Revista Diario

Mujeres

Por Isabel Martínez Barquero @IsabelMBarquero
MUJERESPaseo a orillas del mar, de Joaquín Sorolla.
Hoy es uno de esos días, donde las mujeres –la mitad de la humanidad– resultan homenajeadas las más de las veces por sí mismas. Se dedica el día a la mujer trabajadora, aunque la costumbre ha sido sabia y ha extendido el festejo a todas las mujeres en general, porque si algo es patente es que una mujer nunca para, lo haga o no de puertas para afuera. No conozco a ninguna que goce de un día de asueto íntegro, pues siempre existen quehaceres que atender, tareas cotidianas insoslayables, de esas que no lucen, pero precisas para que la vida de una casa se desenvuelva de manera cómoda para todos sus habitantes. Las mujeres saben mucho de faenas rutinarias y deslucidas. Como Sísifos resignados a elevar la pesada piedra con esfuerzo, para que caiga nada más subida a la alta cumbre, repiten jornada tras jornada las labores ineludibles que se le han asignado para la subsistencia de todos: mujeres y hombres, pequeños, mayores y de mediana edad.En general, no me gustan los días con apellidos, esos que se dedican a cualquier causa solidaria, a potenciar intereses comerciales o los consagrados a un género (¿por qué no existe un día del hombre?). Parece como si sólo durante esas jornadas debiéramos reflexionar sobre la investigación sobre el cáncer, dedicarnos a la celebración jubilosa del amor o reconocer la inmensa labor que ha jugado la mujer a lo largo de la historia, por poner sólo tres ejemplos de los muchos que existen. Con respecto al día de hoy, entiendo que celebrarlo nos recuerda los avances conseguidos y nos afianza en la lucha para adquirir una igualdad que aún no existe.No obstante mi falta de simpatía hacia este tipo de jornadas, he quedado a comer con una amiga, con una amiga que es casi una hermana, pues andamos juntas enredando por la vida desde nuestros respectivos ocho años. No hay gesto de ella que pueda engañarme ni mirada mía que no sepa interpretar. Nos conocemos hasta en el dobladillo de los sentimientos y no hacen falta demasiadas palabras para que lo dicho sea entendido sin deformaciones prejuiciosas. A su lado, es imposible fingir alegrías inexistentes o tristezas sin solera. Hemos quedado porque hoy es el día que es, ambas somos mujeres y tenemos mucho que celebrar, aunque sería largo hacer una enumeración de los motivos que nos han llevado a escarparnos de nuestras respectivas circunstancias vitales y refugiarnos en el cobijo sin tiempo de nuestra amistad, allí donde miramos a la otra y ésta nos ve con el poso de toda una vida y con el aval impagable del cariño verdadero, no falso, ilusorio ni surgido de confluencias, caprichos ni intereses del instante.Vamos a celebrar el día de la mujer y, posiblemente, brindemos para que las mujeres del futuro no tengan que festejarlo porque hayan adquirido la igualdad efectiva con el hombre.

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