Como sus zapatillas -únicas, brillantes, ande yo caliente y ríase la gente-, así también el pantalón, oscuro -alguien lo llamaría "fondo de armario", en vez de negro-, aventuro yo que comprado en la misma tienda, adornado él también por esos puntitos, unas lentejuelas refulgentes, brillos plateados que hieren la luz del descansillo.
