Revista Cultura y Ocio

Música en ítaca (6)

Publicado el 05 marzo 2010 por Ada



ROBERT WYATT
“Wyatt participa como baterista y cantante en los cuatro primeros álbumes de Soft Machine, colabora con Pablo Picasso y, en 1970, edita un disco en solitario (The end of an ear). Debe abandonar el grupo tras tensas disputas con Ratledge y Hooper, que imponen un frío jazz-rock instrumental, y durante mucho tiempo rumia las humillaciones padecidas. Su revancha consiste en inventarse Matching Mole. La burla del nombre («molle» significa blanda en francés) esconde una música atrevida. Electric piano solo, del teclista Dave McRae, o Instant pussy, de Robert Wyatt, transmiten una audacia que para sí quisieran ciertos santones de la batuta.
Y en junio de 1973, el drama. Borracho, Robert Wyatt se arroja a una fiesta desde la ventana de un cuarto piso. Se rompe la columna vertebral, pasa ocho meses de convalecencia en el hospital y queda definitivamente condenado a una silla de ruedas. La experiencia dolorosa y el matrimonio con la pintora Alfreda Benge influyen en su manera de componer. Lo comprobamos en 1974, cuando sale su Rock bottom, álbum de melodías bellas producido por Nick Mason, de Pink Floyd, con la ayuda de Mike Oldfield, Hugh Hooper o el clarinetista galáctico Gary Windo. Wyatt ha dejado de ser vanguardista, pero casi ninguna de sus canciones cae en lo previsible. Siempre hay una nota inesperada. A partir de esas fechas, se aleja de Londres, ingresa en el Partido Comunista inglés y da un puntapié a las modas. Es un buscador solitario: «Creo que he desarrollado una suerte de anatomía mutante, un poco como esas especies de las islas Galápagos que no han seguido la misma evolución que las otras, porque estaban separadas del resto del mundo […] Jamás he tenido miedo de crecer ni de envejecer. Lo que por el contrario me aterra es hundirme como músico en una rutina cotidiana. A mi juicio, existe ahí una forma de sacrilegio. Escribir una canción es como pintar la bóveda de una capilla: en los dos casos intentamos la mayor magia posible. Me gusta Van Gogh, por ejemplo, porque es capaz de ver la belleza imperiosa de una vieja silla o de un tazón de patatas, de pintarlos como si él viniera de otro planeta y viese esos objetos por primera vez», confiesa al periodista Richard Robert”.
FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Fragmento del libro La nota rota; Hiperión, 2009)


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