Si existe una palabra que aterroriza a cualquier madre es la palabra: Meningitis.
La meningitis es una inflamación de las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal. Puede estar provocada por una infección de origen bacteriano o viral. La primera de ellas puede resultar mortal y requiere la intervención rápida. La segunda, suele ser más frecuente y no resulta tan grave. Sin embargo, ni que decir tiene, que una y otra requieren de una intervención rápida.

Los principales síntomas, y los que se deberían tener en cuenta para el diagnóstico precoz de la meningitis, evitando de esta manera las secuelas, e incluso la muerte de nuestro bebé son: dolores en las piernas, confusión, rigidez en la nuca y sensibilidad a la luz. En contra de lo que se suele creer, las petequias (manchas rojas en la piel que no desaparecen con la presión) suelen aparecer posteriormente. Por lo que no puede ser considerado un síntoma de alarma que nos ayude a determinar rápidamente la presencia de la enfermedad. Cuando estas ya han aparecido, puede ser demasiado tarde.
Es imprescindible que confíes en tu instinto y que no dudes en buscar ayuda médica, incluso si ya lo has llevado y los síntomas persisten o empeoran. La meningitis bacteriana progresa con mucha rapidez, y en pocas horas puede ser irreversible.
