Revista América Latina

Un noctámbulo más

Publicado el 21 julio 2014 por Jado92mx

3:37 am:

Salí del cuarto común de dormir porque, a pesar de que el calor de Monterrey desnaturaliza tu estructura proteínica bajo la sombra, y tenía un bellísimo y moderno minisplit paliando tal martirio, mi problema era mayor y menos controlable… No puedo dormir. Me encierro en mi cuarto, con el colchón en el suelo y las dos ventanas, usualmente tan airosas, me regalaron esta noche un par de bocinas intermitentes de silencio. Un silencio si bien absoluto, pero muy bello, como un negro aterciopelado, liso, perfecto y que inspira algo de paz; paz que es mínimamente ondeada como tela por los ruidos de los peregrinos de la carretera.

Amo ambas ventanas: una es el marco de mi mundo conocido, es donde termina el día; la ruidosa que me enmarca mis Mitras. La otra me regala el amanecer, y cuando es de noche, me dá una quebrada surrealista hacia un mar y una costa de luces, allá en la raya del horizonte. Justo ahora, en mis paseos entre cuartos y el acostarse y no acostarse; con la cabeza en esa segunda ventana, empieza esto…

3:58 am:

Sigo con mi yeso, que empezó como una segunda piel y ahora es un departamento para un chamorro enflaquecido. No lo soporto más; empiezo a arañarlo. La sangre me exaspera y tomo una pluma, añorando romper en trozos esa carcasa. Agujera sólamente, la olvido y me concentro en mi objetivo: ya si mi pierna no quiere ser el medio, a la porra con él: igual, nunca se va de mí este palo tieso. Bajo las escaleras con las nalgas. Bebo agua, respiro. Aún creo que un delgado y desorbitado tipo cojo, sudoroso y sin playera llamará la atención, pero esta tierra es salvaje, y yo casi tanto como pudiera serlo: no creo ser tan llamativo.

Ya voy saliendo por el portón, haciendo de claves con las muletas y los guijarros… Es delicioso, soy como un esclavo maltrecho y sin propósitos corriendo, no a la libertad, no a algún par de brazos; corro a lo que sé que sólo me dará un alivio, y que sólo me muestra las cosas. Sabe que el camino ahí está y yo lo tomaré en la dirección que quiera; sabe que estoy bien, que sí, que siempre estoy bien y que sólo quiero sacarlo. Sabe que es perfecto para mí acercármele.

4:07 am:

Como lo incontenible que viene, como el éxtasis, después del placer que fueron los primeros metros, me percato de a dónde me estoy acercando… Es sólo una banqueta y una calle lateral lo que me separa del corazón del silencio, del eje de lo que ahora es mi mundo interno; el altar de mi interior se hallaba ante mí; en un arrastrar más estaré en él. Tirándolo todo y tirándome ahí, es todo.

4:12 am: Llegué a en medio de la carretera. Estoy tirado en medio de la carretera, y ofrezco mi sudor, mis llagas en las costillas, las últimas colillas de la orilla de mi habitación; quisiera decorar este silencio con gritos que nadie oirá ni importarán sólo para hacer más vivo y dramático este momento, pero hacerlo es peor que la peor de las violaciones. Ya es demasiado significativo en sí.

Estoy en el asfalto y ni los gritos de mamá, ni las exigencias de papá me harán levantarme. Estoy por donde a diario los autos vuelan, y ni las grietas del suelo, dibujándose en un sólo trazo con mis coyunturas; ni esa fusión epifánica me parará de aquí. De aquí sólo me moverán cuatro cosas: que por fin empiece a llorar, a llorar como aquella vez que nadie escuchó el ahogo que me producía mis palabras, más dolorosas aún que ahogarse… “Sal de mí, por favor ya dal de mí”. Lo segudo sería que la sensación de paz y esas fisuras en la materia me tocaran el espíritu tan sólo una vez y que durara para siempre esa unión; y la tierra y el polvo serían lo único que querré conocer de ahí en delante, para vivir en algún lugar de las faldas del cerro… Lo tercero, y no menos importante e incontroloble, sería que pasara un trailes sonando su claxon: eso sería más que claro para mi mente que el agua para el sediento. Y lo cuarto, y menos especial, pero más probable, sería que entrara alguien y me moviera la mano de la sien.

No, nunca pensé en suicidarme. Sólo quiero estar en el corazón del silencio y saber si así, sin estetoscopios, sin victorias, sin personas, sin palabras, sin realidades…


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