Estás preparando la cena y desde el salón llega un grito: «¡Mamá, me lo ha quitado!». Cuando llegas, cada uno tiene su versión y los dos te miran esperando que les des la razón. Intentas averiguar quién empezó, decides lo más justo que puedes y, aun así, los dos se quedan con la sensación de que no has sido justa. Al día siguiente, a la misma hora, la escena vuelve.
Hace años escribí aquí que, cuando mis hijos se pelean, a los padres no nos toca hacer de policía ni de juez. Lo sigo pensando. Hoy quiero revisar aquel artículo con la mirada con la que acompaño ahora a las familias: revisar, recolocarnos y reparar.
Por qué acabamos haciendo de árbitro cuando los hijos se pelean
Cuando los hermanos se pelean, los dos esperan que los defiendas. Si has visto un empujón, ¿sabes qué pasó justo antes? ¿Hubo una provocación que no oíste? Es muy difícil ser justa cuando son tus dos hijos y llegas a mitad de la historia, y cualquier decisión te coloca del lado de uno.
Con el tiempo, cuando la escena se repite, el árbitro acaba formando parte de ella. Los niños ya cuentan con que llegarás y decidirás tú, y a veces la pelea sube de tono justo para que llegues. Muchas de estas peleas tienen detrás celos o rivalidad, y el adulto que reparte razones pasa a ser, sin quererlo, el premio que se disputan.
Lo que dice la investigación sobre las peleas entre hermanos
La psicóloga Hildy Ross, de la Universidad de Waterloo (Canadá), lleva años estudiando las peleas entre hermanos y lo que hacen los padres con ellas. En un estudio con Afshan Siddiqui enseñaron a un grupo de madres a mediar en las peleas de sus hijos de 5 a 8 años en lugar de resolverlas ellas. Comparados con los de las familias que no recibieron esa formación, esos niños razonaban más, hablaban más de lo que sentían y entendían mejor qué quería el otro. Los hermanos pequeños, sobre todo, se sentían más capaces de resolver el conflicto, y madres e hijos preferían esa manera de hacer. Los propios autores advierten que falta saber qué efecto tiene a largo plazo. Tienes el resumen del estudio en PubMed.
Mediar consiste en ayudar a que cada uno cuente qué quería y cómo se sintió, y dejar que sean ellos quienes busquen la salida. El adulto deja de decidir quién tiene razón y se ocupa de sostener la conversación.
Revisar: qué te pasa a ti cuando oyes el grito
Antes de entrar en el salón, vale la pena hacerse una pregunta: ¿qué se me activa cuando oigo la pelea? Puede ser cansancio, la sensación de que en casa nunca hay un rato de paz, miedo a que se hagan daño o el recuerdo de cómo eran las peleas con tus propios hermanos.
Y otra, más incómoda: ¿qué papel tengo yo en esta escena? Quizá llegas siempre a investigar, o tiendes a proteger al pequeño, o te pones del lado del que llora. Son reacciones muy comprensibles, y verlas es lo que te permite elegir otra la próxima vez. Es el mismo movimiento que conté con la mochila en el pasillo: mirar la escena entera, contigo dentro.
Recolocarnos: de árbitro a mediadora
Recolocarte puede empezar por algo tan pequeño como cambiar la primera frase. En lugar de «¿Quién ha empezado?», algo como: «Os oigo muy enfadados. Primero tú y luego tú: ¿qué ha pasado?». Mientras hablan, vas poniendo en palabras lo que quería cada uno: «Tú querías seguir con la torre y tú querías el coche que estaba dentro». Y después les devuelves la pregunta: «¿Qué se os ocurre?».
Con niños de infantil la conversación es corta y tú pones casi todas las palabras. En primaria ya pueden proponer soluciones y probarlas, y a veces te sorprenderá lo que se les ocurre cuando nadie decide por ellos.
Si hay golpes o insultos, se para. Primero se separa y se calma a cada uno; la conversación llega después.
Mediar tampoco significa dejar que se las arreglen solos con cualquier cosa. Lo que cambia es el lugar desde el que intervienes: cuidas que nadie se haga daño y que los dos puedan hablar, sin cargar tú con la sentencia. Lo desarrollé con otra escena en Cuando tu hijo necesita tener razón.
Si quieres profundizar en esta manera de intervenir, te recomiendo Hermanos, no rivales, de Adele Faber y Elaine Mazlish. Estoy certificada en su método, y en este libro encontrarás muchas escenas de casa y muchas frases para acompañar las peleas sin tener que decidir quién tiene razón. (Enlace de afiliado: si lo compras a través de él, el precio no cambia para ti y me ayudas a sostener este proyecto.)
Reparar después de la pelea entre hermanos
Muchas veces la conversación que sirve llega más tarde, cuando ya se han calmado. Otro estudio del equipo de Ross, con 64 parejas de hermanos de 4 a 12 años, vio que en pleno conflicto les cuesta mucho negociar y llegar a acuerdos. Volver sobre la pelea en un momento tranquilo les da la ocasión de tener en cuenta lo que quería el otro, algo que en caliente casi nadie consigue, tampoco los adultos.
Reparar también vale para ti. Si en mitad de la pelea te pusiste del lado de uno sin escuchar, o levantaste la voz, puedes volver más tarde: «Antes te he echado la culpa sin saber qué había pasado. Lo siento». Les enseña que después de un conflicto se puede volver a hablar, y lo aprenden viéndotelo hacer. Lo cuento con más calma en Cuando ya ha pasado: cómo reparar después de un día malo con tu hijo.
Lo que sigue valiendo de aquel artículo
De lo que escribí en 2013 hay cosas que mantengo. Las normas claras en casa y las pautas concretas siguen siendo útiles, y la psicología cognitivo-conductual tiene mucho que aportar aquí. Lo que añado ahora es la mirada a lo que pasa entre todos cuando la pelea se repite.
También sigo pensando que conviene no comparar a los hermanos, que ayuda mucho buscar ratos a solas con cada uno y que el castigo físico nunca es una respuesta. Si te preguntas si hay que tratarlos igual, lo hablé en ¿Debemos tratar por igual a nuestros hijos?. Y si las peleas se vuelven muy frecuentes o muy intensas, pedir ayuda profesional es una buena decisión.
Una pregunta para esta semana
Piensa en la última pelea entre tus hijos. ¿Qué hiciste nada más llegar? ¿Y qué pasaría si la próxima vez tu primera frase fuera una pregunta para los dos?
Si quieres empezar por la primera R, tienes justo debajo el cuaderno «Cuando reaccionas como no querías»: cinco preguntas para entender qué se activa en ti antes de que la situación se desborde.
Para seguir leyendo
- Cuando la misma escena se repite: revisar, recolocarnos y reparar
- Celos, envidia y rivalidad: ¿son lo mismo?
- 10 errores que fomentan los celos entre hermanos
- Bajo la sombra del hermano mayor
- Cuando ya ha pasado: cómo reparar después de un día malo con tu hijo
- Curso gratuito: Mejorar la comunicación con nuestros hijos
¿Cuál es la pelea que más se repite entre tus hijos? Si quieres, cuéntamelo en los comentarios.
Imagen cortesía pvproductions en Magnific
