Revista Opinión

Memoria histórica (III)

Publicado el 14 septiembre 2011 por Alejandropumarino

Memoria histórica (III)

No cabe duda del papel que Santiago Carrillo tuvo durante la transición, época en la que gobernaba el Sr. Suárez; tampoco cabe duda de quien era Carrillo en 1.936, Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid y responsable de una auténtica masacre.

Entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936 se llevaron a cabo 33 extracciones de presos de cárceles madrileñas. Las extracciones se llevaban a cabo mediante notificaciones con el membrete oficial de la Dirección General de Seguridad y firma de su director y, en ocasiones, firma de Segundo Serrano Poncela, delegado de Orden Público y situado inmediatamente a las órdenes de Santiago Carrillo, consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, que se había constituido en la madrugada del 7 de noviembre. Las extracciones portaban listas nominativas e incluían como razón de la extracción la puesta en libertad de los listados o su traslado a cárceles alejadas de la línea del frente como las de Alcalá de Henares o Chinchilla. De acuerdo con las conclusiones del historiador Javier Cervera, las sacas que tuvieron como razón el "traslado" de presos llegaron efectivamente a su destino sanas y salvas, siempre a Alcalá de Henares.

Las autoridades de las prisiones procedían a llamar a los presos que aparecían en las listas. Una vez congregados, los presos, en su mayor parte, eran atados por las manos. A continuación se les subía a los vehículos encargados de su traslado. Si la expedición era numerosa, se utilizaban autobuses de dos pisos de color verde del servicio público de transportes de la ciudad. Autobuses de tal tipo fueron usados en las sacas de la Modelo del 7, 8 y 9 de noviembre, así como en la evacuación de la prisión el día 16. Cuando el volumen de sacados era menor, se utilizaban camiones. Las expediciones eran escoltadas por milicianos, pertenecientes en su mayor parte a las Milicias de Vigilancia de la Retaguardia (una fuerza policial creada en septiembre de 1936 para integrar las milicias que ya efectuaban labores policiales de forma autónoma e incontrolada en la Dirección General de Seguridad), a bordo de coches balilla. Estos milicianos integraban los pelotones de fusilamiento.

El papel de Santiago Carrillo en este tiempo no es cuestionado ni siquiera por los historiadores con ideología de izquierdas más marcada. Fueron hechos pasados y superados por la sociedad española, en los que no conviene rebuscar más, salvo por la voluntad inexplicablemente revanchista de un presidente con las ideas poco claras. Ahora bien; si Franco, o Carrero Blanco estuviesen vivos a día de hoy, como el dirigente comunista, ¿se imaginan vds. que fuesen nombrados doctores honoris causa por una universidad madrileña?. Además de memoria histórica hace falta vergüenza torera.


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