Revista Mundo animal

Minima Moralia: razón y ética

Por Luistovar

Minima Moralia: razón y ética

«En estos tiempos de naufragio y ruina, el único poder que puede fortalecernos es un pensamiento inteligente y claro”.                                                                                                     ~ Soledad Gallego-Díaz


En su obra «Minima Moralia», el filósofo Theodor Adorno escribió este aforismo, en el cual reflexionaba acerca de nuestro lenguaje como reflejo de nuestra mentalidad:

«La indignación por las atrocidades cometidas se hace menor cuanto menos parecidos son los afectados al lector normal [...].  
Esto dice tanto del crimen en sí como de los que lo presencian. En los antisemitas quizá el esquema social de la percepción esté configurado de tal modo que no les permite ver a los judíos como hombres. 
La tan oída afirmación de que los salvajes, los negros o los japoneses parecen animales, casi monos, contiene ya la clave del pogromo. Su posibilidad queda ya establecida desde el momento en que el ojo de un animal mortalmente herido da con el hombre.  
El empeño que éste pone en evitar esa mirada ("no es más que un animal") se repite fatalmente en las crueldades infligidas a los hombres, en las que los ejecutores tienen continuamente que persuadirse del "sólo es un animal" porque ni en el caso del animal podían ya creérselo.»


En efecto, calificar a otro ser humano como “animal” (a pesar de que todos los humanos somos de hecho biológicamente animales) significa automáticamente desecharlo a la categoría de víctima permitida, de víctima aceptada. Es una autojustificación para el crimen por parte del propio agresor. 
A quienes denominamos como “animales” (los no-humanos) son nuestras víctimas aceptadas: en las granjas, en los mataderos, en los laboratorios y demás centros de explotación y exterminio. La excusa de que “sólo son animales” retumba constantemente para intentar eludir el cuestionamiento moral de lo que estamos haciendo. Esto es la consecuencia del especismo.
Cada día esclavizamos y matamos a millones de ellos para nuestro propio beneficio, sin hacernos conscientes del sufrimiento que les causamos, ignorando que son individuos que sienten y que desean vivir. Estamos todos inmersos en un automatismo perverso que nos conduce a participar cada día en la esclavitud y el asesinato de millones de animales inoncentes sin que apenas nos demos cuenta de ello. 
Esto es a lo que se refería Hanna Arendt cuando hablaba de la «banalidad del mal». Esto es: cuando el mal ya no es juzgado como tal, ya no se advierte, y se integra en nuestros hábitos de vida alegando la excusa de que es algo "normal" o supuestamente"necesario" o "inevitable".
Decimos que alguien es racional cuando actúa según las maneras o herramientas más apropiadas para conseguir sus propósitos. Esta idea ha sido difundida por pensadores como David Hume, para quien la razón era una facultad puramente instrumental y de la cual no se podían derivar valores ni juicios morales. Es decir, aunque explotemos a otras personas, aunque cometamos cualquier crimen, se supone que seguiríamos siendo perfectamente racionales, según aquella perspectiva instrumentalista.
Sin embargo, entiendo que en la obra de Adorno lo que se intenta denunciar precisamente es que la razón ha sido subyugada a su aspecto instrumental y se ha ignorado su aspecto normativo. En resumen, se ha ignorado que la razón es el fundamento de la ética. Es por ello que las acusaciones contra el racionalismo y el movimiento ilustrado de haber provocado o favorecido los totalitarismos del siglo XX están totalmente desenfocadas. La verdad es justo al contrario. 
Históricamente, en lugar de adoptar la razón como criterio último de conducta, nuestra cultura siguió fomentando que los prejuicios, el tribalismo (nacionalismo), la tradición y el autoritarismo fueran los que marcaran las normas a seguir. Eso fue lo que dio lugar a las guerras y genocidios del siglo XX. Los irracionalismos que triunfaban en la primera mitad del siglo XX habían sido precedidos a su vez por el movimiento reaccionario contra la Ilustración, y el legado político de la Revolución Francesa, en siglo XIX.
Las injusticias no fueron el resultado de habernos olvidado de las emociones y los sentimientos o las pasiones. La realidad resulta ser a la inversa: por haber dejado que nos dominaran nuestros sentimientos es por lo que perdimos (si es que alguna vez la tuvimos) el sentido moral en nuestra conducta. Todas las ideologías totalitarias apelaban a las emociones como fundamento y rechazaban la razón como criterio objetivo de conducta.
Por tanto, se trata de un error creer que los sentimientos, la compasión (o incluso que la empatía por sí sola) puede sustituir o cumplir la función general de la ética basada en la razón. Así como también es un error pensar que la inteligencia más desarrollada conduce inevitablemente a tener una conducta moral, dado que la inteligencia puede ser usada instrumentalmente para fines inmorales.
Sin embargo, no es menos equivocado creer que una ética racional implicarmarginar, ignorar o despreciar el aspecto emocional de nuestra personalidad. No es así. La razón simplemente pone a los sentimientos en su lugar apropiado, nos ayuda a distinguir entre llos y nos proporciona un cauce adecuado para canalizar la energía emocional de forma constructiva y útil.
¿Por qué el sentimiento de una persona va a ser más importante que el de otra? ¿Qué sucede si se contradicen y oponen entre ellos? ¿Cómo sabemos cuál sentimiento sería correcto y cuál no? Sólo podemos determinarlo: 
1) apelando a un otro sentimiento [lo cual nos devuelve al punto de partida en un bucle infinito sin respuesta]; 
ó 
2) apelando a la razón
Se da la paradoja de si usamos la razón para esclarecer esta cuestión entonces !ya partimos de haber aceptado previamente la razón como criterio para esclarecer la autoridad de la propia razón! Si nos basamos sólo en el sentimiento es evidente que echamos a un lado la razón y sólo la usamos de forma instrumental (para conseguir nuestros objetivos).
Por tanto, para actuar moralmente necesitamos tanto del sentimiento como de la inteligencia. Y es la inteligencia basada en la razón objetiva (en la lógica), y no en la razón instrumental, la que fundamenta la ética.
Hay otra idea final que deduzco directamente del texto de Adorno que citaba al principio. Dice así: si somos honestos respecto de nosotros mismos entonces reconoceremos que el mal, incluso el peor de los males, está a nuestro alcance.
Si nos convencemos de que nosotros nunca haríamos esas cosas terribles que condenamos en la conducta otras personas, eso no evitará que las hagamos. Sólo provocará que si algún día incurrimos en ellas nos neguemos a reconocerlas como lo que son, apelando a que nosotros no somos capaces en absoluto de tales cosas, a pesar de que la evidencia y la razón indican claramente que las estemos llevando a cabo.
Nos autoconvencemos de que no somos capaces de causar sufrimiento innecesario a animales inocentes; de que nosotros no asesinamos ni torturamos ni oprimimos a los que son más débiles e indefensos que nosotros. No, nosotros no hacemos eso. Pero la verdad es que eso es exactamente lo que estamos haciendo ahora.
Y para excusarnos diremos entonces: "sólo son animales"...
Minima Moralia: razón y ética


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