Revista Música
hubiera querido inundarme de nostalgia. Pero las horas pasan muy furtivas y mis pensamientos son más rápidos. Que el movimiento de mis dedos sobre las teclas del teclado, de mi ordenador. Esta siguiente fabula es para los damnificados de Japón.
Lagrimas por Susan.
Bajo la silueta de todas las sombras que inundaban, las aceras de mi plazoleta. Siempre encontraría el borroso nombre, la esbelta silueta de Susan. Implacable, sonriente, y dulce como los panecillos. Que el viejo pastelero impregnaba de rica naranja, con ese toque suave a chocolate. El olor a su colonia, una de esas que salen en todas las televisiones. Y que un buen día ella, la puso como color a su aroma, a su esencia. Desde aquel mismo momento, pensé que era la fragancia de los dioses, y en muchos cuerpos, puso sabor a alguna que otra burra. Y ahora me acuerdo. Fue en un día claro de verano... o ¿tal vez fue una recién restaurada primavera? que aunque el olor sus labios, me calentasen el alma. Por algún invierno ya habríamos pasado. Tu entonces nunca me llegaste a mirar. El huracán con el que se asomaba de vez en cuando. Un buen día se asomo para llevarse todo lo que fue gloria y paz. Pero la naturaleza es más savia. Y el invierno volverá a terminar. Y su figura, volverá a mostrarse tan grande. Delante de mi, esplendida siempre quedará.
Con cariño, para Japón.
Lagrimas por Susan.
Bajo la silueta de todas las sombras que inundaban, las aceras de mi plazoleta. Siempre encontraría el borroso nombre, la esbelta silueta de Susan. Implacable, sonriente, y dulce como los panecillos. Que el viejo pastelero impregnaba de rica naranja, con ese toque suave a chocolate. El olor a su colonia, una de esas que salen en todas las televisiones. Y que un buen día ella, la puso como color a su aroma, a su esencia. Desde aquel mismo momento, pensé que era la fragancia de los dioses, y en muchos cuerpos, puso sabor a alguna que otra burra. Y ahora me acuerdo. Fue en un día claro de verano... o ¿tal vez fue una recién restaurada primavera? que aunque el olor sus labios, me calentasen el alma. Por algún invierno ya habríamos pasado. Tu entonces nunca me llegaste a mirar. El huracán con el que se asomaba de vez en cuando. Un buen día se asomo para llevarse todo lo que fue gloria y paz. Pero la naturaleza es más savia. Y el invierno volverá a terminar. Y su figura, volverá a mostrarse tan grande. Delante de mi, esplendida siempre quedará.
Con cariño, para Japón.
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