Cuando en el futuro cercano o lejano, alguien quiera saber qué fue lo más importante en el panorama cultural cubano durante el 3 de mayo de 2016, nunca va a encontrar la repercusión que, quizás, debía tener en los medios de la Isla la primera pasarela Crusero de Chanel en América Latina.
Exceptuando los vecinos de Prado, y los de La Habana Vieja en torno a la Plaza de la Catedral, el resto de los cubanos han escuchado hablar mal y poco de una pasarela que se supone será acontecimiento histórico. Y probablemente lo será para la casa de moda francesa, pero lo que son la radio, la televisión y la prensa escrita que opera en Cuba, e informa a los cubanos que viven en la Isla, le han dado la espalda olímpicamente a este tema.

Las razones del silencio mediático cubano tal vez se relacionen con los mismos argumentos por los cuales muy poco se menciona en estos medios de la Isla eventos como el Festival del Habano, cuya asistencia se limita a celebridades, artistas de alto poder adquisitivo, y a la prensa extranjera, por supuesto.
Quizás el apagón informativo se deba a que en Cuba suele considerarse, con razón o sin ella, que la alta moda es cuestión de frivolidades y esnobismos para millonarios. Y quizás el tratamiento de la casa Chanel hacia los cubanos de a pie, los periodistas incluidos, no ha sido el tampoco el más adecuado, diplomático ni cariñoso. Y ello me consta.
Los medios cubanos de la Isla apenas han publicado alguna brevísima nota, y quizás mañana se refieran muy sucintamente, pero mientras tanto, cualquier medio extranjero acreditado en la Isla, o interesado desde “afuera” en lo que pasa “adentro”, hablarán hasta la saciedad de una pasarela en la cual los medios cubanos apenas fueron invitados, pues las comparecencias pública del káiser Karl Lagerfeld se limitaban a medios muy específicos, seleccionados por ellos, casi todos extranjeros o procedentes de agencias de prensa multinacionales y hegemónicas. Esa es la prensa que quiere la Casa Chanel y esa es la que tiene.
Evidentemente la cobertura nacional no les interesaba. Porque Cuba los atrae como titular de moda, paisaje exótico, ambientación tropical y ocasional, pero en el fondo, la casa Chanel ha demostrado total indiferencia por los cubanos y su cultura. Y lo demuestra la ridiculez de ambientación campesina que instalaron para la selectísima fiesta de la Plaza de la Catedral.
Hablo de ridiculez porque si el káiser hubiera escuchado sugerencias de asesores cubanos se hubiera enterado de que el bohío, en Cuba, es símbolo de miseria, atraso y explotación. Y también colinda con el anacronismo la combinación de bohíos con la piscina del Capri, a la manera de la película Soy Cuba, pues de rinde homenaje a un símbolo más bien fallido, en tanto se trata de una producción más soviética que criolla, una película barroca y altisonante, marcada por la estética del fotógrafo Serguei Urusevski. Pero tenía que ser Soy Cuba, y nunca Memorias del subdesarrollo o Lucía, porque el filme soviético fue redescubierto por Martin Scorsese, y se convertido en obra de culto gracias a las declaraciones de varios directores norteamericanos que admiran la visualidad de la película. Y claro, Chanel cayó en la trampa de atender a los circuitos y los medios que imponen la moda, y no a las esencias culturales. Esas no interesan. Importa el glamour y la fama.
Ayer mismo el periodista Yuris Nórido, uno de los comentarias más agudos y “multimediales” del actual panorama cubano, confesaba con pena, en OnCuba, que nunca lo invitaron al desfile. Y es que, por lo visto, Chanel seleccionó tanto y tan cuidadosamente a los periodistas cubanos para acreditarlos en el desfile, que ahora mismo yo dudo de que alguno haya logrado atravesar el selectísimo filtro.
Y en verdad, la pasarela estaba concebida, por lo visto, para aprovechar el paisaje, el color local, la música y algunos elementos culturales de la Isla, pero los cubanos, la Cuba de verdad, quedó si acasos como telón de fondo, accesorio exótico, comparsería aledaña y secundaria.
Y si los cubanos vieron, o no, por los menos algunos fragmentos de la pasarela, o quizás fotos, al señor Lagerfeld tal ausencia parece no interesarle en lo más mínimo. Porque él está seguro que en París, Nueva York y Tokío es probable que retumbe la noticia. Y el Dios de la moda bajó hasta el Prado solo para ser contemplado y aplaudido por sus iguales, desde allá, desde afuera, desde lo alto.
Fuente: Ciber Cuba
