Diario de andar hacia la muerte
Vejez: desolación de amor. Última forma
de alzarse entre las liendres
de la memoria.
He vuelto a ser un niño rodeado de miedos,
sin madre que le quite
las espuelas terribles a la noche.
Como polvo en desván que, día a día,
amontona sus motas
hasta cubrir perfiles y, llenándose
de tiempo,
vuelve desconocidas las aristas
de lo inservible, así nosotros vamos
amontonando muerte
y nos hacemos, sin saberlo, inútiles
creadores del olvido:
alba sin luz en el silencio.
La palabra vivida
Y siempre nos sorprende la palabra
desnudos frente al mar de los deseos,
mientras vive en nosotros sólo tiempo arrumbado.
Llega sin música de mar
y cabe un mar en ella,
arranca de las sobras de la memoria nombres,
sueños gastados, vientos en derrota,
como donceles abolidos,
luces de eterna claridad serena.
Mas sólo la palabra vivida permanece
y presta melodía a otras palabras,
ya vividas también.
aunque haya sido apenas una vez
y desde el sueño.
El poema no es más que vida
llenándose de tiempo.
Niño en libertad
Cuando niño, en el pueblo,
cada tarde tenía una ventana
que daba al mar.
Aunque mi pueblo estaba lejos del mar, las tardes
me aupaban hasta el mar por su ventana.
Y tampoco mis libros escolares
me asomaban al mar;
pero en mi pueblo, por las tardes, veía el mar.
Cuando ya no era niño,
y estuve frente al mar,
toda su anchura
me olía a paja virgen
y a la ventana aquella de las tardes
con nombre de mi pueblo.
Y puedo, todavía,
hablarme de aquel niño cualquier tarde
de sol y de calandrias,
de su modo de estar en el pupitre
subiéndose al varal de la alegría,
de su manera fiel de ver el mar
todas las tardes.
FUNDACIÓN JORGE GUILLÉN
Al vuelo de tu nombre
A Carmen, única plenitud de mi vida
Me hice mayor un día en el que todas
las palomas nacían de tus manos,
zureaban tu nombre con el timbre
clavel de sus vocales, y al conjuro
del frescor de tomillo de tu lengua
me acercabas al sol.
floral delicadeza de las manos,
qué luces desencantan las liturgias
no importan ya pues aprendí en el tacto
que el álba es solo un halo de la noche
y, cíngulo doncel, -como la lluvia
en la corteza de los pinos- crece
por el silencio de la piel caricia
en nudos salvadores apretada.