Revista Cultura y Ocio

Mil vuelos pasé de un vuelo

Por Maria Jose Pérez González @BlogTeresa

Mil vuelos pasé de un vuelo

Antonio J. MIALDEA BAENA
Profesor de Filosofía
@AntonioJMialdea

La Santidad, concepto que extiendo más allá de la consideración estrictamente religiosa de la misma y más allá de la pura aplicación a la especie humana (la menos merecedora de dicha distinción en incontables ocasiones), consiste fundamentalmente en un tipo de fenómeno cuya manifestación siempre es proyectiva. Me explico. Nadie puede considerarse santo a sí mismo. Sería una suerte de presunción ajena por completo al sentido más profundo de la misma Santidad. Dicha proyección significa re-conocerse en el otro y en el absolutamente Otro. Lo del Absolutamente Otro lo dejamos para otro día. Hoy solamente vamos con el otro en minúsculas. Comprendo la Santidad, por tanto, y ciñéndome únicamente a su aplicación en el ser humano, como la pervivencia positiva de alguien en otros, sin que ese alguien tenga la más mínima conciencia de que esa proyección está ocurriendo o esté por ocurrir. Por eso, y durante largo tiempo, estuvo tan de moda discutir sobre si Jesús de Nazaret tuvo o no conciencia de ser el Santo de los Santos. Quizás el dicho atribuido, ese ipsissima verba, antes de morir en que el nazareno cedía por completo su voluntad y su libertad a la voluntad y libertad del Absolutamente Otro podría dejarnos alguna pista clarificadora de esto que digo. Hace poco escribía en estas mismas páginas, a propósito del monje budista Tich Naht Hanh, lo que pudiera ser una buena forma de expresar la Santidad: yo soy, y en consecuencia tú eres; tú eres, y en consecuencia yo soy. No solo se trata de reconocer al otro sino de ser-en-el-otro. A los Santos y Santas se les reconoce más por su proyección espacio-temporal que por su propia vida. Por eso, podemos comprender que para florear sus vidas se hayan escrito sobre ellos más hagiografías que biografías. Nuestra ceguera en este sentido ha sido monumental y una piedra importante de tropiezo para entender en qué consiste la verdadera Santidad. Afortunadamente hoy ya se tiende a ser más realistas en este aspecto y, por tanto, a dejar de hacer florituras y a dejar de adornar de manera absurda y falsa la vida de algunos de estos seres humanos. Estoy pensando ahora en muchos de ellos y se me ocurre, por ejemplo, el caso más llamativo de los últimos tiempos en el mundo cristiano: Teresa de Calcuta. Su Santidad incontestable, desde mi punto de vista, corrió muchísimo riesgo cuando a su confesor le dio por hacer dinero publicando un libro en el que básicamente afirmaba que Madre Teresa había vivido buena parte de su vida sin tener Fe. Enseguida, los ciegos de corazón paralizaron el proceso de canonización escandalizados por tamaña afirmación. Pero qué ciegos de corazón que no saben reconocer a Teresa en todo lo que ha dejado. Teresa de Calcuta no era ella misma en ella sino ella-en-otros, en todos los otros.

Algo muy similar fue el caso del que escribió que de una extraña manera mil vuelos pasó de un vuelo (aprovecho la ocasión para invitaros a escuchar la versión cantada de Estrella Morente). Me refiero a san Juan De la Cruz, a quien conmemoramos en estos día prenavideños. Parecía que preconizaba con esos versos, con esos mil vuelos que pasó de un vuelo, precisamente la manera más perfecta de proyectar en la escritura la Santidad que se puede más tarde proyectar en el espacio y el tiempo, y bien tarde sabemos que aconteció la proyección de este santo hasta convertirse en fenómeno. Nada más y nada menos que casi 300 años, en el caso de la historia de la literatura española, desde su muerte en la madrugada del 13 al 14 de diciembre de 1591. Mil vuelos pasó de un vuelo para llegar hasta nosotros con la misma o más frescura que tuvo en su propia vida. Desaparecer para Ser. No hay otra forma posible de Santidad.

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