Con mi marido discutimos por lo menos una vez al mes si es hora de que los chicos tengan una mascota. Somos muchos en casa y vivimos en un departamento: ¿entra uno más? A veces parece que sí, otras que no tanto. Las ganas quedan ensombrecidas cuando llevamos a la realidad las tareas y responsabilidades que implica para toda la familia.
Hace un tiempo intentamos con peces. Nos acompañaron varios años, en realidad al final me acompañaron a mí porque mis hijos no le daban ni la menor atención. Teníamos cuatro, luego tres, en alguno momento dos, y el último se adueñó de la pecera y se adjudicó un lugar en el dibujo familiar que hacen los chicos en el cole.
Ahora estamos entre un pequeño perro (quizás buscar cachorros en venta en olx) o un gatita (adoptar de unos amigos que están regalando unas divinas). Adoptar o comprar, otro dilema en la incorporación de nuestra mascota.

Por ahora no logramos concretar un nuevo integrante de la familia. Me asusta el tema del lugar. Creo que los animales deben tener su espacio. También el tema de los cuidados es algo que me frena: llevar a cuatro chicos al pediatra y estar al día con nuestras propias visitas a los controles médicos ya me cuesta trabajo. ¿Sumarle además visitas al veterinario? No sé si estoy lista.
Sé que es una materia pendiente. La experiencia para los chicos de vivir con una mascota, con un amigo que los acompañe, al que haya que cuidar y comprender, me parece que les suma de por vida. A mí me sumo. Yo tuve un perro, Yogui, más de grande. Al final quedó viviendo con mis padres quienes lo cuidaron con muchísimo amor y cariño.
Uno de nuestros sueños es mudarnos a un espacio más grande, con jardín, con lugar para sumar a ese integrante a nuestra familia que tenemos pendiente. Ojalá que ahí mis hijos todavía lo puedan disfrutar, por lo menos de grandes para tener algo de esa experiencia única.
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