Mi novio es el piloto de mi vida y la dirige con mano firme para que no me desvíe nunca del buen camino. A veces la maneja como si de un rally se tratase, saliéndose en las curvas y dejándome patas arriba en la cuneta, esperando que le arregle yo el destrozo, a ser posible, rapidito y sin hacer mucho ruido. Le gusta mucho pisar a fondo el acelerador en cuanto me despisto y desaparecer cagando leches de mi lado, porque, como buen piloto y capitán de barco de nuestras vidas, tiene una novia en cada puerto, en cada aeropuerto y en cada curva de polvo y cemento, sobre la que planta la mano en el culo mientras me llama para decirme que la cosa se le ha complicado y que no llegará a cenar. Habla de la libertad con la boca grande aunque a mí me la dé con la mano pequeña, no vaya a ser que con toda esa libertad me dé por ponerme a pensar. O peor… a escribir en alguna red social llena de gente sucia, depravada y sin ningún tipo de escrúpulo que, seguro, se acercará a mí con malas intenciones que, claro, no sabré gestionar. No como él, que en estas cosas ya tiene muchas tablas.
Y, ay… es tan organizado mi chico… como buen piloto tenemos horarios para todo porque la rutina es lo que mantiene unida a una pareja, dice. Las duchas, las horas de tele, de sueño, las cañas de los domingos de 8 a 10 pm y hasta las ganas de follar. Qué ordenadita me tiene la vida… qué limpita, qué paz… qué…
Hasta los cojones estoy.
Hasta los cojones me tiene esa cara de inocencia, que es el más claro signo de culpabilidad, y sus idas y venidas en tren, barco, avión, coche o moto para meterse en otras camas mientras yo me despierto abrazando el hueco de su ausencia en el colchón.
Hasta los cojones estoy de los horarios hasta para cagar por su afán de controlar hasta el tránsito de mis intestinos (de 14:00 a 14:30, ingerir alimentos; de 14:30 a 16:30, digestión sintiendo cómo la materia hace sus cosicas por dentro y hacia las 17:00, más o menos, “Momento All Bran”).
Hasta los cojones de escribir a escondidas como si cometiera un pecado y de interactuar con el sucio mundo poniéndome guantes y máscara y prejuicios, no sea que se me pegue algo o, aún peor, alguien me conozca de verdad.
Hasta los cojones de mantenerme apartada y escondida como un sucio secreto tremendamente vergonzoso que no puede confesar.
Mira, cariño, tú estás demasiado borracho de ego como para conducirme a la felicidad, así que he decidido empezar yo a pilotar. Le he pinchado las cuatro ruedas al Impreza, te he hundido el barco a puñetazos en el casco, arrancado las alas del avión y bebido el queroseno hasta agarrarme un pedo. Ahora, como no naufragues o te estrelles, ni te acerques a este puerto.
Visita los perfiles de @JokersMayCry y @Moab__
