Revista Cine

Metropolis. La ciudad antagónica.

Publicado el 04 octubre 2010 por Crowley
Metropolis. La ciudad antagónica.(Texto publicado originalmente en el número de Septiembre de Cineuá. AQUÍ).

“Entre el cerebro y la mano ha de mediar el corazón“
(
diálogo de "Metropolis" de Fritz Lang)
Soy una ciudad.Soy una zona acotada de vida artificial y prefabricada.
Soy una máquina de cemento, hormigón, cables, acero, neón y cristal en la que vosotros, tristes humanos, os hacinais para sustentarme. Necesito de vuestros pasos y viajes diarios, impacientes y apresurados. Vuestras pisadas, vuestros coches, vuestro bullicio, son la sangre que recorre mis venas en forma de calles asfaltadas que se bifurcan y enmarañan a lo largo de las totémicas edificaciones que pueblan mi piel como el acné lo hace en la vuestra.
Si no fuéseis tan altivos y egocéntricos, detendríais vuestros pasos para contemplar con calma los bloques de viviendas que echan raíces a vuestros pies y se elevan hasta perderse en las nubes que sobrevuelan vuestras cabezas, allá arriba, en el infinito de la bóbeda celestial (un claro ejemplo de esto, de que no levantais la mirada del suelo, la tenéis perfectamente reflejada en un pasaje de la película de Terry Gilliam "El Rey Pescador", cuando el héroe del film escala un edificio y nadie se percata de ello).
Y ese aire de superioridad innato al que he hecho mención unas líneas más arriba, se vería relegado a la nada si, al abrir los ojos, la ciudad que se revelase ante vosotros, como puro Art Decó futurista, fuese yo.
La ciudad que Fritz Lang creó, a partir de los infravalorados y simbólicos escritos de su mujer, Thea Von Harrbou (de ambigüedad humanista más que discutible, eso sí), para maravillar al mundo.
Yo. "Metrópolis".Metropolis. La ciudad antagónica.
Soy una inmesa urbe (con reminiscencias a Bauhaus, Walter Gropius y a Umberto Boccioni) del lejano y distópico siglo XXI (el año 2026 concrétamente), repleta de lujo y barroquismo vital. Mis habitantes, falsos y de doble moral, pasan sus días de riqueza entregados a la filosofía y a la diversión (de la más exquisita a la más mundana) sin prestar atención al horrible secreto que encierro muy a mi pesar a los pies de la metáfora de la Torre de Babel que soy. Si yo existo, si yo funciono, es gracias a una clase obrera esclavizada y explotada en mis entrañas subterráneas. Alejados de la luz del sol que baña mis brillantes y relucientes paredes de mármol y oro, y cuyo reloj laboral, de diez horas, carece de dígitos para el descanso...
Pero el amor, que todo lo puede, se confabulará en tragedia aristotélica para generar una revuelta conl a que acabar, al fin, con esa injusticia que en mi mora.Metropolis. La ciudad antagónica.
Hay que reconocer que el trabajo de Fritz Lang fue realmente asombroso y que yo no sería nadie sin su saber hacer. Siempre le estaré agradecido por ello (no como "M", que maldice la hora en que Lang le llevó al cine, ya que su reputación no salió muy bien parada). Lang hizo conmigo una de las obras cumbres del cine alemán (me niego a incluírla dentro del grupo del expresionismo, porque para mi no lo es en absoluto salvo en la escena de la persecución a María en las grutas) y del género fantástico en particular. En una época en la que los efectos digitales no eran ni siquiera un sueño, una utopía, consiguió crear con maquetas, en los estudios U.F.A., un Universo real y creíble sin igual que me otorgó este fascinante aspecto visual (que años después, otros, como Ridley Scott por ejemplo, han tenido muy presente para su "Blade Runner").
Detalles y conceptos como la alienación de la prole trabajadora, explotados impunemente por una burguesía acomodada y sin prejuicios no son sino una pequeña parte de lo que en mi se cuenta.
Recordemos, aunque sea de forma ligera, que en la década de los 20 (yo soy del año 27 temprano), comenzaron a proliferar movimientos políticos que trataban de imponer el totalitarismo nacionalista y militarista (el fascismo, vaya) que se oponía al movimiento comunista, doctrina esta, la comunista, que está encarnada en mi, en "Metrópolis", en la alegórica figura de María y en su afán de revolución contra el sistema en favor del proletariado.
También Lang hace aquí, a través del robot que se crea para suplantar a María, una velada crítica a la tecnología, a los límites del conocimiento y a la ciencia sin medida ni barreras (el hombre sirve a la máquina, y no al revés, como debería ser) y a su contraposición a la religión más medievalizada. El progreso, parece querer deciros Lang, es imposible.
Metropolis. La ciudad antagónica.
Debéis saber que yo no soy así en realidad, como me habéis visto en casa o por la tele. Yo, en verdad, tengo una edad de 228 minutos de duración, pero todos vosotros me concéis mutilada y manipulada. Gran parte de este ultraje, esta violación hacia mi ser, se debe al establishment americano y sus prejucios. La Paramount pensó que un film tan largo como yo no podría sino aburrir al espectador americano y decidió, en contra de mi voluntad, sentarme en quirófano, operar de urgencia y llevar partes que creía inservibles o superfluas que acabaron convirtiéndome en un sinsentido en determinados momentos.
Pero por suerte para vosotros, cinéfilos, para mí, egocéntica ciudad, en 2008 se encontró en el Museo de Cine de Buenos Aires una copia en 16mm a la que tan sólo le faltan 23 minutos de mi versión original y se ha logrado restaurar con éxito.
Metropolis. La ciudad antagónica.
Aquí, en mi laberíntica piel de cemento, compleja, menos luminosa de lo que pareciera, podréis encontrar, atravesándome, conformándome, modernos rascacielos, raíles de tren imposibles, submundos lacónicos y pecaminosos, catedrales góticas, edificios medievales, talleres alquímicos, jardínes paradisíacos, edificaciones orientales, aeronaves surcando mis cielos, centrales eléctricas, robots andróginos, hogares geométricos...
Ven, humano. No lo pienses más, porque soy una ciudad. Pero no una normal y corriente que puedas encontrar en cualquier parte del mundo.
No habrá jamás ninguna otra ciudad igual a mi.
Soy antagónica. Soy impecable.
Asómbrate al contemplarme, póstrate ante mi, porque mi nombre es y será por siempre "Metrópolis".

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