![Modelo para un Asesinato - Clark Carrados [Libros] Modelo para un Asesinato - Clark Carrados [Libros]](http://m1.paperblog.com/i/374/3747138/modelo-un-asesinato-clark-carrados-libros-L-j73J4J.jpeg)
FRAGMENTO DEL LIBRO—El jefe dice que vayas inmediatamente.Jesse Falk no contestó. Estaba sentado plácidamente a la orilla del río, al que arrojaba de cuando en cuando piedrecitas, por el solo placer de ver cómo se formaban círculos concéntricos que se ensanchaban gradualmente, para desaparecer después. El tiempo era excelente, aunque no todavía lo suficientemente caluroso como para sentir la tentación de un baño.—Dile que se vaya al cuerno —contestó, pasados unos momentos.El mensajero se marchó. Al día siguiente, otro, de mayor rango, fue a su casa, con un recado análogo. Falk dijo lo mismo.Veinticuatro horas más tarde, fue el propio jefe quien busco, halló y formuló la misma petición. El engreído, pomposo enormemente rico Neil van Ritten no suplicó, ordenó a Falk que volviese a su trabajo. Falk se negó asimismo.—Pero, ¡por todos los diablos! —-bramó Van Ritten—. ¿Por qué no quiere volver a su trabajo? ¿Es que no se da .cuenta de que yo, el presidente, director y propietario de la empresa, estoy aquí, en persona, suplicando a un insignificante empleado, que no tiene más valor que un rollo de pare! higiénico, monetariamente hablando?Falk estaba sentado en un banco del parque, arrojando migas de pan a los gansos que nadaban en el estanque vecino, y miró a su jefe con un solo ojo.—Señor Van Ritten, yo le solucioné a satisfacción, supongo, el caso Marcus-Glidden, ¿no es cierto?—Sí, y eso le iba a valer un ascenso y un aumento de sueldo. Pero si sigue en su postura...—Es decir, usted quiere que vuelva al trabajo...—¿Aún no se ha dado cuenta? —bramó Van Ritten, con el rostro congestionado, a punto de estallar.—Sí, me parece haber oído rumores... —contestó Falk, sarcásticamente—. Pero, dígame, usted me encargó el caso Marcus-Glidden porque no tenía otro a mano.—Lo cual, en el fondo, no deja de ser una prueba de confianza.—Pero, si hubiese podido, se lo habría encargado al imbécil de Peter DeFore.—El señor DeFore no es un imbécil, sino un hombre muy capaz y de gran inteligencia...—¿Cuánto le calculó usted para que solucionara el caso?—Oh, tres semanas... Dos, en el mejor de los casos.—Gracias. Yo lo resolví en tres días y usted se quedó no sólo asombrado, sino muy contento de que lo hubiese terminado con tanta rapidez.—Así es, debo reconocerlo —contestó Van Ritten, que no sabía adónde quería ir a parar aquel joven.—Bueno, dos semanas son catorce días. Flan transcurrido cuatro desde que empecé el caso Marcus-Glidden, así que me quedan todavía diez. Y soy moderado, porque debería tomarme los siete que faltan para completar las tres semanas que usted calculó en un principio.Van Ritten se quedó con la boca abierta.—De modo que ésa es su forma de pensar —exclamó.—Sí, señor.—¿Sabe que si no vuelve mañana, a las nueve en punto, puede considerarse despedido?—Resignación. La vida no es un camino de rosas precisamente. Pero yo procuro que lo sea, a ratos... y, por lo menos, durante este día y los diez que me faltan todavía para que se cumpla el plazo.El color rojo de la cara de Van Ritten se acentuó más todavía. Falk meneó la cabeza.—Si no cuida su presión —dijo—, un día va a estallar como una bomba. Y como esté dentro de una casa, tendrán que pintar luego la habitación...Continua...
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