Revista Opinión

Me cago en el amor

Publicado el 05 marzo 2019 por Carlosgu82

Entran por la derecha, salen por la izquierda. Abren tu puerta. Vienen con el gesto de no decir la verdad, con la cara de crueldad encerrada en una celda. Vienen pensando que el amor no se trabaja, sino que se presta. Otros creen que basta con darle a un “clic” y ya está, que en el Facebook o en Badoo esta su mejor apuesta. Yo pienso que, el amor necesita trabajo más que olvido, necesita silencios más que ruido. Supongo que a veces el amor está sometido a un “tú dámelo todo que ya veremos cuanto te doy yo”, a un “creía que te quería pero es que, me he cansado en el primer escollo”, a un “apóyate en mi hombro y respira hondo, que si mañana me llamas, a lo mejor no te respondo”.

Entonces, ¿qué diferencias hay entre el amor y el deseo intenso? ¿Por qué lo llaman “vicio” cuando quieren decir “sexo”? ¿Por qué lo llaman “amor” cuando solo es dependencia y necesidad momentánea de calor? ¿Por qué lo llaman “amor” cuando van de flor en flor? Aunque, un momento. ¿Acaso no se puede amar a muchos al mismo tiempo? ¿Acaso la monogamia no es solo un invento de esos que hablan de amor pero solo ponen reglas, prohibiciones y mandamientos? ¿Acaso importa más la castidad que la cantidad? ¿Acaso la mayor perversión no es la castidad? ¿Acaso no hay acto más amoroso que comerle la entrepierna a alguien? ¿Acaso no hay acto más amoroso que dejar que te coman la entrepierna? ¿Acaso al amor se le pueden poner normas? ¿Acaso no se puede hacer un trió, un cuarteto, un quinteto, un sexteto, una orgia; y ver como el amor se desborda? ¿Acaso el sexo no es otra forma de amor, a lo mejor la más gorda?

Existe el amor de cinco minutos, existe el amor de una noche de borrachera, existe el amor sadomasoquista como conquista de nuevos límites y abismos. Existe la masturbación como el amor contigo mismo. Existe la felación, el cunnilingus, la lluvia dorada, el beso negro, el sexo anal, el “bollerismo”, el “gang bang”, el Kamasutra; y así etcétera, etcétera, etcétera… Porque, lo que a mí me enamora puede que sea asqueroso para ti.
Hay quien se enamora de una muñeca hinchable o un maniquí, a quien se enamora de un lindo dildo clonado de Rocco. Que da mucho placer, y a cambio… Pídeme un poco. Fetiches, fetiches, fetiches como forma de amor loco. También existe el amor sin sexo y os aseguro, que es muy profundo; sino, preguntadle a mis padres, que llevan cincuenta y cuatro años juntos y aun se quieren y viven juntos.

Llegados a este punto, yo me pregunto: ¿Qué es el amor? ¿Qué es el amor, sino una enajenación mental? Una adicción a nuestro “yo ideal”. Una reacción en la que nuestra sangre hierve. Una pasión que dura lo que nuestra mente, corazón y polla acuerden. Un instinto que primero te besa y luego te muerde.
Y yo, y yo solo sé que soy esclavo del amor, y el amor del amor que derramo. Y me desangro, con media cara sonrió y con la otra media estoy llorando. Porque estoy pensando que si ando enamorado sufro por no perder lo que más quiero, y me convierto en un perrito faldero y manso. Y si no estoy enamorado también sufro, por buscar a mi media naranja o mi alma gemela sin descanso. ¿Entonces qué hago? ¡Entonces me cago en el amor!

Me cago en el amor y ese final feliz de esas películas que acaban con un “te quiero”. Me cago en Ghost, en Dirty Dancing, en Notting Hill y en Oficial y Caballero. Me cago en las despedidas de soltero, en los besos en andenes justo cuando arrancan trenes. En las perdices comidas por infelices suicidas, que luego acaban haciendo separación de bienes. Me cago en San Valentín, en las tartas nupciales, en los colegas que desaparecen cuando se echan novia. Me cago en el trucho y en la trucha. Me cago en esas amigas que cambian el discurso cuando el marido las escucha. ¡Me cago en el amor!

Pero en el fondo, es que el muy cabron lo inunda todo. Las plantas, las flores, los amaneceres y las cosas bellas; los prados, los bosques, las estrellas, los planetas, la luna y el sol, y Louis Armstrong cantando de fondo: “wanna wonderful world…”. Y entonces respiro amor, y me doy cuenta de que he sido un necio, porque en este discurso he intentado ponerle al amor etiqueta y precio. Craso error. Porque el amor esta en nuestro corazón y nuestra mente. Y no hay mayor prueba de amor que dejar que todo lo que hay alrededor viva libremente.


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