Revista Diario

Mi primer año como mamá de familia numerosa

Por Una Mamá (contra) Corriente @Mama_c_corrient

Estoy a puntito ya de cumplir mi primer año como mamá de familia numerosa.

¡Y sigo en shock todavía! Ya se que siempre decimos que los años pasan muy rápido, pero realmente ha sido todo un suspiro.

De mis tres hijos, este ha sido el año que ha pasado más deprisa, sin duda alguna. Con el Mayor lo saboreé muy intensamente, sentía que el mundo se había parado al mismo nivel al que se había revolucionado mi vida. Con el Mediano lo pasé muy mal entre la terrible falta de sueño, su altísima demanda, el duro golpe de los celos. Fueron unos años muy duros que pasaron relativamente despacio hasta que empezamos a ver la luz.

Pero con la Niña siento que ha sido visto y no visto. Todo. Desde que tuve aquel positivo de embarazo el tiempo ha empezado a correr al galope. Aún tengo que pellizcarme para creer que este sueño es de verdad, que a mi me está pasando esto: que es cierto que he tenido otro bebé y que nos hemos convertido en una familia numerosa. Que yo, que era feliz como madre de varones, he tenido una niña.

El primer año con tres hijos

Yo estaba preparada para lo peor.

Sobre todo porque venía de unos años realmente difíciles. El paso de uno a dos fue brutal para nosotros. Por nuestras circunstancias personales y laborales, por lo mal que lo encajó el Mayor y por la asfixiante alta demanda del segundo. Fueron unos años que dejaron una huella indeleble en nosotros. Imposibles de olvidar.

Por eso, cuando supe que seríamos uno más, me preparé para lo peor. No me hacía falta recordar lo mal que lo habíamos pasado porque era algo que aún no había olvidado. De hecho, el Mediano empezó a dormir del tirón con cinco años y la Niña nació el mismo día en el que él cumplía seis, es decir, que poco tiempo de dormir bien he tenido realmente.

Para mi esto ha sido clave: me sentía muy curtida, muy preparada emocional y físicamente.

Y creo que ha sido así. Aunque este primer año como mamá de tres ha sido abrumador, siento que he tenido pocos momentos de desesperanza absoluta, porque en todo momento he sabido que era normal y que todo lo malo iba a pasar.

A lo mejor si el paso de uno a dos no hubiera sido tan duro ahora estaría arrastrándome por las esquinas, pero después de aquello, difícilmente ahora esto podría ser más intenso. Me imagino que es como si estás acostumbrado a correr maratones y un día sales a dar un paseo con la familia: te resulta pan comido.

Yo sabía que iba a perder el control. Y he sabido soportarlo aunque soy la persona más controladora del mundo.

Sabía que iba a estar hecha polvo, porque era imposible que fuera de otra forma.

Sabía que yo iba a desparecer como persona, que mi mente volvería a nublarse, que no habría un segundo de descanso.

Sabía que volverían preocupaciones que creía ya aparcadas para siempre y que nuevos retos emocionales nos esperaban en una casa en la que sus hermanos tendrían que volver a encontrar su sitio.

Sabía que nuestra casa cada vez iba a ser más pequeña y asfixiante, y que mantener el orden iba a ser una proeza.

Sabía que me tocaba comer poco y mal, dormir menos y nada y renunciar a ducharme tranquila.

Sabía que el primer año como mamá de familia numerosa iba a ser duro. Y el segundo. Y probablemente el tercero.

Pero también sabía que el tiempo pasaría, que pasaría deprisa, y que pronto todo eso daría paso a tiempos mejores.

También sabía que esto era un auténtico regalo del destino. Ahora sí, mi último bebé. Una oportunidad que jamás pensé que volvería a tener de acunar, amamantar, portear, besar y acompañar en cada hito de su desarrollo. ¡Qué increíble volver a celebrar el milagro de la vida! ¡Qué suerte tener con nosotros otro fruto de nuestro amor!

Tener un bebé cuando los hermanos son mayores

La llegada de un bebé cuando los hermanos son relativamente mayores (6 y 8 y medio cuando nació) ha tenido más pros que contras.

Aunque los quebraderos de cabeza que tengo con ellos no son moco de pavo, su autonomía me ha permitido dedicarme más a la niña. E incluso confiar en ellos para que en momentos puntuales me ayuden con ella.

Por contra, sus horarios de colegio, extraescolares, cumpleaños y demás eventos sociales son una auténtica losa. Y los deberes. Terribles los deberes.

Pero, poniendo todo en una balanza, creo que su diferencia de edad ha facilitado las cosas.

Sí, me preocupa la clase de relación que tengan en un futuro con tanto años de distancia, pero hoy por hoy siento que todo tiene una razón de ser y que hubiera sido inviable pasar por esto durante los cinco primeros años de vida del Mediano.

También les digo a mis hijos que haber tenido una hermana ahora es un auténtico regalo que les ha dado la vida porque la mayoría de los niños no son capaces de recordar a sus hermanos de bebés porque ellos también eran muy pequeños. En cambio, ellos siempre van a recordar a su hermanita desde el momento en el que nació y tienen la oportunidad de descubrir cómo es criar a un niño desde el mismo nacimiento. En especial el Mayor, que es el más consciente de lo alucinante que es tener un bebé en casa, y también el que menos ha sufrido el cambio de posición en la familia.

El día a día con tres niños

Estoy desbordada.

De hecho, cualquiera que me vea quizá piense que lo estoy pasando fatal porque realmente creo que se me nota bajón. Físico y emocional. Tengo cara de agotamiento, no tengo ni la mitad de tiempo que tenía antes para arreglarme, tengo unas lagunas impresionantes y hay días que estoy tan cansada que me cuesta hasta saludar.

Pero he abrazado el caos con cierta entereza y… bueno, lo voy llevando.

Es cierto que la casa atraviesa por momentos en los que necesitaría, más que una ayuda puntual, un servicio de limpieza para empresas. Que empezaran por una punta y terminaran por otra, no solo limpiando sino poniendo orden, tirando cosas, reparando todo lo que se nos ha roto últimamente… Y haciendo sitio, que nos hace falta, ¡vaya cómo ocupan todas las cosas que utiliza un bebé!

Como ya tenía previsto, la intensidad ha ido in crescendo conforme la Niña ha ido sumando meses y ahora mismo estamos en ese punto álgido en el que no me deja hacer absolutamente nada y, además, va destrozando todo a su paso. ¿Pero no decían que las niñas eran más tranquilas? Ay, me temo que yo no sé hacer niños relajados, me salen todos inquietos 😉

Así que, sí, yo aquí necesitaría unas cuantas personas que me echaran una mano, a diario, la mayor parte del día. Una persona que se encargara de los recados, un chef, un servicio de tintorería, un MyPoppins y, por supuesto, una nanny que estuviera siempre conmigo para multiplicar todos los brazos que no tengo. Eso para empezar.

Mi primer año como mamá de familia numerosa

Con lo que me quedo, sin duda, es con todo el amor que he sentido en este año.

Qué bonito es eso de que tu corazón se amplíe con cada hijo que nace. Qué sensación tan intensa.

Se que nos queda mucho por vivir. Muchísimos retos. ¡Y mucho agotamiento con ellos! Pero también una aventura apasionante.

Quién me lo iba a decir a mi, que ya he pasado mi primer año como mamá de familia numerosa

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