Revista En Femenino

Me siento orgullosa de ti

Por Ana Maria Constain Rueda @amconstain
Por Ana María Constaín
Cuántas veces no hemos oído esta frase. “Me siento orgulloso de ti”. Y cuántas veces no se lo decimos a nuestros hijos. En una manera de hacerles saber que nos sentimos felices por lo que han logrado. 
A mi esa frase no me gusta. Y no sabía por qué.
Recientemente me di cuenta. Me siento orgulloso de ti, proviene del orgullo. Yo, madre, me siento bien cuando tu, hijo haces algo que a mi me gusta. Porque al hacerlo me reafirmas. Porque tus logros me dicen “lo has hecho bien. Eres buena mamá. Vas por buen camino”.
Me siento orgullosa de ti, no se trata de ti sino de mi. De como tu cumples mis expectativas. Eso es. Se trata de expectativas. El punto de referencia no es lo que tu quieres y lo que tu necesitas sino lo que yo espero. Lo que yo considero que mis hijos deben ser. El opuesto es “me siento decepcionado de ti”. Y entonces al decir “me siento orgullosa de ti” el mensaje oculto es: Si no haces eso de lo que me siento orgullosa, estaré decepcionada. Aunque no lo digamos con palabras. Las expectativas tienen miles de disfraces. Yo quiero que estudie humanidades, Lo importante es que sea lo mejor en lo que hace, Que haga lo que quiera mientras se esfuerce por llegar hasta el final. ¡Mientras sea una buena persona! 
Yo no quiero que mis hijas me hagan sentir orgullosa, porque ellas no están para alimentar mi orgullo. Ni para cumplir mis expectativas. Aunque por supuesto diariamente haga y diga cosas que contradicen esto.
Estoy atenta. Para hacerme responsable de mis emociones. Entonces, en lugar de decir me siento orgullosa de ti, puedo decir “me siento feliz de ver que lograste lo que querías”. O “a mi me gusta que te gusten las mismas cosas que a mi.” "Te acompaño en este momento importante para ti"
Y mientras tanto puedo observarme. Estoy atenta para darme cuenta como pongo en ellas, y en lo que hacen, mi valía. Como busco reconocimiento a través de sus logros. Como las cargo a ellas con la responsabilidad de validarme como “buena madre”. Convirtiéndolas en adictas a mi aprobación. Ellas ajustándose a mis expectativas para que yo pueda sentirme valiosa.
Así que asumo mi propia vida y me hago responsable de mi. Y así abro la posibilidad de que Matilde y Eloísa sepan que ellas pueden ser quienes son y hacer lo que sea, sin poner en juego mi felicidad.
Y mucho menos, mi amor infinito hacia ellas.

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