelota, y se me engancharon los tacos a la grama, cuando chute se me rompieron los ligamentos de la rodilla izquierda, mas nunca pude jugar."
ElE

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