QQ.'.HH.'. al pensar que tenía que preparar una plancha sobre mi experiencia en la ceremonia de renacimiento me pareció algo extremadamente complejo, tanta luz no se puede describir bien en una sola tenida. Asimismo pues me dediqué a reflexionar sobre cuál de todos los momentos fue más impactante.
Antes de entrar al templo entre vendado a una cámara, en la que, al retirar mi venda pude apreciar que era una cámara negra como el centro de la tierra lo que a mi mente hizo pensar que antes de ser Masón debo recordad que de la tierra vengo y ella volveré. Asimismo aprecié los huesos y el desorden, que, en contexto con el color negro de la cámara me hace pensar en las tinieblas del conocimiento de dónde vengo y pretendo salir.
Posteriormente fijé mi mirada a la mesa frente mí y de inmediato centré mi atención en el cráneo, símbolo universal de muerte, único y verdadero símbolo de igualdad ya que, todos los humanos somos mortales, seguidamente vi un plato con un poco de sal; la sal, origen de la palabra salario, fue uno de los primeros métodos de pago, por lo que la sal se convirtió en símbolo del esfuerzo recompensado del hombre el cual, a través del trabajo trasciende para ser útil para su familia y su sociedad.
A su lado había un plato con cenizas, sustratos de carbono, símbolo de la naturaleza; humana, animal y vegetal igualados bajo la acción del fuego, así pues las cenizas representarían la vida, la fuerte materia que nos une con la naturaleza y cómo debemos ser un solo elemento con el universo circundante.
Cercano a las cenizas se hallaba un vaso de agua, cómo un simple vaso de agua, rodeado de los elementos anteriormente mencionados se puede convertir en tan enorme símbolo. Así pues anteriormente encontré muerte, encontré el origen del ser humano, y la unión que tenemos con nuestro universo circundante. Viene el agua entonces a ser unirse a esta sinfonía como representación de la vida, la esencia fecundante y vivificante de este elemento platónico sobre las cosas orgánicas e inorgánicas necesarias para producirse, transformarse y reproducirse.
En este orden de ideas consigo un trozo de pan, alimento que substancialmente necesita el cuerpo para conservar su vitalidad y mantenerse fuerte, asimismo e irremediablemente pienso en las sagradas escrituras, en las enseñanzas de Jesús, el cual nos recuerda que el alimento debe ser repartido equitativamente pues es símbolo de vida, y la vida debe ser sustentada en la fraternidad del hombre con sus semejantes.
Luego centré mi mirada en el reloj, amigo y enemigo del hombre, un tesoro invaluable, pues si se pierde no se puede recuperar, pero si se aprovecha trae grandes riquezas. En nuestro paso por la tierra llevamos un reloj de arena en nuestro pecho, cuya cantidad de arena desconocemos, pero saber que lo tenemos nos recuerda que no debemos desperdiciar ni un segundo en nuestra vida terrenal, sino más bien aprovecharlo para ser fértiles y compartir nuestros frutos con nuestros hermanos.
Retirada mi mirada de la mesa exploré las paredes, donde se encontraban las frases "¡Si sientes miedo o tiemblas ante la verdad, abandona este recinto!", "¡Si eres débil de voluntad propia, retírate, aún es tiempo!", las cuales a mi parecer, fueron no más que palabras de aliento para seguir adelante en este paso para eliminar las tinieblas de mi ignorancia y abrir los ojos a la luz de la ciencia y la verdad.
Luego de varios minutos reflexionando, mi acompañante me entregó un papel con tres preguntas, "¿Qué deberes tiene el hombre para con Dios?, ¿Qué deberes tiene el hombre para con sus semejantes?, ¿Qué deberes tiene el hombre para consigo mismo?", lo cual, luego de interiorizar el simbolismo de la cámara me pareció muy sencillo de responder, ya que, no hay más que reconocer los deberes que como hombre tengo para con Dios, y éstos a su vez son las mismas obligaciones ineludibles que he de tener para con mis hermanos y conmigo mismo.
El primer deber es el conocer, a Dios, a mi hermano y a mí mismo, iniciando de manera simultánea conmigo mismo y con Dios. Si me conozco, reconozco mis virtudes y debilidades lo que me permite trascender mejorando mis virtudes y sanado mis debilidades. Asimismo si conozco a mis semejantes puedo empatizar y tratarlos como cenizas de mis cenizas, como mi hermano.
El segundo deber es Amar, palabra con una amplia definición pero que en resumidas cuentas, y sacrificando palabras, amar es conocer, respetar, educar y auxiliar, elementos que debo aplicar tanto conmigo mismo como con mis hermanos lo que me lleva al tercer deber, el respeto, si conoces y amas, llegas a respetar, si respetas, puedes llegar a conocer sin prejuicios y amar, y en este orden de ideas, perdonar cuando sea necesario.
Como último paso en éste momento de mi iniciación, el experto hermano que me guiaba me solicito elaborar mi testamento, no paso un segundo en pensar en primera instancia, como es costumbre en pensar en lo material. Mas sin embargo, luego de nutrir mi ser con tan hermosos símbolos a mi alrededor note que solo existe una cosa, lo suficientemente valiosa, inmortal y trascendente como la educación.
La educación esmerada permite a mis herederos tener herramientas para luchas más fácilmente contra las adversidades de su día a día, mi experiencia legada permitirá a mis herederos seguir el sendero recto de los valores morales, y éstos a colaborar consigo mismo y sus comunidades a ser productivos, felices y de buenas costumbres.
Fue pues esta cámara obscura la primera luz que atravesó mis vendas y me impulsó a seguir adelante.
Francisco J. Chacón-Lozsán A.'.M..'.
