Revista Cultura y Ocio

Música en ítaca (3)

Por Ada

THELONIOUS MONK


“A la edad de siete años llega a Nueva York, en cuyas casillas radiales le toca la suerte de tener como vecino al único maestro que reconoce: James Price Johnson, pianista de formación clásica y rey del stride (estilo derivado del ragtime). Aún inexperto, Monk gana un concurso y emprende la primera gira antes de adentrarse en los locales neoyorquinos donde se celebran las sesiones de improvisación musical. El Minton´s Playhouse es la base de operaciones nocturnas. Desde el principio, Thelonious Monk contribuye con su ración inesperada de disonancias y virtuosismos, a los que a menudo añade el ingrediente de un fallo deliberado. El error, un condimento para sazonar la belleza de su música.
En los años cuarenta, trabaja en las bandas de los trompetistas Cootie Williams y Dizzy Gillespie. En 1947 graba ya discos en solitario y, en 1951, cuando todo está bien encarrilado, una de tantas historias de consumo ilegal de drogas lo lleva a la prisión, en compañía del pianista Bud Powell. Y surge la persona que va a protegerlo hasta el final, la baronesa Nica de Koenigswarter, con la que forma una pareja que parece una combinación de personalidades tan contradictorias como los ingredientes de su música. La aristócrata y el artista algo embarrado van a complementarse con fidelidad. Pasado el tiempo, ¿qué jazzman disputa a Thelonious Monk las señales de lo aristocrático?”

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Fragmento del libro La nota rota; Hiperión, 2009)


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