Revista Opinión

“Mis sueños rojos"

Publicado el 21 marzo 2026 por Santiagomiro
“Mis sueños rojos

El pasado martes hice, en la Escuela Municipal de Música de Algete, la presentación de “Mis sueños rojos”. En la misma me permití hacer cuatro sugerencias:

Primera. Mi avanzada edad y ciertas enfermedades degenerativas que me acechan (como la afasia y el parkinson), me obligan ante todo a pedir disculpas por la falta de fluidez de mi palabra. Algo que no oculto porque forma parte de mi identidad. Dije que me cuesta horrores expresarme de viva voz y que me encuentro demasiadas veces frenado en el momento de explicarme. Por esto me comunico, de forma habitual, por la escritura. Tengo pánico y aversión por los discursos pronunciados y prefiero la palabra escrita y los libros publicados. Así como la música que emana de mi trompeta en la Banda de Algete en la que toco.

Segunda sugerencia. “Mis sueños rojos” es una obra a caballo entre la autobiografía y la ficción, un viaje al mundo a través de los sueños. Se trata un diario nocturno de un periodista jubilado que, cada mañana, durante un año, tomó notas sobre lo soñado y reflexionó sobre ello. En la recopilación de los mismos me doy cuenta de que describir las fantasías y miedos de la noche no es lo mismo que enfrentarme al mundo que me asalta cuando estoy desvelado. De ahí que una parte importante de mi vida y de este nuevo libro discurra entre la realidad y la ficción.

Tercera. En este ensayo invierto las experiencias personales tenidas a lo largo de los doce meses de un año, cuando, entregado a la noche, se producen y surgen los sueños. Intento describirlos con cierta precisión. Son sueños quiméricos, teñidos la mayoría de ellos de un rojo intenso. Unos, contradictorios; otros, provocadores y liberadores; no pocos de ellos, soeces, desvergonzados o aterradores... En todo caso, nada que ver con los sueños bélicos que, desde hace tres semanas, se producen en Irán por parte de Donald Trump y de Benjamín Netanyahu...

Y cuarta y última sugerencia. Intento descifrar lo que recuerdo de mis sueños, ligando el paso de mi vida nocturna a la diurna. Es el momento en que oigo las ráfagas musicales de mi despertador. Recién salido de algún sueño exultante o de una pesadilla, relato lo que me cuesta adaptarme a un ambiente cotidiano, monótono o incluso aburrido.

Espero que su lectura sea interesante, amena, entretenida e incluso divertida para cualquiera de los lectores interesados. A quienes invito a participar en estas páginas.

“Mis sueños rojos Presentación del libro, en la Escuela de Música de Algete. (Foto de Zoe Muñoz)

A lo largo de un año –recordé– he soñado en toda clase de personalidades, que, en parte, presento en este libro. Cito alguna de ellas, relacionadas con mi infancia y mi adolescencia en Ibiza y en mi juventud en Mallorca. Me enrolé, por ejemplo, en el buque-escuela Juan Sebastián Elcano. Pero, a los dos meses, sufrí una decepción y lo abandoné. Viajé por todo el mundo, de Europa a Cuba. Pasé por Moscú. Me perdí por el metro moscovita y en el parisino. Aprendí tocar la trompeta y formé parte de la Sinfónica del Ensueño. Me desplacé por el mundo, haciendo periodismo. Narré una entrevista con Antonio Asensio, propietario del Grupo Zeta. Me perdí en la montaña catalana de Monserrat, en los sótanos de la Sagrada Familia y me sumergí con los tiburones en el Oceanogràfic de Valencia. Descubrí a José Cela escondido bajo el suelo y me enfrenté con la muerte. Me contrataron como secretario del Real Madrid y me rebelé con la dirección. Cohabité con gatos y con perros, con golondrinas y con grillos, con lagartos y con tigres, con osos y con lobos... Mi mente fue, pues, una viajera empedernida pese a mi cuerpo, cada vez menos ágil y más propenso al cansancio.

“Mis sueños rojos

Durante toda mi vida he tenido despertadores de todo tipo que me sorprendieron con los primeros sonidos del día. Son ellos los que me arrancan de las garras de la noche y del mundo de las pesadillas, anunciándome el inicio de una nueva jornada. Ninguno me resultó tan original como el que conseguí, tras haber rellenado durante meses el depósito del coche con gasolina sin plomo. Era un reloj blanco como la leche y de forma cúbica que me despertaba cada mañana. Pero, a la larga, se convirtió en una llamada tediosa y repetitiva, disonante y cacofónica, que sonaba a berridos de burro aburrido y tedioso. O, lo que es peor, al mugido que emiten las vacas, intentando imitar a un solista perdido en la inmensidad de un desierto.

Mi despertador sigue presente cada mañana a las siete en punto. Momento en que el poder que la noche ejerce sobre mí comienza a disiparse, impidiendo que siga durmiendo o soñando. A veces, lo reconozco, me cuesta separar la realidad de la ficción. Pero intento despertar y liberame de toda pesadilla. Aunque, en alguna ocasión, lo confieso, prefería no cortar los sueños halagüeños que pudiera tener. Y, en otras, me caía fatal la variedad de soniquetes repetitivos. Total, que, pese a su riqueza de matices, no me liberaba de mis frecuentes pesadillas ni de mis despertares truculentos. Pero ¿cuáles son éstas y éstos? Si quieres descubrirlos, te invito a leer esta obra, a caballo entre la autobiografía y la ficción.


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