
El niño, encoraginado, se revolvió contra aquel padre al que en ese instante veía castrante y odioso:
- ¡Eres un papá malo! ¡Quiero tener otro papá!
El padre, dominó su ira y su tristeza. Se volvió a su cuarto. Introdujo en una maleta el pijama, las zapatillas, su bolsa de aseo y los libros del cole. Sin decir palabra abrió la puerta y la dejó en el descansillo.
- Está bien, vete: ¡Estás despedido!
El niño, aterrado, ensayó una sonrisa: ¡Era broma...!
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