Seguramente hagas más cosas que yo.
Y seguramente, esas cosas, las hagas mejor de lo que las haría yo.
Lo que es seguro –seguro te digo– es que esas cosas que haces son menos importantes que las que hago yo.
Porque yo, cuando hago algo, puedes tener bastante confianza en que merece ser hecho. Tú, sin embargo, tú… ya sabes…
…lo que haces por no quedar mal, el por si acaso lo que llevas haciendo toda la vida… lo que te pide tu cliente, tu jefe o tu inversor y eso otro que si no haces te deja intranquilo…
Por no hablar de las vueltas en círculos para no molestar.
Mucha paja, poca sustancia.
Pero la vida no va de eso.
Ni la vida, ni la venta. Ni el ligar, ni el éxito.
La vida va de pulsar el botón correcto, cortar el cable azul y apretar la tuerca que hay que apretar.
Por eso te has cruzas con gente que parece hacer menos y conseguir más. No es que «parezca», es la puta realidad.
En el newsletter explico una forma de cerrar mensajes, de cerrar ventas.
Un detalle casi inapreciable que marca toda la diferencia.
Porque veo a gente construyendo rascacielos sobre suelos de barro. Dejando cada minuto, cada centavo y cada gramo y es como…
Hey, hey, hey, para, quieeetoooo. Que no, que no van por ahí los tiros, que todo eso te sobra si haces bien esto y esto otro.
No sé, a veces me da pena. Gente con todo lo necesario que nunca llegará. Otras me alegro, porque es imposible no triunfar en esta vida.
Te apuntas ahí:
Acepto la política de privacidadLa entrada Me sabe mal decirte esto, pero m se publicó primero en Luis Monge Malo.
